En medio de todas las exageraciones, cifras maquilladas e injurias a las organizaciones populares y sus dirigentes que Rafael Correa lanzó por casi cuatro horas en su informe a la nación, hay algo que sorprende, indigna y hasta da risa: el sueño del Presidente de crear la “ciudad del conocimiento”, una universidad de alta tecnología “asociada a una zona especial de desarrollo económico con fuerte iniciativa para que las grandes transnacionales, vengan e instalen sus centros de investigaciones e industrias”.

Decimos que sorprende porque los ecuatorianos no hemos dimensionado aún el nivel de nostalgia que tiene el Presidente de su vida académica en Europa y Estados Unidos. A veces parece vivir en esa nostalgia, porque se desconecta con mucha facilidad de la realidad que vive el Ecuador. Parece añorar tanto esas realidades extrañas, que en momentos se le nota un desdén por lo que es su país, por lo que significa su historia y su gente. Aquí, señor Presidente, no existen universidades de élite, donde los sabios solo hacen ciencia y tecnología, porque somos un país dependiente del imperialismo, somos un país capitalista atrasado, a donde llega la tecnología que estrictamente requiere el capital transnacional para que cumplamos nuestro papel de economía primario-exportadora. Y tenemos las universidades que han producido históricamente la mano de obra para operar la maquinaria de ese tipo de producción. Aunque siendo justos, es obvio que se han dado grandes desarrollos en estas instituciones de educación superior a las que usted descalifica, ya que pese al maltrato que han recibido por parte de los gobiernos de turno, han formado profesionales capaces, dignos, trabajadores, que defienden la soberanía de su patria, con la mira puesta en un futuro solidario y de progreso. Es de ingenuos pensar que con la buena voluntad, única y exclusiva de alguien que se siente el iluminado del país, o con una mágica ley, la universidad cuatoriana se va a parecer, de la noche a la mañana, a las universidades de los países imperialistas, donde las transnacionales son dueñas de la ciencia y la tecnología y por tanto de las universidades. Dice el Primer Mandatario que quiere traer a todos los cerebros que se han fugado del país, y según parece uno de ellos sería el del ex vicepresidente de la República, Alberto Dahik, para quien pidió amnistía a sus asambleístas.

No es extraño pensar que para esa “ciudad del conocimiento”, una universidad de élite, donde solo entrarán genios (como los alumnos abanderados que tuvieron la puerta libre en los colegios de Quito) y no cualquier ecuatoriano, otro de los cerebros a repatriar sea el de Jamil Mahuad, puesto que los jueces de esta “revolución ciudadana” ya han revocado la orden de prisión en su contra, o el de Jorge Gallardo, quien parece haber venido a entregarse por los buenos vientos que soplan para los corruptos de épocas pasadas. O quién sabe también llegue a esa universidad Abdalá Bucarám, seguramente puede tomar cátedra de asignaturas como teatro o canto.

Ya hablando en serio, lo que preocupa profundamente es que pueda estarse cuajando algo así como un pacto de la impunidad, que tendría como telón de fondo, reacomodos de los grupos económicos de poder en el Ecuador. Seguramente la votación unificada entre el gobierno y sectores de la derecha, para aprobar leyes claves como el Código Orgánico de Ordenamiento Territorial, Autonomías y Descentralización, puedan ser la expresión de aquello.

En todo caso, no queda más que acoger la frase que el presidente Correa usa todo el tiempo, porque viene bien para el caso: “PROHIBIDO OLVIDAR ECUATORIANOS”. Recordemos algunas joyas de lo que fue la acción de estos nefastos personajes a los que se los quiere santificar:

Abdalá Bucarám:

La expresión: “se llevó la plata por costales” no es una exageración en este caso. Existen testimonios de que se vio a sus colaboradores: los “pepudos”, sacar costales de dinero de Carondelet, la noche anterior a la fuga de Bucarám del país. Varios son los casos de corrupción a él imputados, entre los más sonados están el de enriquecimiento ilícito y evasión de Impuesto a la Renta, pero probablemente el aduanero sea el más destacable, fue noticia que su hijo “Jacobito” celebró en la discoteca “infinity” el haber acumulado su primer millón de dólares, fruto de los trámites en la aduana, al poco tiempo se compró un auto Porche valorado en ese tiempo en 200 mil dólares. “El loco que ama” ¿podrá lograr algo de ese sentimiento por parte del presidente Correa? Tomemos en cuenta que los votos de su hijo son fieles al gobierno en la Asamblea.

Jorge Gallardo:

Fue ministro de Finanzas de Rodrigo Borja y más tarde de Gustavo Noboa. El fiscal subrogante, Guillermo Mosquera, lo acusó de entrega ilegal de cartera a favor del Banco del Pacífico, cuando esta entidad era privada y Gallardo era su presidente. Luego la Corte expidió una orden de prisión preventiva, pero Gallardo huyó. Ahora está en la cárcel cuatro y confía en que las cosas le resulten según lo planeado ¿Alguien podría pensar que no tenía un plan bien diseñado para venir?

Alberto Dahik:

El 16 de agosto de 1995, siendo vicepresidente de la República, fue enjuiciado penalmente acusado de manejo ilícito de fondos reservados, fondos que habrían servido en su gran mayoría, para comprar conciencias de diputados del Congreso de entonces. ¿Será que ahora esta práctica ya no es mal vista por la “revolución ciudadana”? Junto a él fueron sindicados sus dos secretarios: Gladys Merchán y Juan Crespo, quienes manejaron en unos tres años, 19.000 millones de sucres en siete cuentas del Banco del Pacífico. El día en que la Corte Suprema lo declaró culpable escapó a Costa Rica, donde aún sigue prófugo.

Jamil Mahuad:

No hay mucho que decir, pues el país lo recuerda claramente: fue el causante del mayor atraco que se haya producido en el Ecuador, a través de un feriado bancario decretado en 1999. Los fondos de los ahorristas fueron congelados y solo se comenzaron a devolver después de un año, y a cuentagotas, devalorados por el proceso de dolarización que él mismo inició.

Según se ha dicho, Mahuad dicta cátedra en Harvard. ¿Será ese un buen currículum para la “ciudad del conocimiento” de Correa?