Red Voltaire

Intervención de Felipe Calderón Hinojosa ante la 67ª Asamblea General de las Naciones Unidas

| Nueva York (EE.UU.)
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Excelentísimo Señor Vuk Jeremic, Presidente del 67º periodo de sesiones de la Asamblea General;
Excelentísimo Señor Ban Ki-Moon, Secretario General de las Naciones Unidas;
Señoras y señores Jefes de Estado y de Gobierno;
Señoras y señores:

Por convicción y por historia, México es un aliado estratégico de la Organización de las Naciones Unidas. Como uno de los países fundadores de la ONU, compartimos plenamente sus postulados fundamentales: el respeto a la soberanía de cada nación, la igualdad jurídica entre los Estados, la cooperación para el desarrollo y la solución pacífica de las controversias.

Esta es la última ocasión en que asisto como Presidente de México a la Asamblea General de Naciones Unidas. A Io largo de los últimos 6 años, mi país ha participado en diversos foros para abrir paso a las iniciativas de la ONU. Hemos trabajado para que se consolide como el principal organismo para el diálogo y la paz, para la seguridad y la vigencia plena del derecho internacional.

Hoy el mundo enfrenta desafíos que amenazan la viabilidad misma de la humanidad; retos que exigen una soluci6n global, porque sólo si actuamos conjuntamente podremos superarlos.

El primer desafío es la actual emergencia económica y la urgencia de promover el desarrollo mundial. Es un problema que tiene en crisis a poblaciones enteras y que ha impedido a las naciones en desarrollo abatir rezagos y marginaciones.

Mexico asumió en 2012 la Presidencia del Grupo de los 20 con una misión muy clara: conciliar los intereses aparentemente opuestos de países desarrollados y en desarrollo.

Como muchos saben, en la reunión previa del G-20 en Cannes no se avanzó todo Io que hubiéramos deseado en la adopción de medidas para reactivar la economía internacional. Por eso, la Presidencia mexicana se propuso construir consensos más amplios.

Incorporamos al proceso a un mayor número de países y de sectores como empresarios, sindicatos, organizaciones ciudadanas y jóvenes, y llevamos sus propuestas al pleno del G20.

Durante varios meses se celebraron numerosas reuniones ministeriales para acercar posiciones aparentemente divergentes. Este trabajo fue crucial para que en la Cumbre del G- 20 en Los Cabos, alcanzáramos Iogros significativos. Si bien es cierto que todavía meses antes había comenzado a surgir la duda acerca de la viabilidad misma del euro como moneda única para varios países europeos, en la reunión de Los Cabos se refrendó un sólido compromiso no só1o con la unidad monetaria, sino con la unidad financiera, fiscal y política de la zona del Euro. Se precisaron y ampliaron los compromisos de las instituciones financieras internacionales, especialmente de las europeas y del Fondo Monetario Internacional.

Entre los Iogros más significativos destaca un Plan de Acción ambicioso con el propósito de avanzar hacia la recuperación económica. Asimismo, se acordó la mayor aportación de recursos al Fondo Monetario Internacional en la historia.

Es cierto, los problemas financieros en ciertos países de Europa subsisten, pero en nuestro punto de vista la perspectiva es ahora mejor que la que prevalecía antes de la reunión el G-20. Este compromiso de los países del G-20 ha sido, a mi juicio, un elemento valioso para que hoy la economía mundial empiece a registrar perspectivas de recuperación cuando menos en el mediano plazo. Por eso pienso que este año se ha dado un punto de inflexi6n en las perspectivas econ6micas y debemos abonar todos a que puedan materializarse cada vez mejores escenarios.

EIIo, sin embargo, no debe disuadirnos de continuar redoblando esfuerzos a fin de superar definitivamente la crisis global y así impulsar el desarrollo de nuestras sociedades.

Quiero subrayar que nuestro objetivo en la Cumbre de Los Cabos no fue sólo superar la crisis internacional, sino que además las naciones recuperaran el crecimiento con un enfoque sustentable. Colocamos en la agenda tres temas de la mayor importancia: crecimiento verde, al que me referiré más adelante, seguridad alimentaria e inclusión financiera. Respecto a este último, quiero subrayar que el hecho de que 2.7 billones de adultos en el mundo no tengan acceso a servicios financieros representa un obstáculo para la eficiencia de nuestras economías y para la justicia social. Por eso, en México hemos ampliado el acceso de la población a los servicios financieros. Hoy los bancos ofrecen cuentas con requisitos simplificados. Se estableció la banca por teléfono celular y, mediante corresponsales bancarios, se brindan servicios financieros en Iocalidades remotas. Además, una gran cantidad de apoyos gubernamentales a los más pobres, entre ellos "Oportunidades", un programa de transferencias económicas para 6.5 millones de familias pobres en el país -que están condicionadas a que las madres de familia Ileven a los hijos a la escuela y al médico- se entregan a través de tarjetas de débito asociadas a cuentas bancarias individuales, por primera vez disponibles para ese sector de la población. Gracias a estos esfuerzos, en los últimos tres años se ha triplicado el número de ventanillas para realizar transacciones bancarias.

