En medio de la lucha de clases, la mujer trabajadora ha sido uno de los pilares importantes en la pelea por la emancipación a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. La condición de esta batalla que inclusive ha tenido una connotación ideológica, en la que las clases dominantes mantenían como “condición natural” la subordinación de la mujer, se vio confrontada con las tesis revolucionarias en las que pensadores y estudiosos del marxismo explicaban que la supuesta “condición natural de subordinación” no es más que el resultado en el que a través de la historia se ha manifestado el proceso de opresión de las clases dominantes, que evidentemente nace también con la división de la sociedad en clases y –entiéndase bien- la división sexual del trabajo, donde la designación del papel reproductivo sería responsabilidad única de la mujer y que además los postulados ideológicos marcados desde las clases dominantes asegurarían su condición de inferioridad.

Con estas premisas se dio paso a que se vayan formulando postulados científicos, que permitieran la comprensión de la condición de la mujer, que cada vez se hacía más intensa en el accionar revolucionario por la organización y promoción de la lucha política de la mujer obrera y explotada; para esto se publican varios textos, como: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels; La mujer y el socialismo, de Augusto Bebel; los escritos de Lenin sobre La emancipación de las mujeres; las contribuciones de Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollantai y otros revolucionarios y revolucionarias, que reflejan el debate que se dio en esa época.

Varios acontecimientos se han dado en defensa de los derechos de la mujer, es así que el 8 de marzo de 1908 en la ciudad de New York, en Estados Unidos, 129 mujeres murieron incineradas en la fábrica de textiles Cotton Textile Factory. Las obreras de dicha fábrica se habían tomado las instalaciones de la misma como forma de protesta, y exigían que se mejoren sus durísimas condiciones laborales, sin embargo, su lucha y sus vidas las verían consumidas en medio del fuego, ya que el patrón de la fábrica incendió la textilera como método de represión. Las obreras rusas también levantaron “la antorcha de la revolución” en esa jornada memorable del 23 de febrero de 1917, según el calendario ruso, 8 de marzo del calendario occidental, día en el cual las obreras tejedoras y textiles salieron a las calles para exigir pan y respeto a sus derechos. Ese día se produjo un giro en la lucha combativa de los trabajadores, que, con la dirección del Partido Bolchevique, condujo a la victoria y a la instauración del socialismo y con ello se abrió paso a la más grande revolución que ha vivido la humanidad.

Esta fecha también recoge las luchas de las trabajadoras norteamericanas. En 1857 se desarrolla una gran manifestación de las mujeres obreras por los barrios de los sectores adinerados de Nueva York. En dicha temprana manifestación ya se exigía la mejora de las condiciones laborales.

En 1911, 40 mil costureras industriales de grandes fábricas se declararon en huelga en demanda de su derecho a formar parte de los sindicatos, la mejora de salarios y por una jornada de trabajo de 8 horas.

Es así que en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas encabezada por Clara Zetkin reunida en Copenhague, se declara el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en honor a aquellas mujeres que ofrendaron sus vidas por la clase obrera y explotada.

Esta lucha consecuente de la mujer trabajadora es la muestra de que las mujeres también son hacedoras de la historia por su condición de explotadas y sometidas al sistema capitalista, pero que de igual manera la mujer es quien forja y está en la capacidad de vincularse en la transformación de esta sociedad que es marcada por la constante lucha de clases.

Lo único que nos queda por decir es que las mujeres, junto al obrero y las masas trabajadoras del campo y la ciudad, son las hacedoras de la historia y las abanderadas de llevar adelante el futuro de los pueblos en el Ecuador y el mundo.