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De siete días a la fecha, la televisión y los medios en general, se han visto inundados por propaganda apologética y fabulosa acerca de lo lindo que es el TLC con Estados Unidos.

El embajador de ese país, el inefable bocón James Curtis Strubble, dijo ayer: “Es muy importante demostrar que el país -Perú- está en condición de cumplir sus compromisos con el TLC, que es, entre otras cosas, establecer reglas claras”. ¿Y se necesita que un diplomático norteamericano recuerde cómo aplicar las leyes y las sanciones -si las hubiere- a las firmas estadounidenses? ¿No hay jueces en el Perú?

Pregunto en voz alta, al ministro del TLC y Asuntos Foráneos, oficialmente de Comercio Exterior, Alfredo Ferrero que -según cuentan me mencionó en un programa televisivo- ¿Tratado de Libre Comercio con EEUU o Tratado de Sumisión Completa? Hace una semana, una secretaria de asuntos económicos también opinó y dijo que los peruanos no “apoyábamos” al equipo “negociador”. ¿Y qué están negociando si el presidente Toledo adelantó hace muchos meses que ese tratado se firmaba “sí o sí”? ¡Qué papelón!

La coacción, relación conflictiva pero íntima e indesligable, entre los asuntos contenciosos que tiene el Estado peruano con empresas de Estados Unidos y la firma del TLC, es evidente. ¿Cómo se explica sino la frecuencia de las expresiones consejeras que Curtis Strubble y Hansen emiten o transmiten al gobierno de Toledo? Aparentemente, no hay siquiera la posibilidad de pensar en que son fortuitas, sino indicativas y terminantes: ¡o resuelven estos juicios -y no de cualquier manera, sino a favor de las empresas gringas- o NO hay TLC! ¡El vendepatrismo de cierta gentuza es evidente, humillante y retrógrado!

¿Cómo va a actuar el Estado peruano, no el gobierno episódico, cuando los tribunales ad hoc previstos en un TLC, favorezcan, como es obvio, a las empresas más poderosas? ¿Hay firmas poderosas en el Perú que no sean sino meras oficinas de coordinación de las grandes transnacionales? ¿Quién se beneficia y quién se perjudica? En buen romance, con tribunales supra-nacionales, se corre el inminente peligro de terminar ahorcados por todos lados. ¿Y a esto le llaman un convenio que genera trabajo?

Se ha visto en las calles la protesta de los agricultores que serán los primeros blancos de una competencia desleal que tiene protección en su país de origen, Estados Unidos, que ingresará con precios mucho más atractivos y menores. ¿Quién indemnizará y por cuánto tiempo a estos compatriotas dañados por un TLC? Que los Ferrero, los de la Flor y demás adláteres globalizadores, digan cuanto se les antoje, es un hecho incontrastable, total, ellos ya tienen asegurados sus puestos en las inspectorías que tendrán que establecer esas mismas empresas poderosas. De modo que lo único que les importa es evidenciar puntos públicos de buena conducta y demostración de su vasallaje sumiso.

¿Cómo actúan los portavoces del TLC, sus supuestas ventajas maravillosas, y sus beneficios para el pueblo peruano?: ¡de un modo muy simple! Inundan las pantallas de propaganda e invalidan lo que debiera ser la consulta al soberano, es decir, solicitar la aprobación del TLC al pueblo vía referéndum. Decir que el pueblo no entiende, es continuar confesando su miedo irredento que la gente puede ser inocente pero no estúpida. ¡Y sólo hasta cierto punto!