14. julio, 2013 Álvaro Cepeda Neri * Defensor del periodista

Aparte del centralismo del que se abusa para imponerlos –al dejar de lado el trabajo de muchos mexicanos que en las entidades han de enfrentarse al poder autocrático de gobernadores y presidentes municipales e incluso contra las complicidades de jueces y legisladores de los estados con las que tienen que luchar–, esos premios están cada vez más desprestigiados y en su mayoría son otorgados a protagonistas de la capital del país que, por cierto, adquieren renombre y reconocimiento no tanto por atreverse a informar verazmente y mucho menos por criticar los abusos del poder presidencial, cuyo encargado convierten en intocable una vez investido.

El recién galardonado Jacobo Zabludovsky ha sido un comunicador y periodista que sirvió 5 décadas a Televisa y a aquel “soldado del Partido Revolucionario Institucional”: Emilio Azcárraga Milmo, alias el Tigre. Lo hizo hasta que júnior Emilito Azcárraga Jean lo despidió para suplirlo con Joaquín López Dóriga, quien tiene una amplísima oficina en su mansión, cuyas paredes están tapizadas de “premios” que le han entregado a montones. El resto de sus casi 7 décadas frente a los micrófonos las ha puesto al servicio de Radio Centro. En televisión y radio no ha dejado de ser el mismo Zabludovsky, al servicio del poder político y económico.

El Zabludovsky de Televisa fue nefasto. El de Radio Centro, donde se da aires de crítico, sabe que los concesionarios constantemente censuran a sus locutores, comunicadores y periodistas, como el caso del excelente programa de Bernardo Barranco que ha sido cancelado: Religiones del mundo. Cualquiera de los dos Zabludovsky ningún mérito cívico tienen, y mucho menos para recibir la Medalla Eduardo Neri con el sentido con que fue creada. Su transición de Televisa a Radio Centro no ha sido más que pasar de la televisión a la radio. Mientras, hay periodistas en las entidades con auténticos méritos cívicos que son perseguidos, encarcelados, privados de sus fuentes de trabajo y hasta de sus vidas, que pasan olvidados. Sus premios son atreverse a ejercer las libertades de prensa, aunque nadie voltee la mirada a sus esfuerzos.

*Periodista

Fuente: Contralínea 343 / julio 2013