Mientras Felipe Quispe y Evo Morales se disputan imaginariamente (pues en la realidad hacen poco) el liderazgo de los sectores campesinos y la izquierda, los partidos tradicionales -el MIR principalmente- han empezado a potenciar a otras personalidades indígenas con el fin de restarles espacio y protagonismo.

El pasado martes 13, Mateo Laura asumió el cargo de Prefecto de La Paz. Lo interesante del caso es que en su encumbramiento este hombre nacido en Pacajes aprovechó toda la carga simbólica de la cultura aymara, hizo su ofrenda ante la Pachamama y los Achachilas, juró en idioma aymara frente a los amautas de Tiwanaku y se arropó en la Whipala; algo que no hicieron en el Parlamento ni el MAS ni el MIP.

Pero más allá de las formas, Mateo Laura también exhibe otros pergaminos que avalan su emergente liderazgo: fue miembro del Partido Comunista, Secretario General de la CSUTCB entre 1996 y 1998, becado a la ex-URSS donde estudió cooperativismo, a Cuba donde asistió a los cursos de Formación de Instructores Sindicales y al Ecuador donde se formó en educación intercultural bilingüe. Además, cuenta con experiencia administrativa, pues se desempeñó como Alcalde de Santiago de Callapa.

¿Lo eligió el sistema para restarles espacio a Evo Morales y Felipe Quispe? ¿Se trata de una nueva jugada mirista para buscar el "entronque histórico" con el indigenismo? En definitiva, ¿Mateo Laura se pondrá de lado de la gente o de quienes quiere resucitar al neoliberalismo? Esperamos que la conversación que sigue despeje estas preguntas.

-Usted tiene un currículum bastante interesante, salvo que es mirista, claro.
-Mire ya lo he dicho a otros medios: yo estoy aquí para llevar adelante proyectos que beneficien a La Paz urbana y a La Paz rural. Naturalmente soy un campesino, soy un aymara y eso me liga histórica y militantemente a mis orígenes, a mis hermanos. Eso determina también la intensidad de mi compromiso, y eso es lo que finalmente cuenta a la hora de asumir el cargo de Prefecto, lo demás está en otro nivel.

-Hay tres palabras que usted ha repetido en sus discursos de los últimos días: Unidad, organización y estrategia. ¿Por qué?
-Historicamente lo hemos vivido: si no hay unidad, las organizaciones se parcelan y no sirven. Si no hay unidad de las juntas vecinales, si no hay unidad de municipios, si no pensamos en mancomunar los municipios, si no pensamos en unificar la brigada parlamentaria paceña, no sirve. En términos de organización debemos fortalecerla con la estrategia que vamos a impulsar. Convocamos a todas las organizaciones naturales a trabajar por objetivos conjuntos y no como antes que cada partido jalaba por su lado.

-¿Cómo interpretamos este llamado a la unidad y a la organización en torno a una estrategia a la luz de los resultados electorales del 30 de junio? ¿Cómo lo interpretamos cuando esos resultados convirtieron al MAS en la primera fuerza parlamentaria de La Paz y al MIP en la tercera, con un destacado poder en las provincias?
-El mandato de las urnas hay que respetarlo. Ya hemos iniciado contactos con todos. Nos hemos reunido con la bancada del MIP, con Félix Santos que es Vicepresidente de la Cámara. Hoy estuve con Angel Durán del Movimiento Sin Tierra del Gran Chaco, con Víctor Miranda del Norte de Potosí y no sabes la alegría que les ha dado. Más allá del poder político, estoy convencido que podemos articular a todos los sectores sin manipular, con humildad, pensando sólo en el desarrollo del departamento de La Paz, pensando sólo en las necesidades de la gente. El MIP tiene una brigada parlamentaria fuerte, el MAS también. ¿Qué les toca a las brigadas parlamentarias del MAS y del MIP? Fiscalizar, gestionar y legislar. ¿Qué le toca al Mateo? Que esos recursos que van a gestionar se conviertan en obras reales a través de la Prefectura y a través de los gobiernos municipales.

Vamos a concertar y a compartir. En la lucha contra la corrupción, también tenemos que ir juntos. Hablamos desde la emergencia de las comunidades que la clase política está muy desgastada como dirigencia, buscamos una nueva generación porque se han manejado las instituciones de manera irresponsable, como es el caso de esta Prefectura. En los proyectos importantes y necesarios para el departamento de La Paz, también tenemos que estar juntos. Sabemos que existen diferencias pero no podemos privilegiar lo político- partidario, ni las ideologías que pueden ser distintas. La gente no tiene para comer, la gente tiene hambre y no come colores de los partidos políticos. Necesita cosas concretas.

-Usted ha planteado un nuevo mecanismo para la elección de los subprefectos para que sean elegidos en cabildos o congresos provinciales, ¿esto se relaciona con esta nueva realidad política?
-Esa es mi posición personal. Distintos partidos han manifestado criterios para modificar la Constitución Política del Estado y criterios para que la elección del Prefecto sea a través del voto directo. Hay que pasar de la participación a la decisión popular. Entonces yo sé que no hay parto sin dolor. La elección de un Prefecto indígena va a causar muchos problemas de repente. Y las posiciones de un Prefecto indígena también. Pero no hay otra forma de que una autoridad sea creíble y fiable. Yo no quisiera tener subprefectos que sean los mensajeros del Prefecto, sino subprefectos que trabajen al lado de los consejeros departamentales, al lado de los secretarios ejecutivos, viendo cuales son las necesidades y cuales son las obras que se precisan en las provincias. La tendencia, más allá de una gestión prefectural, es que la democracia cada vez tenga mayor credibilidad, que la población tenga cada vez mayor confianza en la democracia.

-¿Tiene un programa definido de lo que hará en su gestión?
-Hay necesidades bastante claras y en términos de concertación, la idea es que no hegemonice un solo sector, ni lo urbano ni lo rural. Por ejemplo: sabemos que este río, el Chuquiapo, está contaminando donde viven los compañeros de Río Abajo. Sabemos que la basura de la ciudad de La Paz está produciendo contaminación en los sitios donde se está acumulando. Sabemos que el teleférico es una necesidad tanto para la hoyada como para El Alto. Sabemos que El Alto necesita un gran hospital. Sabemos que las provincias con ciudades tan importantes como Caranavi, Patacamaya, Achacachi y Viacha necesitan universidades. Sabemos que cada escuela requiere de una computadora porque sino nuestros alumnos por más que aprenden a leer y a escribir se convertirán en analfabetos modernos. Entonces, hay que generar consensos para que todas estas necesidades se expresen en el Plan de Desarrollo Departamental. Pero falta más consenso aún. Ahí está la marcha al norte, a la Amazonia del departamento de La Paz, a la cual no tenemos acceso porque no hay carreteras. Aquí hay que consensuar entre empresarios, brigada parlamentaria, ONGs, institutos de cooperación internacional, gobiernos municipales, debemos ver todos juntos qué estrategia debemos encarar. Otro ejemplo: sabemos que hay un problema grave de seguridad ciudadana en El Alto, acá en La Paz. Hay niños de 12 años farreando en la calle, las cholitas no pueden andar con sus sombreros. Hay que convocar a la Iglesia, a Derechos Humanos, a las ONGs, a los municipios, para que juntos creemos un fondo para que trabajen los que están en la calle haciendo abarcas, muñecos. La participación de cada una de sus instituciones va a reflejar lo que quiere La Paz, no lo que quiere el Prefecto o lo que quiere una X institución sino lo que queremos todos. Se han ido parcelando las demandas y así también las estrategias y eso no sirve.

