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Derechos humanos bajo el manto de la manipulación

Desde que los hombres aprendieron a buscar mecanismos para comunicarse y dejar para la posteridad la historia de su desarrollo, y cuando nadie desde el fondo de una cueva o preocupado por el sustento diario se imaginaba siquiera que al menos tenía el elemental derecho a la vida, comenzó a gestarse la esencia de lo que sería, mucho tiempo después, el término de derechos humanos.

| La Habana (Cuba)
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No a partir de la teorización del concepto, sino de la práctica de la vida misma.

La historia de la humanidad está repleta de actos de barbarie, explotación y exterminios masivos, incluidas dos guerras mundiales, antes de que en 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos los situara en el terreno del derecho internacional.

El 16 de diciembre de 1966 la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) adoptó en esa materia dos pactos internacionales: el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el de Derechos Civiles y Políticos.

Ambos, junto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, constituyen la Carta Internacional de Derechos Humanos, que refrenda todos los que tiene cada ser humano al nacer.

Desde ese momento la ONU ha pretendido mediante varios instrumentos legales preservarlos, pero sin mucho éxito pues han perdido su esencia para convertirse en un mecanismo político de las grandes potencias, dirigido a satanizar gobiernos progresistas o incómodos a los intereses geopolíticos imperiales.

Hoy, Día de los Derechos Humanos en todo el planeta, duele constatar cómo preceptos humanistas nacidos con el fin de garantizar el derecho a la vida, la igualdad ante la ley, la libertad de expresión, al trabajo, la seguridad social y la educación, entre otros, se han prostituido bajo el doble rasero impuesto por el llamado Primer Mundo.

Aunque la casi totalidad de las naciones se adscribió al menos a uno de los pactos, además con carácter vinculante, y no obstante funcionar sistemáticamente en Ginebra el Consejo de Derechos Humanos, en la práctica cada vez es más difícil su concreción.

¿Cómo explicar que mientras el Derecho Internacional se pronuncia contra la discriminación racial, la tortura, las desapariciones forzosas, y a favor de la atención a las personas con discapacidad, a los derechos de la mujer, los niños, los migrantes, de las minorías y los pueblos indígenas…, las políticas primermundistas los violan impunemente?

Sería prudente, para hablar con seriedad, que los centros de poder redefinan el concepto, confiesen si los millones de millones de ciudadanos del mundo subdesarrollado son considerados seres humanos y, en consecuencia, expliquen por qué carecen de representatividad en las grandes cumbres y convenciones.

Que redefinan, además, si a los prisioneros de la base naval de Guantánamo, territorio usurpado a Cuba, los están considerando también, y se argumente la razón por las cuales permanecen en un limbo jurídico y sufriendo horrorosas torturas.

Este 10 de diciembre se arriba al aniversario 67 de la Declaración de los Derechos Humanos: ¿Podrán entonces alzar su voz los más de 840 millones de hambrientos en el mundo? ¿Podrán empoderarse ante la opinión pública los más de 770 millones de analfabetos?

¿Acaso los países imperialistas renunciarán a una parte de los gastos militares para salvar la vida de los más de 6 millones de niños que cada año perecen por enfermedades curables y muchas veces, incluso, prevenibles?

¿Cambiará este día la suerte de aquellos mendigos ajenos al glamur de novelas y películas edulcorantes, que perviven en otro mundo casi sin rostro para las grandes trasnacionales de la... ¿información?

¿Encontrarán los territorios miembros de la ONU solución a los problemas de millones de habitantes que viven por debajo del índice de pobreza, paradójicamente en las naciones más ricas, a los inmigrantes obligados a huir de su país por guerras promovidas por las naciones del norte con el objetivo de apropiarse de sus recursos naturales, y aquellos cuyo brutal impacto de la crisis cíclica del capitalismo les hizo perder hasta sus viviendas?

¿Se visualizarán este 10 de diciembre las víctimas de la represión policial y la xenofobia? ¿Tendrán voz los menores involucrados a la fuerza en conflictos militares, prostitución o envueltos en el nefasto negocio de la trata de órganos?

¿Podrá el planeta al fin garantizar los más elementales derechos del pueblo de Palestina? ¿Cesará el veto del Consejo de Seguridad de la ONU que impide poner fin a la impunidad con la cual Israel masacra a ese pueblo?

¿Cuándo se acaben las fanfarrias por la magna celebración habrá cambiado la suerte de los países progresistas que sufren la agresión mediática de las trasnacionales imperialistas y las sanciones económicas unilaterales?

Cuba, nación vilipendiada por su decisión de defender su soberanía a cualquier costo, también festejará este 10 de diciembre, pero bajo otra connotación.

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Los cubanos, pese a las dificultades económicas actuales, tienen garantizado de hecho y de derecho el acceso al trabajo, la educación, la salud, la seguridad social, el deporte, la cultura… entre otros muchos.

Los niños, el bien más preciado de la sociedad, están legalmente protegidos y ninguno está obligado a trabajar o deambular por las calles para vivir.

La mujer cada vez ocupa en lugar más cimero y la igualdad de género se evidencia por día.

Este 10 de diciembre los parques, escuelas, centros culturales y espacios púbicos serán, como ya es habitual, escenarios de celebración porque ningún cubano engrosará las filas de los hambrientos, analfabetos o muertos por enfermedades curables.

La mayor de las Antillas está de fiesta por los derechos conquistados.

Fuente
Agencia Cubana de Noticias
La Agencia Cubana de Noticias (ACN) es una división de la Agencia de Información Nacional (AIN) de Cuba fundada el 21 de mayo de 1974.

Artículo bajo licencia Creative Commons

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