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El tema de la deuda ha tratado de ser sepultado del debate por varios gobiernos de la región. La reciente oferta hecha por la administración del presidente argentino Néstor Kirchner a los acreedores de esa nación para liquidar sólo 60 por ciento de su deuda externa por 102 mil millones de dólares, que se encuentra en moratoria desde diciembre de 2001, ha dejado de manifiesto que el punto está más presente que nunca.

«América Latina ha regresado a una situación como la que se encontraba en los años 80», relata Toussaint, al aludir a la crisis de la deuda externa de hace más de dos décadas, que abrió el paso para el inicio de las reformas de liberalización comercial y financiera y privatización de empresas públicas. «La diferencia ahora -añade- es que no hay un problema de insolvencia: las tesorerías de los Estados latinoamericanos hacen puntualmente los pagos, mientras que de 1982 a 1987 varios gobiernos los suspendieron por algunos meses. Ahora hay una transferencia tremenda, masiva y silenciosa de capital hacia los acreedores o hacia las trasnacionales; hay que decirlo: los gobiernos están, sin protestar, transfiriendo una parte muy significativa de la riqueza producida por los pueblos latinoamericanos».

En un reporte de hace tres semanas, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) indicó que en 2004 la región realizó una transferencia neta de recursos al exterior por 77 mil 826 millones de dólares, el doble de los recursos que entraron por inversión extranjera directa (IED). Esa transferencia estuvo representada por el pago de intereses de la deuda y las ganancias que las trasnacionales obtuvieron en los países de la zona y remitieron a sus sedes corporativas.

Eric Toussaint expone: América Latina registra transferencias netas de recursos desde 1996, pero no eran tan notorias por el ingreso de IED, puesto que seguían algunas privatizaciones. Pero ahora, las trasnacionales que participaron en la compra de esos activos públicos están transfiriendo ganancias, sin que haya nuevas inversiones para mejorar el aparato productivo. «Están intentando acumular riqueza vía la transferencia de ganancias haciendo el menor gasto posible».

Destaca que para la región el único flujo positivo de recursos desde el Norte es el de las remesas, que en el caso de México alcanzarán este año la cifra sin precedente de 17 mil millones de dólares. «Para dar un análisis de clase -plantea Toussaint- mientras los capitalistas latinoamericanos evaden sus capitales al norte, son los migrantes los que ayudan a sus economías nacionales con las remesas que mandan a Latinoamérica.

El asunto es que, según datos del Fondo Monetario Internacional, el Banco de Pagos Internacionales y el Banco Mundial, relatados por Toussaint, los depósitos líquidos de los empresarios latinoamericanos en los bancos de Estados Unidos y Europa alcanzan 310 mil millones de dólares, con un crecimiento significativo en los últimos años. Pero los bancos de las naciones industrializadas sólo mantienen empréstitos para los países de la región por 230 mil millones de dólares. «Es decir, otorgan préstamos por sólo dos terceras partes de los depósitos latinoamericanos».

Además de los préstamos directos de los bancos del norte, los países latinoamericanos tienen deuda con organismos financieros internacionales y gobiernos de países industrializados por otros 600 mil millones de dólares.

Este es el tema de fondo que el gobierno argentino ha puesto sobre la mesa. Según datos del Banco Mundial, Latinoamérica tenía en 1980 una deuda externa de 157 mil millones de dólares. Entre ese año y 2003, el más reciente dato disponible, ha reembolsado un billón 99 mil millones de dólares por pago de intereses y amortización, es decir, siete veces la deuda original. Pero en cambio, el pasivo de la región con el exterior se mantiene ahora en 830 mil millones de dólares.

«Visto en una perspectiva más amplia, América Latina está otra vez en un momento histórico, en el cual la alternativa tendría que ser la unidad continental de los países al sur del Río Bravo para tener mercados comunes y mecanismos de protección para prevenir que los movimientos de capital se conviertan en una hemorragia de recursos. Si los gobiernos y los pueblos no se unen para construir un mercado común y abren sus fronteras internas entre ellos creando políticas para complementarse y coordinarse, va a seguir una transferencia tremenda de capital hacia el norte.

En este sentido, destaca que el encuentro de diciembre en Cuzco, Perú, entre varios países de la región, para crear el mercado común del sur, es una de las iniciativas que apuntan a la constitución de mecanismos para buscar fuentes propias de desarrollo.

«Para mí el encuentro de Cuzco, realizado en el aniversario 180 de la batalla de Ayacucho entre las tropas de Simón Bolívar y el imperio español, me da la esperanza de que esta vez no haya sido solamente una reunión simbólica, sino que abra la posibilidad de encontrar una alternativa al ALCA y los tratados bilaterales entre los países de América Latina y de las grandes potencias», comenta.