-Su nombramiento ¿se convertirá en una cuña a la arremetida del MAS en el departamento?
-Supongo que hay personas interesadas en entender así mi nombramiento, pero eso no es verdad y los hermanos del MAS y del MIP deben considerar más bien que los indígenas hemos llegado al fin a los núcleos, a los niveles donde se define el poder y que juntos vamos a mantener este espacio que se abrió a partir de las elecciones del 30 de junio. Es decir, durante siglos los indígenas hemos luchado para que se nos tome en cuenta, pues hoy lo hemos logrado y más que nunca debemos mostrar amplitud de criterios, un sentido nacional y un compromiso serio con Bolivia, desde el lugar que ocupemos.

-Con esa visión, ¿se sentaría a negociar con Evo Morales y con el Mallku?
-Me sentaría a negociar con todos. Creo que todos convergemos sobre las tesis que estamos planteando. Felipe quiere electrificación, yo también quiero electrificación. Felipe quiere caminos, yo también quiero caminos. Felipe quiere riego en el altiplano, yo también. Hagamos juntos: unos gestionando y otros ejecutando recursos. Me he reunido también con los dirigentes del Movimiento al Socialismo del departamento de La Paz y me decían: "Mateo, nosotros nunca pensamos que ibas a llegar, más allá de tu militancia político-partidaria, seguro que vas a apostar por el departamento". Están contentos. No encuentro preocupación de parte de los dirigentes del MAS y del MIP de que yo esté parcelando o estoy entrando al gobierno para parcelar. De repente, hay algunos que piensan lo contrario, que estoy sembrando para el MAS (se ríe) Lo que se trata es de atender a las necesidades de las regiones más postergadas de La Paz, sin olvidar de que soy un indio aymara.

-Las elecciones pasadas mostraron que el grueso de bolivianos se ubica en un frente contrario al neoliberalismo, ¿usted de qué lado está?
-Mi formación es la de un hombre de izquierda, por lo tanto cualquier esquema político y económico que ultraje a las mayorías, que las empobrezca y las obligue a vivir en la miseria será siempre cuestionado por Mateo Laura. Mi forma de pensar lo sabían muy bien quienes me eligieron, ahora el desafío mío es demostrarle a ese mismo sistema que nosotros no representamos a los agitadores de siempre, sino que desde nuestra experiencia podemos emplear nuestro cargo y capacidad de decisión para cambiar las cosas de manera democrática y dialogante.

-Para finalizar, hay un tema ineludible: "Chito" Valle.
-Más allá del deseo del Mateo, la ley es clara y contundente y debe cumplirse. La justicia deberá castigarlo, si ha abusado de la Prefectura, hay que castigarlo. En eso vamos a ser intransigentes. Al mismo compañero Felipe (Quispe) le dije que me facilitara un abogado y a Carlos Mesa que ha hecho la promesa de luchar contra la corrupción también le pedí lo mismo. Mateo Laura va a estar en todo momento pendiente y facilitando las cosas para que se haga justicia.

El nuevo Prefecto habla pausado, reconcentrado, transmitiendo que sabe cuánto pesa cada palabra que pronuncia, siguiendo su propio libreto, ese que parece surgir de la experiencia pura, recordando con su milenaria herencia andina a esos generales chinos que seguían al pie de la letra las enseñanzas de Sun Tzu, en especial esa que recomedaba "someter al enemigo sin librar combate porque es el colmo de la habilidad". Sus enemigos son colosales: La ignorancia, el racismo, la ineficiencia, el atraso, la burocracia. "Lo importante es saber a dónde queremos llegar y después vamos a caminar", nos dice antes de despedirnos.

Pacajes en el espacio y en el tiempo

Mateo Laura Canqui es el flamante Prefecto de La Paz. Ya se lo ha dicho hasta el cansancio que es el primer aymara que ocupa tan importante cargo. Pero, ¿de dónde viene Laura? ¿Qué representa? Laura Canqui es pacajeño (en la confusión, un conocido medio llegó a afirmar que era de Challapata) y más allá de reduccionismos interpretativos o de versiones desviadas como las que trasmiten los medios tradicionales, lo que pretendemos es indagar a vuelo de pájaro en el contexto histórico y socioeconómico del cual Laura proviene.

