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Una muestra de exigencia y participación ciudadana, vivió el pasado 28 de mayo Caloto (Cauca). Una unidad de acción por primera vez puesta en marcha en esta parte del país. A su plaza principal llegaron 1.500 personas procedentes de tres resguardos indígenas (Huellas, López Adentro y Toez), de las zonas campesinas, de las zonas afrodescendientes y de los sectores populares del casco urbano.

El motivo: encarar los diversos y complejos conflictos acumulados en este municipio del norte caucano. Con tal propósito el sector más dinámico de la región se concentró en su parque y marchó por la parte central del casco urbano, demandando no privatizar el agua, superar la incapacidad administrativa de su actual burgomaestre, denunciar los atropellos de que son objeto sus habitantes rurales, por parte de la fuerza pública, rechazar la sindicación que se les hace como auxiliares de la guerrilla y llamar la atención sobre la violación que hace la insurgencia de sus derechos al colocarlos como carne de cañón.

La marcha se inició en silencio. Estaba decorada con pancartas que demandaban: "El pueblo elige, el pueblo exige", "Exigimos la consulta popular contra el TLC" o "contra los contratos amarrados de la administración de Carlos Torres" entre otros. Pasados unos minutos se comenzaron a corear consignas y la chirimía puso la nota alegre.

Servicios públicos y privatización del agua

Una de las principales motivaciones y exigencias de esta protesta fue la Consulta popular contra el TLC en Caloto. Los efectos de las políticas privatizadoras ya amenazan al municipio. Ejemplo concreto es el proyecto de privatización del agua municipal, impulsado por el alcalde local, con el apoyo de la CRC y la empresa privada. Pero, ¿cómo funciona este macabro proyecto?, nos lo explica el gobernador del Cabildo de Huellas: "Se pretende aislar los nacederos de agua, comprando tierras y prometiendo trabajo a los habitantes cercanos, para después entregar los nacederos a la CRC. Una vez los reciba ésta les pondrá un medidor para vender el agua a los campesinos e indígenas. Luego vendrá una empresa internacional que asumirá todo el proyecto ya instalado. Ellos pretenden que las grandes empresas aquí instaladas (ingenios) continúen sin pagar el agua con que riegan sus campos de caña de azúcar, pero que la población sí pague, que los financiemos. Nosotros tenemos la plena certeza de que el agua es un bien común y no puede ser privatizada».

Para los manifestantes, la problemática de servicios públicos que vive Caloto, reflejada en altas tarifas para la población y largueza con las empresas privadas, hace necesario crear mesas de trabajo donde tengan participación todos los sectores. Para discutir la política a seguir.

Ante la militarización

de la zona

Mientras se continúa arengando y la chirimía entona sus ritmos alegres, nos precisa un presidente de una de las juntas de acción comunal del municipio: «En nuestro territorio ya no se ven los pájaros volar, ahora son aviones que bombardean...". No hay duda, es clara la sensación que nos quiere transmitir este líder municipal: la guerra no les permite la tranquilidad que otrora gozaban. No es para menos. Los combates entre guerrilla y ejército derivan en bombardeos no controlados donde la población civil es la perjudicada. Pero además, luego de los combates vienen los señalamientos. Dice otro habitante, «unos y otros nos ven como sus enemigos», pero el ejército no comprende que si fueramos auxiliares de la guerrilla no estaríamos aquí dando la cara, no andaríamos por aquí, también anduviéramos con fusiles para defendernos. Nosotros somos es de la tierra, laboramos nuestras parcelas, eso es lo que nosotros estamos defendiendo y también le estamos exigiendo a la administración municipal respeto con nuestros líderes".

