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Aunque el gobierno Bush ha calificado esa acusación de “estrafalaria e inconcebible” ha amenazado a los medios norteamericanos si publican el documento, debido a que fue revelado de manera ilegal por un funcionario por lo que quebrantarían la Ley de Secretos Oficiales. Lo que deja en evidencia su autenticidad, pues no se puede quebrantar esa ley publicando un documento falso.

Quizás ahora haya que volver a recordar que el ejército norteamericano ha tenido por norma bombardear sistemáticamente las emisoras de televisión non gratas en todas sus recientes invasiones.

Cuando las tropas norteamericanas entraron en Bagdad el 7 de abril de 2003 entre sus primeras acciones, además del derribo de la estatua de Sadam, estuvo la de disparar a las 7:45 un solo misil de precisión desde un caza contra el edificio de Al Jazzera en Bagdad asesinando al jefe de la oficina, Tareq Ayoub. No fue un disparo al azar: “El avión volaba tan bajo que creímos que iba a aterrizar en el techo”, le diría después el periodista de la televisión árabe, Taiseer Alouni, a su colega británico Robert Fisk. Tres días antes los responsables de la televisión habían proporcionado la ubicación exacta de su oficina a los estadounidenses.

También en su entrada a Bagdad, el mismo día del ataque con misil a Al Jazzera, un tanque norteamericano disparaba contra el hotel Palestina donde se alojaba toda la prensa extranjera acreditada provocando la muerte de los periodistas Jose Couso de Tele 5 y Taras Protsyuk, de la agencia Reuters.

El 7 de agosto de 2004, el gobierno iraquí, siguiendo las instrucciones del ejército ocupante norteamericano, ordenó el cierre de las oficinas de Al Jazzera en Bagdad y su expulsión del país.

El 12 noviembre del año 2001, el ejército norteamericano bombardeaba los locales del canal en Kabul, la capital de Afganistán, con la excusa de que habrían albergado a algunos miembros de Al-Qaeda. A pesar de las promesas hechas a Al-Jazzera, la administración norteamericana nunca ha abierto una investigación.

Un mes antes, el 3 de octubre de 2001, Colin Powell, Secretario de Estado norteamericano, se dirigió al Jeque Hamad bin Khalifa al-Thani, emir de Qatar y principal accionista del canal, para pedirle que interviniera a fin de que Al Jazzera modificara su cobertura de los acontecimientos.

La anterior invasión en la que participó Estados Unidos fue en Yugoslavia, en esa ocasión bajo la bandera de la OTAN. Allí, en Belgrado, el 23 de abril de 1999, el ejército norteamericano bombardeó la sede de la radiotelevisión de Serbia (Radiotelevizija Srbije, RTS), situada en el centro de la ciudad, causando la muerte de dieciséis empleados del canal.

Los socios de Estados Unidos tampoco se quedan cortos. El 19 de enero de 2001, el ejército israelí dinamitó el edificio de la televisión y la radio palestinas La Voz de Palestina, en Ramallah, en los territorios ocupados. He conocido a los periodistas de Al Jazzera en varias ocasiones, en Iraq y en el Líbano. No he apreciado ni el más mínimo odio ni apología de la violencia en su trabajo. Me han parecido profesionales íntegros, obsesionados por recoger los testimonios de la gente, de los iraquíes en Bagdad o de los palestinos en los campos de refugiados en el Líbano, personas cuyo acceso a los medios occidentales les está vedado y que sólo pueden expresarse ante los micrófonos de esta cadena árabe.

La conclusión por tanto es clara, el gobierno norteamericano ha establecido como norma bombardear toda emisora de televisión incómoda en cada país donde llega tras su invasión: Yugoslavia, Afganistán, Iraq, y quien sabe cuál será el próximo objetivo. Su impunidad es absoluta, los gobiernos europeos apenas expresan su indignación con la boca pequeña.

En América Latina una nueva televisión valiente hace pocos meses que ha nacido, Telesur. Creada por Venezuela, Brasil, Argentina, Cuba y Uruguay, ya ha dejado claro que va a apostar por un modelo de información enfrentado al pensamiento único promovido por las grandes emisoras norteamericanas. Del mismo modo que Hugo Chávez ha denunciado las intenciones de Estados Unidos de asesinarlo, los periodistas hemos de advertir sobre la amenaza hacia una televisión independiente que no responderá a los intereses de Bush. El tiempo demostrará si será el nuevo objetivo de los misiles norteamericanos. Por eso es importante señalar al criminal antes de que cometa su crimen.

Rebelión