Vea mijito, esta Asamblea Nacional de la revolución ciudadana, mejor dicho de las listas 35 de Alianza País, es lo mismo pero con papas.

- A ver, a ver, cómo mismo es la cosa -le pregunté a mi tía Herlinda, mientras almorzábamos un locrito de papa chaucha.

- Sí pues, para que sepas, yo les he seguido todos los pasos a los anteriores honorables de los anteriores Congresos Nacionales, que de honorables no tenían nada, únicamente el cuello blanco, ja, ja, ja. Yo oía las transmisiones de las sesiones del Congreso por la Radio Nacional del Ecuador porque por la televisión poco o nada se sabía de lo que hacían los mamiticos. Como si fuera ayer, al agüita me acuerdo de las componendas, de los pactos de la regalada gana, de los cenicerazos, del “Ven para mearte enano hijue…” del Jaime Nebot, de los diputados de alquiler y hasta de los diputados de los manteles tan me acuerdo.

Todo el pueblo ecuatoriano sabe que durante 30 años de gobiernos neoliberales, el Honorable Congreso Nacional era una cloaca. Por eso mismo votó por el Correa, para que se acabe la sapada, pensando que iba a cambiar las estructuras del país, pero ya ves, parece que nos salió el tiro por la culata.

Yo pensaba que los nuevos asambleístas iban a hacer las leyes a favor del pueblo, pero han estado haciendo cada perranganada que a una le desilusiona; dándole largas al asunto, sobre todo el corcho Cordero que está haciendo las nuevas leyes del Agua, de Comunicación, de la Educación Superior sólo con los de la gallada.

“Lento pero seguro”, dizque ha dicho que va la cosa, y ha pedido perdón a los ecuatorianos por el retraso, por andar de comisión en comisión, e ipso facto se ha ido a Suiza, igualito que el Rafael Correa, que en vez de estar ahí donde las papas queman optaron por irse en viajes oficiales. Así nos han tenido, comiendo el cuento.

¿De qué mismo se tratará la revolución ciudadana? Porque si se trata de seguir con la caridad de los miserables como pienso que es el bono solidario, de seguir con la misma práctica de dar contratos a dedo para que el ñaño Fabricio y sus empresas de papel y la nueva partidocracia que se está formando al interior de la 35 mismo y que la Asamblea Nacional se esté haciendo de la vista gorda para no fiscalizar a los Ministerios de este gobierno, como el de Transportes, y se enriquezcan de la noche a la mañana, esta revolución no es por la que votamos.

Lo que más me pudre de las iras es que quienes antes se llenaban la boca hablando de que no iban a volver con las mismas prácticas de la vieja política parece que más bien las están reciclando y hasta mejorando con metodología flacsiana, siguiendo las instrucciones del llorón de la Sorbona.

Claro que tampoco hay que pedirle peras al olmo a esta Asamblea porque, viendo bien, el que menos va a querer guardarse el pedazo de pastel para asegurar su futuro político, sobre todo aquellos políticos como el César Montúfar y el Virgilio Hernández, que desde hace fechas están en la política y aura se quieren hacer pasar por jóvenes.

Bueno mijito, cómase la sopita, la próxima le haré lo mismo pero con papas, como es la Asamblea Nacional.