El otro tema que impulsamos en el G-20 con el objetivo de mejorar la situaci6n de los más pobres es la seguridad alimentaria. Concretamente, Iogramos acuerdos para promover una mayor inversión pública y privada en agricultura, a fin de incrementar la producci6n de alimentos. En el G-20, demostramos que es posible encontrar soluciones tanto a los problemas más urgentes, como a los desafíos de largo plazo.

Señor Presidente:

El segundo reto al que quiero referirme es el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que sintetizan los anhelos de nuestros pueblos por un desarrollo humano sustentable. En mi país, a pesar del alza inusitada en el precio internacional de los alimentos y la severa crisis econ6mica mundial, hemos avanzado con firmeza en el cumplimiento de esos Objetivos.

Máxico está cumpliendo con las metas del Milenio. A 3 años de que venza el plazo fijado, alcanzamos ya la cobertura universal en educación primaria y eliminamos la brecha educativa entre hombres y mujeres. Además, hemos hecho realidad uno de los principales anhelos de cualquier nación: la cobertura universal en salud. Esto significa que en nuestro país hay médico, medicinas, tratamiento y hospital para cualquier mexicana o cualquier mexicano que Io necesite. EIIo nos permitirá cumplir los compromisos asumidos en reducción de mortalidad materna e infantil, así como en el control de enfermedades trasmisibles. También hemos Iogrado progresos por encima de las metas acordadas en el acceso de los mexicanos al agua potable, a las tecnologías de la información y a una vivienda digna. Todos estos avances nos colocan en tiempo y en ruta para cumplir los Objetivos del Milenio en el plazo establecido.

En el ámbito global, México es consciente de que los avances son desiguales. Pero ello no debe ser motivo para claudicar en nuestros esfuerzos. Debemos blindar el avance alcanzado y darle continuidad. Esto es esencial para transitar hacia una segunda generación de objetivos que sean universales, medibles y adaptables a las distintas realidades nacionales, en temas como equidad, crecimiento verde, educación, empleo, alimentación, acceso al agua y gobernanza internacional. Estos temas deben ser parte medular de la agenda de desarrollo post 2015.

Pero sobre todo, Señor Presidente, la agenda de desarrollo post 2015 demanda un nuevo compromiso de la comunidad internacional. Es indispensable renovar nuestra concepci6n de desarrollo y requerimos que el cambio comience aquí en las Naciones Unidas, con base en los procesos iniciados en la Conferencia Rio + 20.

Señor Presidente:

El tercer desafío es el cambio climático. Su impacto puede ser irreversible, tanto para la sociedad como para los recursos naturales. México busca utilizar todas sus capacidades para despertar un sentido de responsabilidad en esta lucha mundial contra el calentamiento global. Por ello, creamos un programa especial para combatirlo, en el que nos comprometimos a disminuir 50 millones de toneladas de bióxido de carbono anuales al 2012. AI término de este año habremos cumplido esa meta. Además, somos el único país en desarrollo que ha entregado cuatro comunicaciones nacionales a la convencion marco de cambio climático. Este año, les informo que hemos concluido la Quinta Comunicación Nacional. Hoy mismo haré entrega, Señor Presidente, de la Quinta Comunicación a nombre de México a esta Organización de las Naciones Unidas. En ella no sólo reportamos el cumplimiento de compromisos, sino además mostramos que hemos desvinculado el crecimiento económico de las emisiones de gases de efecto invernadero. Entre 1990 y 2010 nuestras emisiones de bióxido de carbono crecieron 40% por debajo de la tasa de crecimiento económico.

En mi país estamos superando el falso dilema entre proteger el ambiente o promover el desarrollo económico. Estamos haciendo ambas cosas al mismo tiempo. Mediante Proárbol, un programa de Pago por Servicios Ambientales, retribuimos económicamente a los dueños de los bosques para que los cuiden y proporcionen servicios ambientales.

Además, en 6 años plantamos mil 300 millones de árboles y decretamos más de 3 y medio millones de hectáreas como Áreas Naturales Protegidas. Así redujimos la tasa neta de deforestación de 350 mil hectáreas anuales en la década de los 90, a 150 mil hectáreas entre 2005 y 2010, según la FAO.