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Con plena conciencia del riesgo que se corre, los manifestantes denuncian que detrás del ejercito vienen los paramilitares. Se pregunta uno de los pobladores: "¿Por qué aparecen brazaletes abandonados de las AUC allí donde han estado los soldados acantonados ?". Y avanza algo más: "Vemos con temor que ahora empiezan a manejar la lógica paramilitar". Ante lo dicho otro poblador interviene: "Lo más tremendo es que donde no tienen organización mucha gente sale huyendo cuando llegan los combates, dejando sus territorios botados, todas sus pertenencias botadas al ver llegar a los paramilitares. Esa gente luego regresa y no encuentra nada: sus casas ya están ocupadas o en manos de otra gente y así es como los paramilitares han quitado cualquier cantidad de tierra no solamente en los resguardos indígenas, sino en muchos territorios colombianos. Esas tierras no se las quitaron a los grandes terratenientes, sino a los pobres. Hoy los paramilitares tienen grandes extensiones de tierra que era de la gente que salió despavorida, gente que fue obligada a desplazarse. No vemos como el gobierno va a devolver los territorios a los que se los quitaron".

En la concentración - marcha del 28 esta realidad también queda clara con otro ribete: los habitantes de la zona rural de Caloto fueron tratados con total indiferencia por la administración local al momento de los combates de abril pasado. Después que estos pasaron solo dos concejales fueron a auxiliar a los pobladores, pero ningún funcionario de la alcaldía, y mucho menos el alcalde hizo presencia en la zona rural, ninguno quiso verificar la clase de atropellos a que se vieron sometidos estos pobladores. Ante esto uno de los lideres sentenció "La administración nos dejó solos en esos momentos».

Entre canto de consignas y toques de la chirimía la población campesina e indígena exige a los actores armados respeto por la población civil, que tanto el ejército como la guerrilla no se atrinchere en los centros de concentración, o llenen de trincheras las poblaciones poniendo a los civiles de carne de cañón, violando el Derecho Internacional Humanitario. Exigen también una salida política y negociada al conflicto armado que vive nuestro país.

Ante la administración local

Caloto no se diferencia en mucho de la mayoría de municipios del país: el partido político que gana la administración considera que es para beneficio propio; el clientelismo es la forma como los «dirigentes» establecen relación con sus habitantes y las solicitudes populares no se escuchan.

Las últimas administraciones del municipio han sido todo un fiasco. La de Francisco Paz (2001 - 2003) permitió los embargos de los dineros de los resguardos indígenas de López Adentro Corinto y de Huellas. La actual -Carlos Torres-, no ha sido capaz de llevar a cabo ni los acuerdos ni el plan de desarrollo ni el plan plurianual de inversiones, discutidos con la población. Sí pretende, en cambio, llevar a cabo el plan de ordenamiento territorial -proyectado a 12 años- que no ha sido consultado con nadie.

No contento con este despotismo, brinda un trato indigno a todo aquel que pretenda hablarle a él o alguno de sus funcionarios (al único que se le puede ver la cara es al portero). La comunidad exige respeto, pero además que los contratos se contraten públicamente, que no se los den a los amigos y que la consabida comisión por cada uno de estos sea eliminada.

El gobernador del cabildo Huellas nos dice "Donde hay alcaldes indígenas se nota la diferencia: aunque reciben menos dinero, hay mayor ejecución de obras".

El mensaje

El aire de solidaridad y hermandad se siente durante todas las horas que dura la concentración - marcha. Desde esta expresión de verdadera democracia, se envió un rotundo no a todo tipo de practica que pretenda suplantar la comunidad. Pero al mismo tiempo se extendió un abrazo de solidaridad con los demás compañeros campesinos e indígenas estigmatizados por los medios de comunicación y los cuerpos de seguridad del estado. Durante toda la jornada, las reflexiones fueron múltiples, vibrando el pensamiento solidario con los compañeros afrodescendientes (ante la pobreza en la que han pretendido mantenerlos viviendo), y el apoyo con los paros y actividades que están en marcha o se han realizado recientemente, como el de los corteros de caña en el ingenio del Cauca.

Al final los habitantes del campo se despiden. A quedado claro que no seguirán callados viendo como se lesionan sus derechos e intereses. Vendrán otras jornadas y su mandato se hará sentir.