El 24 de noviembre de 2004 la Corte Suprema de Justicia aprobó el aval para extraditar a Estados Unidos a Salvatore Mancuso, requerido por la Corte Distrital de Columbia, a fin de juzgarlo por el delito de narcotráfico. La misma providencia permitía la extradición de Carlos Castaño y de Juvenal Ovidio Palmera (Simón Trinidad). En el despacho del Presidente Uribe no hubo muchas dudas. Autorizó la extradición de Simón Trinidad, no tanto por la solidez de las pruebas (exportación de cinco kilogramos de cocaína y secuestro de tres norteamericanos), sustentadas en dudosos testimonios, sino para asustar a los comandantes de las FARC: Ved las cadenas y los grilletes que os esperan, significó este gesto rocambolesco del nuevo José Acevedo y Gómez. Castaño y Mancuso quedaron con la orden suspendida, mientras respetaran los compromisos adquiridos en Santafe de Ralito, abandonaran las actividades ilícitas y colaboraran en la desmovilización y desarme de los miembros de las AUC. La suspensión de la extradición quedaba como un recurso de intimidación del gobierno. En su versión libre, el anticomunista Salvatore Mancuso le puso el tatequieto a la estrategia presidencial, utilizando el método del combatiente antifascista Jorge Dimitrov, transformándose de acusado en acusador, ante el tribunal hitleriano que lo enjuició por el incendio del Reichstag, el edificio del Parlamento de Alemania. Al rematar la declaración que salpicó al general Rito Alejo, a la cuota gobiernista de la Casa Santos y a un buen número de empresarios, Salvatore Mancuso confesó paladinamente su plena responsabilidad en el manejo de todo el negocio de narcotráfico en el departamento de Córdoba. En varias ocasiones ha mostrado interés en negociar su entrega a las autoridades norteamericanas, en lo cual trabaja actualmente su abogado Rick Díaz. La extradición no lo asusta. Ahora la exige. Los que se asustan son los antiguos socios encubiertos de las AUC. Claudia López, en su columna de EL TIEMPO afirma que “la revelación más intimidante que hizo Mancuso” fue el anuncio de la extradición negociada con EEUU, pues con ella “los paras pueden despachar con veneno lo que saben”. Agrega: “lo que se mueve entre telones es otra puja. Los “paras” jalando para coger el garrote de la extradición por el mango y el Establecimiento pujando para no perder la zanahoria de la no extradición, que es lo que les sirve para controlar lo que cuenten los “paras”… no solo enredan lo de la extradición sino el TLC, la ayuda militar, la cooperación en derechos humanos, etc. Con razón la irascibilidad presidencial y el nerviosismo del Establecimiento nacional”. Hace ya muchos años, si mal no recuerdo en tiempos del Movimiento Revolucionario Liberal, Alfonso López Michelsen, expresó su temor de que la clase dirigente contribuyera a que la cruenta confrontación liberal-conservadora se convirtiera en una abierta confrontación de clases, entre los que nada tienen y los que lo tienen todo. Al doctor López le tocó vivir ese momento, porque el juicio al paramilitarismo se está convirtiendo en el juicio a la clase dirigente, al mostrarla en toda su desagradable desnudez.

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