En la misma línea hemos promovido acuerdos globales para enfrentar el cambio climático. En la COP 16 de Cancún se concretaron los acuerdos para operar el esquema de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación, REDD+, que permitirá a las naciones en desarrollo contribuir a la reducción de emisiones al conservar sus bosques. La mayor riqueza de las naciones no industrializadas es su capital natural, y gracias a este mecanismo se verán recompensadas económicamente por sus esfuerzos.

Este acierto es una muestra del potencial que se abrió en la lucha contra el calentamiento global con los Acuerdos de Cancún. Con ellos, Iogramos zanjar diferencias entre países desarrollados y en desarrollo y alcanzamos consensos que representan el mayor avance en mucho tiempo en la construcci6n de un régimen internacional para enfrentar el cambio climático. Destacan los significativos compromisos de reducción de emisiones, el pronunciamiento para no rebasar el umbral de riesgo de 2 grados en el aumento de la temperatura del planeta, un marco institucional para la adaptación al calentamiento global, así como mecanismos de financiamiento y transferencia de tecnología. Estos avances se fortalecieron en la Plataforma de Acción de Durban en 2011, que augura un futuro prometedor en esta causa global.

Las iniciativas de México para conciliar crecimiento y sustentabilidad han encontrado eco en diversos foros internacionales. Por ejemplo, al frente del comité de comercio e inversión de la APEC, mi país impulsó la reducción de aranceles a 54 bienes ambientales, como turbinas eólicas, calentadores solares, filtros purificadores y otros. De esta manera, se fomentará la transferencia de tecnologías verdes en la región Asia-Pacifico. Sin duda, esta es una medida positiva que valdría la pena explorar a escala mundial.

Bajo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, todos los países deben hacer la parte que les corresponde. Se trata de que todas las naciones clave participen con metas de reducción de emisiones significativas, pero también de que se reconozcan las circunstancias de cada una de ellas para alcanzarlas. Todos debemos comprometernos con un crecimiento económico que sea respetuoso de los recursos que son de todos.

Señor Presidente:

El cuarto desafío es la delincuencia organizada transnacional, una de las más graves amenazas globales de nuestros tiempos. Las organizaciones criminales articulan redes de operación en torno a los grandes flujos ilegales de drogas, armas, dinero y trata de personas, para controlar su oferta y demanda, y así cobrar las rentas que generan estos mercados ilícitos. Bajo esta lógica, buscan controlar territorios y cooptar gobiernos. Aprovechan la debilidad o la corrupci6n institucional para establecer cotos de impunidad. Se enquistan en las comunidades, en donde también controlan delitos como la extorsión, el robo y el secuestro. El crimen organizado es una de las principales causas de violencia regional, y una de las mayores amenazas para los Estados y las democracias.

México ha padecido las consecuencias de años de inacción ante la expansión del fenómeno delictivo. Por ello, proteger a los mexicanos de la criminalidad ha sido, para mi Gobierno, un imperativo legal, político y moral: un imperativo categórico. Hemos combatido con determinación esta amenaza, convencidos de que nuestro principal deber es proteger alas familias. AI mismo tiempo, hemos impulsado una transformación institucional histórica, para desarrollar nuevas y mejores capacidades policiacas y judiciales en la lucha por la seguridad, las libertades y la legalidad.

No obstante, con profundo pesar, México observa que la determinación con la que combatimos a las organizaciones criminales no encuentra una respuesta similar de otras naciones. Por ejemplo, lamentamos que la Conferencia Diplomática realizada aquí en julio pasado no Iograra un acuerdo para la adopción del Tratado sobre Comercio de Armas, Io que habría sentado bases para controlar la venta irresponsable de armas de alto poder al crimen organizado transnacional.

Por ello, México impulsará un Tratado que limite o prohíba la transferencia de armas convencionales cuando exista el riesgo de que estas puedan ser utilizadas para cometer violaciones al derecho internacional.

Pero el tráfico de armas es sólo una arista del complejo conjunto de factores que alimentan y permiten la expansión del crimen organizado transnacional. Hoy, tenemos que reconocer una verdad indiscutible: el consumo de drogas ilegales en muchos países desarrollados está causando violencia y miles de muertes en los países de producción y tránsito.

Los países consumidores de drogas no han avanzado, al menos de manera relevante, en la reducción del consumo. Y aquí hay mucho trabajo por hacer en materia de reducción de la demanda y prevención de adicciones. Se requiere redoblar esfuerzos para atender este problema de salud pública: políticas preventivas contra las adicciones y campañas en los medios de comunicación que hagan entender a los jóvenes de todo el mundo que las adicciones son la esclavitud del siglo XXI.

