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Protestas en Ecuador
Foto Indymedia Suisse Romande

La pérdida de legitimidad política y popularidad de un gobierno, y la existencia de numerosas causas para su derrocamiento, no equivalen a la emergencia de una situación insurreccional. Esta es una lección imprescindible del fracaso del levantamiento para destituir a Gutiérrez, que se cumplió estos días en Ecuador, convocado por el Movimiento Popular Democrático, la Coordinadora de Movimientos Sociales, la FENOCIN y el Frente Unitario de Trabajadores, del cual el liderazgo de la CONAIE, que se había comprometido ha apoyarlo, forzado por el desdén de sus bases, se distanció a última hora.

Las diversas manifestaciones básicamente estudiantiles, reprimidas violentamente, en distintas ciudades del país expresaron el repudio popular a la gestión gubernamental, pero estuvieron muy lejos de configurar una insurrección capaz de reeditar el histórico 21 de enero del 2000. La sustitución de la realidad por las ilusiones y decisiones arbitrarias de los dirigentes, les ha conducido una vez más, a una amarga derrota y ha otorgado una victoria gratuita al gobierno de Gutiérrez.

Ya ha ocurrido. Pasó con el paro petrolero, en el cual con enorme coraje los trabajadores del sector, paralizaron el suministro de combustibles y numerosas operaciones de Petroecuador. Pero terminó en un fracaso. Inevitable, por una táctica que se basó en una convocatoria precipitada, la que en lugar de fortalecer la acción laboral y de integrar el apoyo popular, favoreció su cerco, aislamiento y finalmente su derrota.

Ocurrió con la heroica huelga de los maestros de la Unión Nacional de Educadores, levantada a fines de Diciembre con un acuerdo lesivo al magisterio. La acción gremial fue conducida a un callejón sin salida con una huelga de hambre, en la que como siempre, participaron los elementos más conscientes y decididos, pero que, en lugar de fortalecer el paro, lo debilitó al forzar una salida desesperada.

La aducida traición de Gutiérrez a los movimientos que coadyuvaron decisivamente en su elección, Pachakutik, el MPD, la Coordinadora de Movimientos Sociales y a sus electores, que votaron en la búsqueda de cambios fundamentales que no se iniciaron nunca, se reveló como insuficiente para configurar una insurrección que derribe al gobierno.

¿Por qué? Será por el fracaso del cogobierno, en el contexto del cual se suscribió la carta de intención y el acuerdo stand by con el Fondo Monetario Internacional que se transformó en la columna vertebral de la política del régimen, a pesar del cual, el cogobierno se mantuvo. Será porque las direcciones políticas no pueden evadir su responsabilidad en la elección de Lucio como candidato y en las consecuencias de su gobierno. Será porque su actuación en el cogobierno no levantó ninguna perspectiva capaz de fortalecer y desarrollar la correlación de fuerzas favorable a cambios reales, creada por la victoria electoral.

Será porque, a excepción de la Coordinadora, que más mal que bien, por lo menos lanzó el paro petrolero, el MPD y Pachakutik abandonaron el gobierno sin una lucha real por defender las causas que les llevaron a él, entregándolo a la derecha. Será porque todavía no se ha iniciado una autocrítica responsable que permita a cada una de las organizaciones aprender de los aciertos y errores del proceso, reunificar a sus propias fuerzas y recuperar su programa, identidad, significado y capacidad de convocatoria. Será porque, destacamentos de lucha fundamentales como los maestros, fueron extenuados en una prolongada huelga que concluyó con resultados adversos semanas antes del anunciado gran levantamiento.

Será porque a diferencia del 21 de enero del 2000, no se convocó a los Parlamentos de los Pueblos, capaces de garantizar una efectiva participación protagónica de todos los sectores y las definiciones políticas se restringieron a las cúpulas dirigentes. Será porque, como lo dijo Trotsky ante el tribunal zarista que lo juzgó por la revolución soviética de 1905, “una insurrección de masas no se hace, se cumple por sí misma. Es el resultado de una serie de relaciones sociales, no el producto de un plan”.

Todas las respuestas, necesarias para defender al movimiento popular ecuatoriano que ha realizado enormes manifestaciones de coraje y heroísmo, en la búsqueda de un camino para superar la crisis en la que se debate, apuntan a la necesidad de resolver la crisis de dirección política.