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William Cassey, artífice de las operaciones encubiertas

A pesar de no ser la única agencia de inteligencia que opera en el ámbito mundial, sin lugar a dudas es la más conocida, y no precisamente por acciones que beneficien al mundo. Bastaría comenzar a recordar que su primera gran operación de la posguerra, realizada en el año 1953, condujo al derrocamiento del primer ministro iraní Mosadegh y la instauración en el poder de el tristemente célebre Shah, en beneficio de las transnacionales petroleras que habían sido nacionalizadas por el gobierno iraní; convirtiéndolo por ese motivo en un gobierno «inconveniente» para los intereses estadounidenses. Esa era la muestra de lo que vendría después.

En nuestra América sus operaciones comenzaron en 1954, a sólo un año de su primera hazaña . Se organizó y llevó a cabo el golpe de estado que dio al traste con el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala. Éste llegó al poder en 1951, triunfando en las elecciones ante su rival -pro estadounidense- Miguel Idígoras Fuentes. Arbenz dirigió y organizó un gobierno nacionalista que -entre otras leyes- dictó una reforma agraria, afectando la tierra de las grandes compañías transnacionales y los latifundistas locales. Ese fue el pecado que condujo a su derrocamiento, a pesar del ultimo esfuerzo realizado en la décima Conferencia Interamericana de Caracas, en el año 1954. En ella, Guatemala denunció todas las agresiones de la CIA y la United Fruit para acabar con su gobierno democrático. Pero la presión de Washington logró aislarla, contando con la complicidad de otros gobiernos del área, para luego, el 17 de junio de 1954, propiciar un sangriento golpe de estado y dar fin a un gobierno elegido democráticamente. Con la justificación de la lucha contra el comunismo y la defensa de sus intereses económicos, la CIA y la United Fruit Company habían instalado una dictadura terrible en el continente.

Los intereses que defendían siguen siendo los mismos: la expoliación de las riquezas de nuestros países.

Sirva de ejemplo el contrato que tenía firmado en 1904 con el gobierno guatemalteco la United Fruit que decía que a cambio de la construcción de la tercera parte de la vía ferroviaria Puerto Barrios-Guatemala recibiría en obsequio 70.000 hectáreas de la mejor tierra además de las líneas telegráficas, y las instalaciones portuarias de Puerto Barrios, más la totalidad de las vías férreas construidas y señalaba que dicho contrato tendría la duración de 99 años. A su finalización (año 2003) la compañía tendría a bien vender al gobierno guatemalteco -a precios establecidos por árbitros- todo lo que le habían dado, que también fue exento de impuestos. Por negocios como este han sido capaces de quitar gobiernos por la fuerza de las armas, sin pensar en nada más que en su rapacidad.

Esto dio inicio a una larga cadena de operaciones secretas en América Latina de los servicios especiales de los EE.UU. abanderados por la CIA, y protegidos por los gobernantes estadounidenses, lo que produjo hasta 1985 la cifra de 81 agresiones contra los pueblos latinoamericanos. Relevante en este período fue la invasión a Santo Domingo el 28 de abril de 1965.

Justificando la histeria anticomunista, bajo el pretexto de proteger la vida de ciudadanos estadounidenses habitantes en Santo Domingo -que supuestamente corrían peligro-, el presidente Lyndon Johnson ordenó la invasión compuesta por más de 300 aviones, 25 buques de guerra que desembarcaron 12.700 hombres de las tropas terrestres, 8.000 de infantería de marina, 1.100 de unidades de la fuerza aérea, además de 32 buques de reserva con 9.900 hombres a bordo. Previamente, la CIA había derrocado junto a los militares dominicanos el gobierno democrático de Juan Bosh, que se había negado a constituir en su país una plataforma de lucha contra la joven revolución cubana, además de limitar a las transnacionales estadounidenses en sus ambiciones de dominar la economía de ese país. Después de los bárbaros bombardeos contra Santo Domingo, organizaron las elecciones del 1º de junio de 1966 trascurridas bajo la ocupación militar y en donde "ganó" el antiguo colaborador del dictador Trujillo, Joaquín Balaguer, quien como primeras medidas abrió las puertas de par en par a los monopolios estadounidense.

