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La vinculación entre petróleo y violaciones a los derechos humanos no sólo ha estado presente en las cárceles estadounidenses en Irak, o en los centros de detención clandestina que han montado islamistas radicales en ese país.

También en África, organizaciones no gubernamentales denuncian abusos de militares en zonas petroleras. El tema salió a la luz pública mientras se conocía el triunfo de la oposición en las presidenciales de Ucrania, y en momentos en que el sudeste asiático vivía su peor terremoto en las últimas cuatro décadas.

La existencia de ricos yacimientos de petróleo en África es una de las tantas paradojas de ese empobrecido continente. Esta semana, Human Rights Watch (HRW) dio a conocer un informe sobre torturas e impunidad en la zona petrolera de Cabinda, en Angola. Precisamente será en ese país y en Nigeria donde Chevron-Texaco realizará sus principales inversiones durante 2005, las que se enfocarán a proyectos de largo aliento.

Mientras tanto, las noticias vinculadas al éxito de la economía del Chad, que crecerá cerca del 40 por ciento, no pueden desvincular petróleo y derechos humanos, ya que el mantenimiento de ese crecimiento dependerá de que no se quiebre la frágil paz étnica que se vive en ese país.

La angoleña Cabinda es un ejemplo de cómo estos dos factores pueden inclinar hacia un lado u otro la ecuación del crecimiento económico de un país. Desde fines de 2002, cerca de 30 mil soldados angoleños fueron movilizados en esa aislada provincia, que produce casi el 60 por ciento de las extracciones petrolíferas. En mayo de 2003, según indica HRW, el ejército prácticamente había derrotado al movimiento separatista Frente de Libertação do Enclave de Cabinda (FLEC), que desde hacía 40 años luchaba por la independencia de la región. La derrota militar del FLEC no fue obstáculo para que un importante contingente de soldados del ejército de Angola permaneciera en el lugar.

“A pesar de que el conflicto se ha terminado, los soldados angoleños continúan cometiendo crímenes contra los civiles de Cabinda”, dijo Peter Takirambudde, director ejecutivo de la División de África de Human Rights Watch. El directivo de HRW basó sus afirmaciones en una investigación de campo realizada en agosto de este año, cuando su organización entrevistó a civiles que habían sido detenidos arbitrariamente y torturados por los soldados angoleños bajo sospecha de ser combatientes rebeldes o simpatizantes de la guerrilla.

El informe recogido en el terreno indica que “algunos fueron detenidos por períodos bastante largos o en más de una oportunidad” y fueron encerrados en condiciones inhumanas a la vez que eran amenazados por los soldados de que se les cortarían los órganos genitales o serían violados. Las mujeres de la región, confirmando una tendencia ya comentada en estas páginas a partir de un informe de Amnistía Internacional, no sólo recibieron amenazas sino que fueron efectivamente violadas.

HRW recogió testimonios que indican que soldados angoleños acantonados cerca de las aldeas de Cabinda estuvieron implicados en casos de violencia sexual. Una mujer, por ejemplo, denunció haber sido raptada por militares y haber sido mantenida como esclava sexual de varios soldados durante un período de seis semanas.

Inversiones de Texaco

Angola deberá resolver estas denuncias de violaciones a los derechos humanos si no desea que interfieran con las anunciadas inversiones de Chevron-Texaco, ya que los reportes de organizaciones como HRW tienen mayor eco en Estados Unidos que en la propia sociedad angoleña. Peter Robertson, vicepresidente de Chevron-Texaco, ya anunció que el capital y el presupuesto que la compañía destinará a exploraciones en 2005 se ha establecido en 10 mil millones de dólares, y que el mismo se dirigirá, principalmente, a cuatro países o regiones: Angola, Nigeria, Kazajistán y el Golfo de México.

En Angola, la petrolera estadounidense va a seguir centrándose en las “actuales inversiones en campos de producción tras la reciente renovación de la concesión del Bloque 0”. Sus ejecutivos consideran que las operaciones en Angola y Nigeria son los dos principales proyectos de Chevron-Texaco a nivel mundial. Están entre sus objetivos estratégicos para el período 2006-2009 y se espera que tengan “un impacto significativo en el crecimiento de producción de la compañía”.

