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Con estos medios tan limitados el Pentágono pudo impulsar el desarrollo de armas ofensivas estratégicas rusas, como una respuesta al reto estadounidense, prueba de lo cual es el programa de modernización de misiles balísticos intercontinentales (MBI) con base en tierra, que acaba de lanzar el mando militar ruso. En particular, el misil Topol-M, anteriormente configurado como un monobloque, se dotará de ojiva de reentrada múltiple. Resultado de esta modernización han sido exitosos ensayos del misil RS-24, desarrollado a partir de Topol, efectuados a finales mayo y ampliamente comentados por los medios de comunicación.

A decir verdad, el desarrollo de la nueva generación de misiles no corre mucha prisa, tanto por razones políticas como técnicomilitares. Rusia podrá adoptar oficialmente el nuevo MBI con ojiva contra objetivos independientes tan sólo dentro de dos años, puesto que las limitaciones, asumidas por nuestro país a tenor del Tratado de Limitación de Armas Estratégicas Ofensivas todavía siguen en vigor.

Además, se ha aprobado y financiado un factible programa de prorrogar para varios años la vida útil de venerables RS-20 y RS-18, conocidos en Occidente como Satán y Estilete, respectivamente.

La misma historia de desarrollo de armas estratégicas ofensivas demuestra el potencial ruso en la creación del sistema antimisil nacional, como contrapeso a los planes estadounidenses. En este contexto valga la pena recordar que la primera intercepción de una ojiva de misil balístico se efectuó en la URSS hace unos cincuenta años.

Defensa de categoría «A»

"... A la altura de unos 25 kilómetros, previa señal de la computadora desde la Tierra, se hizo explotar la carga rompedora de antimisil, después de lo cual, según la información filmada, la ojiva del misil empezó destruirse en pedazos", decía un informe secreto, presentado en 1961 al entonces dirigente de la URSS Nikita Kruschov, al término de los ensayos del primer sistema de defensa antimisil soviético.

El proyecto de desarrollo del sistema arrancó en 1956 con la construcción de un polígono cerca del lago Baljash, en Kazajstán. Ante los diseñadores, encabezados por Grigori Kisunko, se planteó una tarea conceptualmente nueva, la de aprender a identificar ojivas de misiles balísticos entre etapas de sus vehículos impulsores o sus escombros. Otra dificultad radicaba en que en aquel entonces, nadie tenía una idea acerca de cuán vulnerables eran las ojivas nucleares de misiles, ya que a diferencia de sistemas de defensa antiaérea, destinados a abatir aviones, la misión de un antimisil es destruir precisamente las ojivas de misiles balísticos.

Durante los experimentos realizados a finales de los 50 en Kazajstán y en el polígono en la península de Kamchatka (Lejano Oriente de Rusia), quedó demostrado que era factible detectar misiles balísticos e identificar sus ojivas.

Mientras tanto, en 1958, cuando todavía nadie podía prever el éxito de las pruebas de 1961 y los antimisiles tan sólo acababan de aparecer en tableros de dibujo, el omnipotente Partido Comunista de la URSS planteó poner en servicio operacional hacia 1964 el sistema de defensa antimisil de la zona industrial de Moscú que se dio en llamar A-35. En caso del éxito, el incentivo material de los ejecutivos del proyecto, sobre todo en condiciones de total déficit de la época socialista, era muy impresionante.

En esta situación surgió una dura competencia por parte de la oficina de diseño de Vladímir Chelomey que propuso su propio sistema de defensa antimisil Tarán. Dicho sistema cubriría toda la geografía nacional. Sin embargo, este proyecto fue rechazado, dándose preferencia al sistema A-35, diseñado por el equipo de Grigori Kisunko.

Uno de los rasgos característicos del socialismo soviético era la grandiosa magnitud de los planes. Todavía no empezaron las pruebas en vuelo del A-35, pero el Kremlin ya decidió desarrollar un nuevo sistema antimisil territorial Aurora, así como la segunda fase del sistema de defensa antimisil de la zona industrial de Moscú.

Tal derroche de recursos no dejar de repercutir negativamente en los resultados. Como consecuencia, los primeros lanzamientos de los antimisiles, destinados a proteger Moscú, empezaron sólo en verano de 1970. Pasado un año, este sistema fue puesto en servicio experimental. A fin de cuentas, el sistema de defensa antimisil de Moscú, en la versión reducida, fue puesto en servicio operacional sólo en verano de 1971. Sin embargo, la cúpula dirigente de la URSS no se mostró eufórica por tal evento, para lo cual tenía sus razones.

(Continuará)

Fuente
RIA Novosti (Rusia)