Haga la prueba, cuente hasta seis... Cuente muchas veces hasta seis... Cuente millones de veces hasta seis...

En este suburbio del Universo, llamado planeta Tierra, cada vez que usted cuenta hasta seis, se desmorona un pibe mal herido por el hambre, por la marginación, por la pobreza...

Habrá que pensarlo así, haciendo el sombrío ejercicio de contar hasta seis para distinguir la dimensión del genocidio.

Mencione un nombre cada seis segundos... Piense en una historia truncada, en una mirada, en una risa, en un sueño... Piense en todo lo que se apaga cada seis segundos...

Existen más de mil millones de personas hambrientas en el mundo, la mayoría de ellas mujeres y niños.

Mientras tanto, los autores intelectuales de tanta agonía se reúnen para destinar un billón de dólares a los organismos financieros internacionales para poder hacer frente a la crisis...

¿Qué crisis? ¿La de los mil millones de hambrientos? No, nada de eso está en la agenda de los amos del planeta. Los dineros públicos se empeñan para rescatar de la bancarrota universal a los mismos sectores que la ocasionaron.

Según un informe presentado por la Oxfam Internacional “el dinero comprometido por los países ricos para salvar a sus bancos de la crisis alcanza la suma de 8,4 billones de dólares”. Los cálculos difundidos por la organización aseguran que “esa suma sería suficiente para acabar con la pobreza extrema durante 50 años y significaría un paso gigante para terminar con ella definitivamente”.

Esa es la religión del mercado. El hambre del mundo no encuentra lugar en la billetera de los amos del planeta.

Por eso, por la desmesura de la injusticia. Por el destino trágico de tanto grito que nadie escucha. Porque parecemos una manada de zombis anestesiados.

Probemos contar hasta seis... Contemos muchas veces hasta seis... Contemos millones de veces hasta seis...

Es necesario saberlo. Cada vez que contamos hasta seis, el desprecio, le arranca un gajo al futuro.

Nota publicada en http://www.pelotadetrapo.org.ar/