Pero al margen de eso, necesitamos recordar que el mayor poder de las organizaciones criminales proviene de los multimillonarios recursos económicos con los que se financian, recursos que a su vez fluyen desde los principales países consumidores de droga.

Mientras ese flujo no se detenga, la delincuencia organizada seguirá comprometiendo y acechando gobiernos y sociedades. Por eso ha Ilegado el momento de que los países consumidores evalúen con toda honestidad si cuentan con la voluntad y la capacidad para reducir el consumo de drogas de manera significativa. De no ser así, es urgente que tomen ya acciones contundentes para reducir los extraordinarios flujos de dinero que terminan en manos de las organizaciones criminales.

Hasta ahora se ha seguido un enfoque bien intencionado: alejar la droga de los jóvenes mediante el combate legal a la oferta. Pero esto tiene un problema fundamental: las enormes ganancias derivadas del mercado negro, provocado por la prohibición, han exacerbado la ambición de los criminales y aumentado el masivo flujo de recursos hacia sus organizaciones. Esto les permite crear redes poderosas y les da una capacidad de corrupción prácticamente ilimitada, dejando inermes a sociedades y gobiernos, especialmente en las naciones más pobres.

Es aquí donde está el principal problema. La creciente demanda de drogas les da a los criminales el poderío económico para sobornar casi a cualquier autoridad. Y, por otro lado, despierta en ellos tal ambición que los hace cometer los más atroces actos de crueldad y de violencia. El dinero de los consumidores de droga está causando así la muerte de miles y miles de jóvenes en América Latina por la violencia asociada al narcotráfico. Y en particular, las naciones que estamos sufriendo de manera más aguda los efectos devastadores de esta situación somos las naciones ubicadas entre la zona productora de los Andes y el principal mercado de drogas: los Estados Unidos.

De ahí que en diciembre de 2011, los Jefes de Estado y de Gobierno del Mecanismo de Concertación de Tuxtla y el Presidente de Chile hayamos emitido en Mérida una declaración conjunta en la que expresamos la urgencia de Iograr una sensible reducción en la demanda de drogas ilegales por parte de los países consumidores. También dijimos que, si ello no es posible, las autoridades de esos países deben entonces, explorar todas las alternativas para eliminar las ganancias exorbitantes de los criminales, incluyendo opciones regulatorias o de mercado, orientadas a ese propósito.

Meses más tarde, en el marco de la Sexta Cumbre de las Américas en Cartagena, Colombia, los mandatarios de América Latina reiteramos nuestra preocupaci6n y nos pronunciamos por la necesidad de analizar y de revisar diversas opciones, a fin de fortalecer, con un enfoque multinacional, las políticas públicas orientadas a combatir este flagelo. La Cumbre de Cartagena acordó por unanimidad de todos los pueblos de América ahí reunidos el desarrollo de un esquema hemisférico contra la delincuencia organizada transnacional a través de una entidad coordinadora que armonice las estrategias y acciones de los Estados americanos.

Hoy, propongo que la Organización de las Naciones Unidas haga una valoración profunda de los alcances y los límites del actual enfoque prohibicionista en materia de drogas. Eso no implica que se deba bajar la guardia ni ceder un solo milímetro a las organizaciones criminales. Lo que significa es que los países debemos asumir las responsabilidades comunes pero diferenciadas que nos corresponden para enfrentar este problema.

En cualquier caso y cualquiera que sea el marco regulatorio sobre el tema de drogas, todas las naciones y particularmente las que estamos en desarrollo están Ilamadas a implementar una política en tres ejes: 1) combatir la criminalidad; 2) fortalecer las leyes y las agencias e instituciones encargadas de hacer cumplir esas leyes, en particular mediante la depuraci6n y fortalecimiento de cuerpos policiacos, fiscalías, ministerios públicos y poderes judiciales; y 3) restaurar el tejido social, mediante la ampliación acelerada de oportunidades de educación, salud y esparcimiento para los jóvenes y adolescentes, y la puesta en marcha de políticas activas y masivas de prevención y tratamiento de adicciones entre ellos. Así estamos tratando de hacerlo en México. Estas tres vertientes son un imperativo para cualquier Estado democrático, sin importar cuál sea su postura y su política de combate a las drogas.

Por su parte, las naciones desarrolladas deben también asumir su responsabilidad. Si ellos no pueden o no quieren reducir el consumo de drogas, al menos deben detener el flujo exorbitante de recursos que financia a los criminales. Y si esto no se puede, tal vez sea el momento de reconocer la necesidad de explorar otras alternativas, incluyendo alternativas de mercado, para resolver este problema que ha convertido a Latinoamérica en la región más violenta del mundo.