El golpe genocida contra Salvador Allende en Chile en 1973 produjo una de las dictaduras más asesinas del continente; dejó en los diez años que Pinochet gobernó a sangre y fuego más de 35.000 muertos, todos de un solo lado: el de los demócratas. Hoy gracias a los papeles desclasificados de la CIA podemos saber hasta dónde estuvieron involucrados y de qué manera dirigieron los crímenes y las torturas en nombre de la lucha contra al subversión y de la democracia .

La guerra inmisericorde contra el pueblo nicaragüense en la década de los ochenta, produjo tantos muertos que ni se sabe cuántos fueron. La contra, financiada y entrenada por la CIA, mató y aterrorizó al pueblo nicaragüense sumiéndolo en la miseria y la desesperación convirtiéndolo en el segundo país más pobre del hemisferio occidental después de Haití. El escándalo Irán-Contras dejó al decubierto parte de los horrores y la falsa moral de la CIA y de lo que son capaces de hacer en nombre de los «ideales democráticos».

La operación Urgent Fury contra la desvalida Granada en 1983 fue la más descarada demostración de prepotencia. Aprovechando la coyuntura política generada por el asesinato del líder y primer ministro granadino Maurice Bishop y tras acusar al gobierno granadino de construir un aeropuerto apoyado por personal cubano con el fin de poder aterrizar aviones de combate en esa isla, lanzaron dos brigadas de la 82 División Aerotransportada, un batallón de infantería de marina reforzado, dos batallones de rangers, el portaaviones Independence, el porta helicópteros LPH-Guam, más 15 buques de apoyo, el buque de asalto Nassau, y aviones de distinto uso de las alas 436, 437 y 438. Toda esta maquinaria militar fue lanzada contra obreros y constructores del aeropuerto. El saldo de tan injusto ataque fue -según informe de la Cruz Roja Internacional- de 13 granadinos y 24 cubanos muertos y 57 heridos. La masacre se desarrolló de acuerdo con los planes preconcebidos de la CIA, realizados con dos años de antelación, previendo el momento justo de su aplicación.

Las fuerzas estadounidenses instalaron un gobierno «democrático» a su servicio. Este fue considerado el más grande operativo militar después de Vietnam y la intervención abierta más importante en el hemisferio occidental desde 1965, cuando fue invadida la República Dominicana

En El Salvador, después del golpe de estado de 1979 contra el general Carlos Humberto Romero -fraguado por la CIA-, comenzó una intervención, político-militar de los Estados Unidos alegando su «preocupación» por la situación interna: sus analistas preveían la posibilidad de una vietnamizacion de El Salvador. Comenzó a mediados de los ochenta, con la aprobación de 5,7 millones de dólares y el envío de 36 asesores militares.En 1981 llegaron batallones de boinas verdes, entrenaron al batallón Atlacalt, mientras en EE.UU. entrenaban a otros 1.600 hombres en técnicas de contrainsurgencia.

A partir de esa fecha, la CIA y el Departamento de Defensa estadounidense involucraron al gobierno venezolano del presidente Luis Herrera Campins en la ayuda al gobierno social cristiano de Napoleón Duarte. Todo ello quedó al descubierto a raíz del accidente de un avión panameño -siniestrado en El Salvador -que portaba armas y municiones venezolanas. Venezuela «colaboraba», además , con el envío de asesores militares y de inteligencia (Disip).Todo esto está debidamente reconocido en el informe presentado por ex miembros del Departamento de Estado y la CIA bajo el título de Dissent Paper on Salvador and Centroamérica. Esta guerra librada también en nombre de la democracia produjo 50.000 muertos en cinco años, 500.000 refugiados en el exterior, 300.000 desplazados en el interior del país huyendo del terror de los escuadrones de la muerte y toda clase de crímenes protagonizados por el gobierno de los socialcristianos en el poder. A ello se deben sumar 800 millones de dólares en instalaciones destruidas y la caída del nivel de vida del pueblo salvadoreño a niveles de miseria.

