Dedicado a Kimberly Delaney

Gastón ha cambiado. De la zona de fumadores ha pasado a la zona de no fumadores en el Café Bohemia. Siempre está alegre, tenso pero alegre: tiene un teléfono celular encriptado, una laptop con móvil Digitalway y el convencimiento absoluto que aunque ya casi es media noche, valió la pena pasar el día entero en el segundo piso del Poder Judicial, trabajando como tecnócrata de la reforma judicial y organizando las actividades que desnudaran la crisis de los procesos anticorrupción, que ni Luis Moreno Ocampo o Alberto Binder avalan ahora.

Su labor es diversa y saturada. Inventar términos de referencia, cotejar propuestas técnicas, filtrar los papeles que llegarán a USAID, adecuar todos los papeles a los requisitos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), atender los pedidos de los administradores judiciales, acomodar cifras y estadísticas con la Gerencia General, discutir con los consultores y atender bien, aunque a regañadientes a David “Toribianito” Lobatón del IDL.

Gastón está atento a que sus lecturas del balance scorecard, término up to date en asuntos de desarrollo organizacional, le sirvan de algo para impactar al Consejo Ejecutivo. Mientras esto ocurre le han puesto sobre la mesa una cusqueña ligth. Levanta su mirada y ya no ve la cámara interna que vigila sus gestos y sus juegos de patriota, harto de ver la masacre en Ilave, el fallo judicial en el caso Utopía, lo arcaico de los juicios anticorrupción. No sabe si seguir avalando con sus memos y sus mails internacionales un proceso de reforma judicial que ni siquiera ha empezado: lamenta que la Comisión Andina de Juristas haya perdido la partida en los temas ejes del Ceriajus y haya sido el falso Consorcio Justicia Viva quien tenga ahora una posición de dominio.

Ahora son las imágenes de la televisión por cable: CNN está transmitiendo imágenes sobre Perú, Fernando Rospigliosi insiste en quedarse aunque todos los partidos políticos incluido el gobierno, quieren que se vaya. Rospigliosi sabe que es suicida frente a los embates populares, ofrecer su cabeza, pero igual, el tema ya esta decidido

Todo el Café Bohemia se ha detenido: hay un niño de once años sobrino del alcalde asesinado que fue apedreado sólo por su condición de familiar. Igual pasa con la voz de la viuda: su marido nunca habría robado nada, pero igual fue sacrificado. La gente no se sabe si volver a poner la bandera peruana grandota que acompañó la decoración en los días de la crisis de los rehenes, la caída de Fujimori o el partido de fútbol Perú- Brasil. Cada canal de televisión tiene su propio alcalde y su propia muchedumbre en exclusiva. Da ganas de saltar a Antena tres y devorarse con los bebes el programa de Manolito Gafotas y la chiquillada de Carambanchel.

Las imágenes desde Palacio de Justicia, sólo nos producen indignación. No hay Oficina de Imagen institucional que pueda hacer algo al respecto. Los vocales supremos han demostrado un desprecio oficial por la relación con los medios de comunicación. Pero hoy, cuando más allá del modelo chileno de juzgamiento penal, una comunidad urbana a quince minutos del Palacio de Gobierno prefiere masacrar al ladrón antes que llevarlo a un modulo básico de Justicia o cuando la propia primera dama en un exabrupto emocional asume funciones jurisdiccionales frente al caso Baruch. Esa frase “yo voy aa hacer que te metan preso”, será reproducida en todos los foros internacionales.

Gastón ha sentido un estremecimiento similar al que tuvo hace seis años cuando vio que la reforma judicial anterior se degeneraba. Se sentía muy mal como tecnócrata de una "dictadura” y no de una "democracia” como lo gritaban los estudiantes universitarios cuando pasaban frente al Palacio de Justicia. Hoy se siente mal de ser el tecnócrata de una reforma que ni siquiera tiene un plan estratégico. Siente vergüenza de formar parte de un régimen que se puede desbaratar por unas firmas falsas, unas cuentas cifradas o un DVD.

Según Javier Mujica de CEDAL la Reforma Judicial tiene tres niveles en su ejecución: la operatividad técnica, la lógica sistémica de sus acciones en pro del usuario y el entorno político de sus fines. Existen tecnócratas para cada uno de esos niveles.

En la operatividad técnica sobre jueces y despacho judicial no hay problema. Cualquier grupo político avalará los avances de infraestructura, informática y maximización modular de las oficinas judiciales (como le dicen en el país vasco). Se advierte un regreso al juez gerente a partir del nuevo diseño de los juzgados comerciales, eso asusta.

En la lógica sistémica en función del usuario sí hay discusión, pues no es posible que la Gerencia General crea que todo lo está haciendo a la perfección. La petulancia de la gran capacidad ejecutiva pierde peso cuando se le pregunta a Gastón: ¿sabe cuál es la finalidad de todo esto? ¿o tiene una visión del conjunto de la reforma? Ese es el delgado hilo que separa a un buen ejecutivo de un buen gerente. Por ello el Poder Judicial debe tener una tecnocracia ejecutiva con una visión sobre el escenario luego de los cambios radicales que pueden ocurrir en el plano político.

Y finalmente, en el entorno político es más probable que todos los Gastón que trabajan en el Poder Judicial y que no son más de diez se enteren de las cosas rumbo a casa en su nuevo auto o en el boletín informativo. Sólo saben que antes se trabajaba en las madrugadas, como workahólicos listos a enfrentar la pereza de la mayoría de jueces y del propio Hugo Sivina

La reforma judicial no es una parcela privada que haya sido entregada en concesión para el usufructo de un grupo de peruanos. Nadie debe olvidar que la reforma es un reto cotidiano. Es mejor ser un tecnócrata de la reforma bajo una democracia que bajo una dictadura. Pero si esa democracia se hace jacobina y persecutoria la vergüenza es doble.

El entorno confunde a Gastón: le repugna la idea de servir a la izquierda judicial, de estar sentado en el almuerzo del Centro Iris y los vocales supremos, le molesta ser pieza activa de una sociedad con Ilaves postmodernos. Perú no vive una democracia perfecta, sino el momento más complejo en el diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu.