Tuvo que salir del país por las amenazas de muerte que recibía diariamente y ahora es solicitante de asilo en el Estado español. Hoy vive como refugiada en Barcelona junto con sus dos hijas. Su único objetivo, sin embargo, es volver a Iraq, volver a su casa. Ha escrito dos libros en castellano, Crónicas de Iraq y Diario de la Resistencia.

-¿Por qué cerró el Observatorio de la Ocupación?

- Por razones de seguridad. Pero después, durante un tiempo, yo seguí haciendo el trabajo del Observatorio por mí misma. Viajé a las ciudades que estaban siendo bombardeadas, como Falluja, Najaf o Kerbala, para ver qué estaba pasando de verdad. Hablé con la gente, conocí sus historias e hice fotos de la destrucción.

¡Eso era muy peligroso! Nadie iba, ni siquiera la prensa internacional. Por eso los diarios de aquí sólo muestran el punto de vista de los Estados Unidos. No van al lugar de los hechos. Los periodistas salen a la calle empotrados en las tropas americanas.

-¿Y qué es lo que tú pudiste ver?

- Allí donde iba siempre me encontré lo mismo: violaciones constantes de los derechos humanos. Las fuerzas de ocupación y el Gobierno impuesto en Iraq están pisando el derecho político, y económico, los derechos de las mujeres y de los niños...

No cumplen ni un solo punto de la Carta de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Eso sin hablar de los millones de refugiados y desplazados. Las mujeres, por ejemplo, no tienen ningún derecho, no pueden protestar y tienen que cuidar de la familia; no están seguras en ningún sitio, ni siquiera en su propia casa; y, además, muchas de ellas han sido violadas por las tropas americanas e iraquíes ... Y ahora, me dicen, la situación en Iraq es peor y, todavía será mucho peor.

-Eres muy pesimista...

- ¡No! Al contrario, soy optimista. Creo que la resistencia está ganando la guerra y que el Gobierno de Estados Unidos ha fracasado absolutamente en su intento de controlar el país. Están perdiendo económicamente, políticamente y estratégicamente, y además, están muriendo miles de soldados norteamericanos.

El último informe de la ONU señalaba que en Iraq muere un centenar de civiles de media cada día. Es un número muy conservador, pero aunque fuera esta cifra sería una tragedia. No se pueden saber las cifras reales porque cada uno dice una cosa diferente. Pero no es un problema de números. El Corán dice que si matas a una persona, es como si hubieras matado a toda la Humanidad.

-¿Qué sientes cuando ves la destrucción de tu país en la televisión?

- Un profundo y frustrante sentimiento de injusticia y tristeza. La injusticia de la ocupación, la injusticia de la destrucción, la injusticia de los asesinatos...

-A menudo hablas con tu familia y amigos, allá. ¿Qué te explican?

- El problema de ahora en Iraq es cómo sobrevivir. El país no funciona. No hay mercados, no hay combustible, no hay electricidad. El paro ha subido hasta casi el 60% de la población porque la gente no puede ganarse la vida. Y, encima, nadie se siente seguro en ningún sitio. El mundo nos mira sin decir nada, y Bush decide enviar todavía más soldados a Iraq.

-¿Cuánto tiempo más puede durar?

- No lo sé, pero la clave está en los Estados Unidos. Por una parte, ellos están haciendo sacrificios, gastan miles de millones de dólares y no creo que quieran quedarse mucho tiempo más. Ningún soldado americano quiere quedarse en Iraq: tienen miedo, no salen de las zonas militares desde hace un año y sólo piensan en volver a su casa.

Pero por otra parte, la ocupación de Iraq es una parte fundamental de su proyecto económico, político y militar en Oriente Próximo, y necesitan triunfar a cualquier precio. Cuando los americanos vean que están dando más de lo que podrán recibir a cambio, se irán enseguida. Pero, en medio de todo eso, la resistencia iraquí crece y cada día es más fuerte.

-¿Cuál es tu opinión sobre lo que llamas resistencia? Hay muchos grupos y, a menudo, enfrentados.

- ¡No! Hay muchos grupos, pero no tienen diferencias importantes. Todos los que luchan contra la ocupación militar son la resistencia. Pero aquí no incluyo a las milicias de los partidos políticos ni de los grupos terroristas ... La resistencia no ataca nunca a civiles, al contrario, ellos están defendiendo a la población delante del ejército más poderoso del mundo.

-Pero, entonces, ¿quién es el causante de las muertes de civiles en los atentados bomba de cada día en los mercados, en las calles o en las colas para trabajar en la policía?

- Actualmente en Iraq hay unos 50.000 mercenarios. Están los servicios secretos de todo el mundo. Están los iraníes. Y también es verdad que hay miles de paramilitares iraquíes a sueldo de los partidos políticos o de las empresas extranjeras.

-¿No hay ninguna guerra civil en Iraq?

- ¡No! Los iraquíes no se están matando entre ellos. Eso es lo que te hace creer la televisión. La guerra en Iraq es, en cierto grado, una guerra mediática. ¡Eso es juego sucio! Estados Unidos está intentando crear divisiones en Iraq, pero aquéllos que ponen bombas no pertenecen a la resistencia. Quizás hay iraquíes que participan, pero éstos defienden intereses de otros países o de los partidos políticos enfrentados por el poder. Las milicias de los partidos son las que están matando gente, expulsando familias y quemando casas.

-¿Crees que se puede hablar de violencia ‘étnica’ o ‘sectaria’?

- En el mismo edificio de Bagdad donde yo vivía, había dos familias suníes y una chií. Y vivimos y nos protegemos los unos en los otros. Las diferencias entre suníes y chiíes son una mentira. Nunca ha habido ningún enfrentamiento entre estas dos comunidades en la historia de Iraq. Pero ahora, están intentando dividirnos, y quizás lo van a conseguir. Por ejemplo, el gobierno iraquí ha enviado soldados kurdos para luchar contra la resistencia y defender Bagdad. ¿Por qué? Para crear odio entre kurdos y musulmanes. Si un soldado kurdo mata un bagdadí musulmán, eso provocará un sentimiento irracional de revancha.

Lo mismo hicieron para controlar Faluya, y crearon un gran conflicto entre suníes y chiíes. Ahora los iraquíes tienen miedo de los iraquíes de otros grupos, cuando nunca había habido ningún problema. Además, en muchos casos, la única manera de saber si una persona es chií o suní es por su apellido, puede ser que en la práctica no sea nada musulmán.

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