Capítulo aparte merecen las operaciones encubiertas contra Cuba, desde la célebre invasión de Playa Girón, pasando por la Operación Mangosta, que debía anteceder a una intervención directa del gobierno estadounidense contra la isla. A ello debe sumarse infinidad de intentos de magnicidio contra el presidente Fidel Castro (más de 60, cuenta él) y 42 años de bloqueo inmisericorde, y la creación de cientos de células terroristas que hicieron operaciones de guerra de todo tipo, incluso bacteriológica. Un ejemplo fue la epidemia de dengue hemorrágico introducida en Cuba por el terrorista Eduardo Arocena quien confesó durante un juicio en la ciudad de Nueva York haber llevado el virus infeccioso a ese país. La epidemia produjo la muerte en pocas semanas de 158 ciudadanos de los cuales 101 eran niños, y fueron contaminadas 344.203 personas.

Los sabotajes terroristas organizados por la CIA han causado miles de muertes siendo uno de los más terribles la voladura del avión cubano en Barbados realizada por los agentes de la CIA Orlando Bosh, Luis Posada Carriles, Hernán Ricardo (hoy en día oficial de la DEA) y Freddy Lugo (los dos últimos de origen venezolano), quienes el 6 de octubre de 1976 colocaron una bomba en el vuelo CU 455, que produjo una explosión que acabó con la vida de 73 personas (57 cubanos, 11 guyaneses y 5 norcoreanos). Entre los muertos estaba el equipo juvenil de esgrima de Cuba que horas antes se había coronado campeón centroamericano.

Todas estas acciones terroristas jamás han recibido condena de los gobiernos estadounidenses. Todo lo contrario, los terroristas son nómina de la Agencia Central de Inteligencia y viven protegidos en territorio estadounidense. Han producido daños irreparables a la economía y a la calidad de vida del pueblo cubano, sin importarles dañar a inocentes, como el caso del pequeño Elian o los miles de niños separados de sus familias en nombre de la llamada operación Peter Pan. Sus acciones durante cuatro décadas han producido 3.478 muertes y 2.099 mutilados o incapacitados y daños a la economía cubana por el orden de 121 mil millones de dólares.

Ésta es apenas una pequeña muestra de la conducta de la CIA como brazo ejecutor de las políticas hegemónicas de los Estados Unidos. Hemos enfatizando solo seis casos y obviado referirnos en extenso a la participación de la CIA en la instauración de las dictaduras asesinas de Uruguay y Argentina, donde los muertos y desaparecidos se cuentan por millares. O la actual intervención en el conflicto interno de Colombia donde su Plan Colombia aún no nos dice cuáles son sus verdaderas intenciones y cuánto dolor producirá a nuestros pueblos. Esta suscinta revisión puede servir de guía a la hora de querer analizar qué pueden estar tramando en contra del pueblo y el gobierno venezolanos, por el solo hecho de querer dirigir una política soberana.

Ya es público que existen indicios de la participación de agentes de la CIA en actos contrarios a las leyes venezolanas, con la única intención de derrocar el gobierno electoralmente constituido. Ya hay pruebas del financiamiento a supuestas ONGs que operan como sus aliados locales. No hace falta buscar arquetipos: no son rubios ni hablan inglés, los hay de todas tallas y colores. Son los de siempre, los que les abren las puertas, descorren los cerrojos, y venden los sueños de las mayorías por un puñado de dólares. Pero enfrente se han encontrado con la férrea voluntad de defender sus conquistas para ser independientes.