En un informe secreto de unas 30 páginas, el Pentágono clasificó todo ciberataque que paralice sus instalaciones o instalaciones estratégicas (oleoductos, gasoductos, centrales nucleares, etc.) como «actos de guerra».

El Pentágono considera que, contrariamente a la imagen hollywoodense que él mismo ha financiado, los ciberataques de esa envergadura no pueden ser obra de simples individuos y sólo pueden concretarse con ayuda de Estados.

El informe en cuestión ya fue aprobado, lo cual implica que el Pentágono ya está autorizado a utilizar sus misiles para eliminar a los hackers enemigos.

Esta decisión plantea, sin embargo, un problema de reciprocidad. Si Estados Unidos considera los ciberataques contra intereses estratégicos como actos de guerra, sus adversarios también pueden considerarse con derecho a responder de la misma manera a los ciberataques de las fuerzas estadounidenses. La militarización del ciberespacio se integra así a la escalada. Basta con recordar que el año pasado Estados Unidos e Israel desorganizaron el sistema nuclear civil iraní con el virus informático Stuxnet.

Unas 12 páginas del mencionado informe del Pentágono pudieran ser desclasificadas el mes próximo.

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«Cyber Combat: Act of War. Pentagon Sets Stage for U.S. to Respond to Computer Sabotage With Military Force», por Siobhan Gorman y Julian E. Barnes, The Wall Street Journal, 31 de mayo de 2011.