Cuando Francia vote el domingo 29 de mayo sobre su destino europeo, los electores se pronunciarán sobre todo respecto de las acciones de su presidente Jacques Chirac en lugar de hacerlo sobre el contenido del texto. Este hombre ocupa la escena política de su país desde hace mucho más tiempo que ningún otro político europeo. Ya era primer ministro francés cuando Helmut Khol no era más que un político provinciano secundario en Alemania. Es un hombre que prefiere el contacto físico, que dedica mucho tiempo a comer y que siempre bebe cerveza al final de las interminables comidas europeas donde los dirigentes de Europa hablan del futuro de la Unión Europea.
Chirac tiene el peor balance de los presidentes de la Quinta República. Todos sus predecesores han transformado a Francia pero él ha hecho poco. París o Cannes son ciudades espectaculares pero cuando uno se aleja de la autopista ve una multitud de ciudades medias con un elevado índice de desempleo, una población que depende de la asistencia pública y cinco millones de habitantes de viviendas con alquileres moderados (HLM). Una Francia diferente: inmóvil, submodernizada y sin dirección.
En el terreno político, Chirac ha roto la primera regla del poder: conservarlo. Disolvió la Asamblea Nacional siguiendo los consejos de Dominique de Villepin y entregó de esta forma el poder a socialistas que han afectado la economía francesa al limitar la jornada laboral. En la actualidad, una parte del territorio francés sobrevive gracias a las compañías aéreas económicas que permiten a los británicos viajar a sus residencias secundarias en Francia. Los cerebros franceses parten en busca de refugio en las economías anglosajonas.
Durante la guerra de Irak, Chirac hubiera podido proponer una estrategia alternativa pero sólo empleó su veto. Trató con condescendencia a los países del Este y prohibió a sus trabajadores establecerse en Francia. Chirac acabó por adoptar la estrategia euroescéptica británica de atacar a Bruselas. Jamás tuvo una idea clara con relación a Europa.
Cualquiera que sea el resultado del referéndum, es preciso modernizar a Francia. Cuanto antes mejor.

Fuente
The Independent (Reino Unido)

«The president who let down his nation», por Denis MacShane, The Independent, 20 de mayo de 2005.