Un DT con alma de maestro… Provengo de una familia de clase media: mi padre fue por treinta años teniente político de la parroquia de Guaytacama y mi madre negociante de granos, actividad que le permitió viajar por todo el país.

Mis padres nos criaron con mucho cariño y nos enseñaron a convivir con valores como la unión, la solidaridad y la honestidad. Así nos educaron, a mí y a mis siete hermanos (yo soy el quinto), e hicieron de cada uno de nosotros profesionales.

La mayoría de mis hermanos son maestros; yo también abrigo esta noble carrera: tengo 22 años de trabajo en el magisterio nacional. Todo comenzó cuando egresé de la Escuela de Educación Física, perteneciente a la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación, de la Universidad Central del Ecuador, en 1986.

Inmediatamente después de graduarme me salió el nombramiento fiscal para dar clases en el colegio Alfonso Laso Bermeo, en el barrio de Las Casas, en Quito. Muchas veces me han preguntado qué ha significado esta profesión para mí, y siempre les he contestado lo mismo: si volviera a nacer, volvería a ser maestro, porque me satisface en el alma ayudar al desarrollo de la juventud, guiándole con conocimientos, pedagogía y didáctica.

Esta misma pedagogía y didáctica, aplicada durante años con diferentes grupos humanos, me ha servido para manejar adecuadamente los distintos equipos de fútbol que he dirigido, especialmente la Selección Sub 20, campeona de los Juegos Panamericanos ‘Río de Janeiro 2007’, y en la Selección de mayores.

Por eso, a veces me irrita cuando ciertos periodistas manifiestan que no tengo experiencia para dirigir un grupo humano tan diverso y complejo como el de los seleccionados nacionales.

Su familia está en el entretiempo

Desde que me hice cargo de la Selección de mayores, mi vida está mucho más agitada, el tiempo se me hace muy corto, por los diversos compromisos que tengo que cumplir.

Lo que me afecta es que el tiempo que pasaba con mi familia se ha reducido notablemente, pero el sacrificio vale la pena; vale la pena luchar por el sueño de millones de ecuatorianos: llegar por tercera vez consecutiva a un mundial de fútbol y sentirse identificados con una selección ganadora, al nivel de cualquier selección del mundo.

Sin embargo, cuando paso con los míos, trato de guiar a mis tres hijos (de 21, 15 y 9 años) con los mismos principios que me educaron a mí; somos una familia muy unida, que se alegra de mis éxitos (que son los éxitos de todo un país) y que me apoya cuando las cosas no salen bien.

Mis padres todavía viven; ellos no creen lo que me está pasando, dicen que parece un sueño… Pero sólo yo sé lo que me ha costado que mis sueños se hagan realidad: estos se han cumplido y se han hecho realidad en base a un trabajo honesto (esto es lo principal) y a los conocimientos adquiridos, pues además de mi licenciatura en Educación Física, me gradué de Director Técnico en Alemania.

En este proceso he sabido aprovechar las oportunidades que me ha brindado la vida: cuando nadie quería hacerse cargo de la selección Sub 20, porque decían que tenía muy poco tiempo de preparación y los muchachos iban a hacer un papelón en Río de Janeiro, yo acepté el desafío y logré la medalla de oro panamericana; cuando la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) me nombró técnico interino para el partido con Perú, en las eliminatorias mundialistas, yo puse el pecho a las balas (la Selección venía de perder todos los partidos en la Copa América Colombia 2007 y los últimos tres partidos de las eliminatorias), y goleamos a Perú 5 – 1; ¿qué hubiera pasado si empataba o perdía? Con seguridad, la FEF hubiera nombrado otro DT.

“Los árabes sostienen que la suerte no existe; que lo que llamamos suerte es la capacidad más la oportunidad”.

“Mi guardaespaldas es el pueblo”

Me siento tranquilo con mi trabajo en la Selección nacional: las posibilidades están intactas para llegar al próximo mundial; debemos ganar nuestros partidos en casa y sacar algunos puntos afuera…

También me tranquiliza sentir el apoyo del pueblo, a donde quiera que voy me saludan, me dan muestras de cariño; pienso que la gente sabe que un DT ecuatoriano siente y defiende más que ningún otro a su Selección; siente que para un DT ecuatoriano nacional el asunto económico no es lo primordial, que le impulsan otras razones, como el sentido de Patria y el valorar lo nuestro.

Respecto a la prensa, ésta ha tenido, en un alto porcentaje, criterios positivos acerca de mi labor; claro que hay de la otra prensa, la que me ataca y cuestiona por todo…

Hay ciertos periodistas que echan de menos mi labor, pareciera que no les gusta que un DT ecuatoriano esté al frente de la Selección. Algunos dicen que no estoy preparado para dirigirla, a pesar de que mis antecedentes y resultados me avalan: campeón panamericano (yo me pregunto, ¿cuándo se volverá a repetir este logro?); la selección de mayores está en carrera hacia el mundial (cuando yo me hice cargo pasaba por una crisis y estaba en los últimos lugares)…

Estos periodistas se agarran de lo más mínimo: si salgo con una bandera del Ecuador antes de cada partido para animar a la gente, me critican. Antes, había un técnico extranjero que salía a bailar, pero a él no le decían nada… Lo de la bandera me nació con el afán de fomentar el patriotismo y la unidad del país en torno a su Selección.

Para estos ‘comunicadores sociales’ todo lo que hago está mal. Es tal vez parte de nuestra cultura mediocre, esta cultura que nos ha enseñado a desvalorar lo nuestro, a no creer en nosotros, y a preferir lo de afuera, lo extranjero. Basta que venga un DT de otro país, de ojos claros y que hable bonito, para que nos convenza a todos, para que nadie le critique y el den credibilidad.

Pero al ecuatoriano le ponen todas las trabas posibles y esto no está bien: debemos estar conscientes de que un buen profesional ecuatoriano, un honesto profesional, está al nivel de los mejores del mundo. Yo defiendo este pensamiento y trato de probarlo.

Con todos estos obstáculos, de cierto sector de la prensa (sector influyente, por cierto), tengo que trabajar. Pero lo que me alegra, repito, es sentir el cariño del pueblo: yo no camino con guardaespaldas, mi guardaespaldas es el pueblo. Sigo siendo el mismo Sixto Vizuete de siempre, un poco más ajetreado quizás…

El héroe de Guaytacama

Desde el año 80 vivo en Quito… Pero siempre he vuelto a mi tierra (está a una hora de camino). Ahora, quiero contribuir en algo al desarrollo de mi parroquia: estoy trabajando, junto a otras personas, en un proyecto de potabilización del agua y en formar escuelas de fútbol en el sector.

De otro lado, el turismo y los negocios se han incrementado en Guaytacama desde que soy el seleccionador nacional: todos quieren conocer la tierra del DT, y de paso prueban las famosas tortillas de maíz, típicas de mi tierra…