Es tal vez el momento de que la ONU no sólo participe en este análisis, sino que encabece un serio y profundo debate internacional que permita hacer un balance, por una parte, de los alcances y limitaciones del actual enfoque prohibicionista, y por otra, acerca de la violencia inhumana que genera la producción, el tráfico y la distribución de drogas en el mundo. Este balance, finalmente, debe examinar con honestidad y rigor académico cuales pueden ser las mejores alternativas, explorando incluso las alternativas regulatorias o de mercado, que nos permitan terminar, a todas las naciones juntas, con este flagelo que está costando miles y miles de vidas cada año.

Así como la ONU examina y aporta soluciones para vencer problemas globales que amenazan la integridad, la salud y la vida de millones de personas en el mundo, como las hambrunas, las epidemias y el cambio climático, es hora de que también entre en acción para detener esta ola de muerte que está causando tanto sufrimiento a nuestros pueblos. Yo urjo a Naciones Unidas a que no sólo participe, sino que encabece una discusión a la altura del siglo XXI que, sin falsos prejuicios, nos pueda llevar a todos a encontrar las soluciones a este problema bajo nuevos enfoques.

Señor Presidente:

Además de atender estos cuatro desafíos, como comunidad mundial necesitamos fortalecer a la ONU desde adentro para que responda mejor a los retos globales. Una primera tarea en este sentido es Iograr una reforma realista y democrática del Consejo de Seguridad, para hacerlo más representativo y preservar su capacidad de acción mediante el mejoramiento de sus métodos de trabajo y la rendici6n de cuentas por parte de sus miembros.

Por ello México celebra, Señor Presidente, que haya Usted propuesto como tema central para este periodo de sesiones la solución pacífica de las controversias, una cuestión crucial para la convivencia civilizada y la cooperación entre las naciones.

México es una nación comprometida con la concertación de acuerdos para la construcción de un mundo mejor. Nos preocupa la debilidad o inacción de nuestras organizaciones ante violaciones flagrantes al derecho internacional.

La grave situación en Siria es un peligro para la paz mundial. Condenamos sin ambages la represi6n del régimen de Damasco y la violencia generalizada que está diezmando a la población civil y ha provocado ya una crisis de refugio en los países vecinos.

La parálisis del Consejo de Seguridad ante crisis como la de Siria debe hoy relanzar nuestra voluntad política para avanzar en la necesaria transformaci6n de nuestra Organización, a fin de adaptarla a las exigencias del mundo contemporáneo.

Para México, aumentar el número de miembros permanentes del Consejo no es ni será nunca la vía para democratizar este órgano o hacerlo más eficiente. EIIo se Iograría con la ampliaci6n de la categoría de miembro no permanente del Consejo y la creación de asientos de largo plazo, con reelección inmediata, Io que favorecería la rendición de cuentas ante la Asamblea General.

Señor Presidente; señoras y señores:

Mi gobierno concluye dentro de pocos meses. Me enorgullece que M6xico cuente ahora con una economía sólida, estable, y cada vez más competitiva y generadora de empleos. Con satisfacción puedo afirmar que México es hoy más fuerte, justo y próspero. Así Io demuestran nuestros índices de desarrollo humano en educación, salud, vivienda, empleo y seguridad social. Reitero que México cumplirá suficientemente con las metas del Milenio establecidas por esta gran Organización.

En el tema de seguridad hemos combatido con determinación a las bandas criminales, actualizado las leyes y emprendido una profunda restructuración institucional. AI mismo tiempo, hemos avanzado en la consolidación de una cultura democrática y en el respeto de los derechos humanos.

Sobre todo, me enorgullece dejar un México que mantiene profundas relaciones de amistad y cooperaci6n con todas las naciones; un México que participa activamente en la construcción de un mundo de paz, justicia, seguridad y desarrollo.

Queremos libertad para los hombres, justicia y respeto a los derechos humanos en nuestras sociedades, un medio ambiente respetado que permita que nuestro querido planeta tierra nos dure para siempre y democracia sin la cual no hay libertad y no hay verdadero desarrollo. Y, desde luego, queremos, buscamos y deseamos paz en la tierra a los hombres de buena voluntad; paz a todos ustedes.

Muchas gracias.

Felipe Calderón Hinojosa

Felipe Calderón Hinojosa Presidente del Partido Acción Nacional (1996-99). Secretario de Energía (2003-04). Presidente de México (desde deciembre de 2006).

 
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