El señorío Pacaxe

En el espacio surandino, tras la desaparición de Tiwanaku, surgieron en el altiplano a partir del siglo XII de la era actual, un grupo de señorios de habla aymara o jaqi aru. Fueron formados por pastores que probablemente llegaron desde el sur, migrando desde el actual Chile. Como parte de una comprensión e interacción entre el hombre y el espacio geoecológico, organizaron el territorio a partir de un centro (taypi) que era el lago Titicaca y dos suyus o espacios mayores y complementarios llamados Urqusuyu y Umasuyu. Los de Urqusuyu, que simbolizaba lo masculino, habitaban el altiplano frío y seco y apto para la cría de camelidos. Los de Umasuyu, lo femenino, habitaban las riberas orientales del lago y las zonas de mayor productividad agrícola. Algunos señoríos compartían ambos espacios en la puna y en el valle. Pacaxe o Pacajes era uno de ellos. El mismo formó parte del Qollasuyu incaico y sus límites hasta 1583, casi cincuenta años después de la invasión española, eran "al Este (...) con la provincia de Q’araqullu y Khirwa, al Oeste con la Provincia de Lupaqa de Chukuito, al Norte con la ciudad de La Paz y los Yungas y al Sur con la costa de Arika y Takna". [1] Era un inmenso territorio de casi 30 mil kilómetros cuadrados cuya capital residió en Qaqayawiri (Caquiaviri). Los españoles desestructuraron el espacio inicial del señorio, desvinculando el Umasuyu y Sika Sika. Hacia 1604, los indios de Pacajes eran obligados a prestar el servicio de mita en las minas de plata de la Villa de Garci-Mendoza, en la provincia de Paria, sobre el borde norte del salar de Uyuni, en el actual departamento de Oruro.

La marka de Qallapa

Qallapa, la patria chica de Mateo Laura, era una de las markas (agrupaciones de ayllus o comunidades) que conformaba el Urqusuyu pacajeño. Estaba ubicada "en un valle metido en tierra arenosa cerca de unos cerrillos pequeños". Su origen se remonta a la época de los Incas. Wayna Qhapaq llevó parte de su gente al valle de Cochabamba para que se encarguen de las labores agrícolas en las chacras de Colchacollo y Viloma. Dentro de su jurisdicción, se situaban otras comunidades como Julluma y Kurawara y todas conformaron el repartimiento de Qallapa. Los comunarios tenían acceso a diferentes pisos ecológicos. Poseían tierras y mitimaes en los yungas de coca de Camacoro, Chulumani y Catuare y los valles de Inkasiwi (Inquisivi), Kawari, Titipacha yWikuntaya. Incluso al noreste de la ciudad de La Paz, Qallapa tenía gente y tierras con el mismo nombre. Hoy una zona y un río (mal llamado río Irpavi) siguen siendo testimonio de ese pasado. La antigua marka siguió siendo subdividida a lo largo de la historia. En la actual división político-administrativa forma parte de dos provincias del departamento de La Paz: Pacajes y Gualberto Villarroel.

Martín Vásquez y la lucha legal

Volemos por la cronología: la República agravó la situación de las comunidades. A partir del gobierno de Mariano Melgarejo, se inicia una agresiva expansión del latifundio que provoca la usurpación continua de las tierras comunales. Esta situación estalla de manera franca y en rebelión abierta en 1899 en el transcurso de la mal llamada Guerra Federal. Los liberales llegaron al poder con el concurso de los aymaras pero el jefe de la sublevación, Zárate "el temible" Willka, fue apresado y luego ajusticiado. Muchos creyeron que el movimiento indio estaba aniquilado.

El sur de Pacajes no tenía tradición hacendataria. Pero en 1914, la avidez terrateniente comenzó a manifestarse. Ante la presencia en la zona de los agrimensores y jueces de revisita, un indio del ayllu Arüma de Qurawara de Pakaxi llamado Martín Vásquez empezó a buscar los títulos de propiedad coloniales para impedir los abusos y hacer cumplir una ley de 1883 que hacía valer los derechos adquiridos durante el coloniaje. Vásquez viajó hasta la antigua capital virreynal para obtener los títulos y a su regreso de Lima se convocó a una asamblea en La Paz donde se reunieron más de 100 delegados de varios departamentos. Allí Vásquez demostró que la revisita era ilegal. Al día siguiente, la mayoría de los asambleístas fueron apresados. Vásquez fue juzgado pero luego se lo sobreseyó por falta de pruebas. La llamada "sublevación de Pacajes" incluyó algunos levantamientos en varias provincias paceñas y, sobre todo, muchos apresamientos de apoderados y dirigentes indios. La lucha legal y la capacidad organizativa y de movilización de los pacajeños era contundente pero eso no tenía porqué convencer a los mandantes republicanos: el saqueo de las tierras comunales persistió.

Santos Marka T’ula

Si alguien sintetiza ese espíritu de reivindicación y resistencia en defensa de los derechos comunitarios es Santos Warku, más conocido como Santos Marka T’ula, cacique principal de los ayllus de Qallapa y apoderado general de las comunidades originarias de la República. La historia la escriben los que ganan y por eso no había ni siquiera una mención a su nombre en los libros oficiales. Fue el Taller de Historia Oral Andina (THOA) que creó Silvia Rivera el que lo recuperó del olvido y es precisamente un hijo de la estancia Yariwaya de la marka de Qallapa, el historiador Carlos Mamani Condori, quien señala con certeza su legado en pocas líneas: "La red de Caciques Apoderados encabezada por Marka T’ula, protagonizó una incansable lucha por la restitución comunitaria y que se prolongó hasta las vísperas de la revolución de 1952. Una de las preocupaciones más importantes de Marka T’ula fue la formación de sus propios escribanos, hecho que facilitaría la comunicación con las diferentes instancias del Estado; para ello fundó el Centro Educativo de Aborígenes Bartolomé de las Casas, que tenía sus oficinas en la ciudad [de La Paz]. Para él la educación era de vital importancia, pues suponía la autonomía en la presentación de sus memorias y la liberación de una incómoda mediación ejercida por tinterillos y abogados". [2]

El nombre de Santos Marka T’ula debe asociarse a una inclaudicable labor en pro de la convivencia intercurtural en base a la educación y el respeto a la diversidad.

Así y para finalizar decimos: la herencia pacajeña es vasta y muy rica. ¿Sabrá honrarla el nuevo Prefecto sin caer en las redes de los partidos que sustentan su cargo? ¿Será verdaderamente capaz de ser ll’unku del pueblo y no del MIR, como ha dicho a los medios? / Pablo Cingolani

[1] Según Pedro Mercado de Peñalosa en su Relación de la Provincia de Pacajes (1585?). Ver: Roberto Choque Canqui: Sociedad y Economía colonial en el sur andino. Hisbol, La Paz, 1993.

[2] Carlos Mamani: Dos líderes aymaras. En: Los bolivianos en el tiempo. Universidad Andina Simón Bolivar/ INDEAA/La Razón, La Paz, 1993. Pág. 263. Para una historia de Santos Marka T’ula y de Pacajes es imprescindible la consulta del libro que editó el THOA en 1988 (El indio Santos Marka T’ula. Cacique principal de los ayllus de Qallapa y apoderado general de las comunidades originarias de la república) y dos libros de Mamani Condori: Taraqu 1866-1935: Masacre, guerra y "Renovación" en la biografía de Eduardo L. Nina Quispi (1991) y Los aymaras frente a la historia: Dos ensayos metodológicos (1992). Ambos son ediciones del THOA.