En Nigeria, sin embargo, el gigante no está solo. Un total de 23 petroleras han presentado sus ofertas para obtener las licencias de cinco bloques en la zona petrolífera común entre Nigeria y Santo Tomé y Príncipe. Según el gobierno nigeriano, se trata sobre todo de compañías petroleras “pequeñas”. Un informe de la agencia de noticias Afrol indica que, sin embargo, “sigue siendo confuso si la segunda ronda de presentación de licitaciones para las licencias en la prometedora zona común entre Nigeria y Santo Tomé ha sido o no un éxito”.

La primera ronda de ofertas, en 2003, también obtuvo un número relativamente grande de licitadores, pero en aquella oportunidad se decidió que la mayoría no contaba con las capacidades técnicas apropiadas para operar estos exigentes y profundos bloques. Nigeria y Santo Tomé esperaban en concreto que el gigante Exxon-Mobil ejercitase sus derechos preferenciales para los bloques restantes en la zona. La petrolera estatal brasileña Petrobras, aunque había sido invitada especialmente por las autoridades de Santo Tomé, no parece haberse interesado en licitar.

La oportunidad del Chad

Cuando en noviembre de 2003 el Chad recibió sus primeros ingresos petrolíferos, procedentes de una cuenta en Citibank London, se abría para el país una oportunidad soñada. Las primeras exportaciones de petróleo de Chad se habían iniciado en octubre de 2003, a través del oleoducto Chad-Camerún que se había inaugurado apenas tres meses antes. Según la agencia estatal estadounidense Energy Information Administration (EIA), en el mismo 2003 comenzaron a verse los primeros resultados, con un crecimiento del producto bruto interno del 9,3 por ciento.

Para este año 2004, sin embargo, esa cifra ha trepado hasta un casi irreal 39,5 por ciento, lo que hará que para 2005 la renta per cápita se duplique. Esas cifras pueden incluso mejorarse ante las elevadas posibilidades de nuevos descubrimientos de petróleo, como lo demuestra el interés de un consorcio malayo-estadounidense que busca hacerse cargo de tres yacimientos que tendrían unas reservas de 900 millones de barriles.

Esa oportunidad está atada al modo en que se gestionen esos nuevos ingresos y a la forma en que se logre evitar un nuevo estallido de violencia étnica en el país.

De Sudán al Chad

En África no es sencillo hablar de conflictos nacionales, ya que las fronteras de los estados no siempre responden a las lealtades étnicas o tribales de las poblaciones que los habitan. Por ese motivo, por ejemplo, cuando los especialistas se refieren a la violencia en la República Democrática del Congo, prefieren hablar de la zona de los Grandes Lagos más que limitarse a ese país en particular. En el caso de la crisis humanitaria de Darfur, sin embargo, las informaciones parecían concentrarse en esa zona de Sudán y olvidar cómo los enfrentamientos permeaban las fronteras sudanesas.

Considerada de alta prioridad por la comunidad internacional, en especial por el modo evidente en que la población civil y las organizaciones humanitarias eran rehenes de la acción de los grupos armados, la crisis de Darfur fue una de las pocas situaciones de violación de los derechos humanos en suelo africano que llegaron al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero como un juego de engaños, mientras la atención se concentraba en la acción de los grupos armados en Sudán, y se tomaban algunas medidas para proteger a la población civil de ese país, las milicias paramilitares cambiaban su zona de influencia y comenzaban a poner en riesgo la estabilidad del vecino Chad. El tema tiene hoy una doble importancia. No sólo por el modo en que afecta a los habitantes de las zonas fronterizas, sino por el modo decisivo en que puede comprometer el despegue económico de ese país luego de los recientes efectos benéficos de la explotación petrolera.

Ya en setiembre de este año la situación de la seguridad en el este de Chad era calificada como “frágil” por trabajadores humanitarios que se desempeñan cerca de la frontera sudanesa. Según el Programa Mundial de Alimentos, que realiza labores de distribución de alimentos entre 180 mil refugiados darfuri en el este de Chad, la situación de los campamentos ha estado marcada por la “incursión de hombres armados y búsqueda de rebeldes”.

Un informe especial de la agencia de noticias Afrol indica que “no debe olvidarse que tanto las temidas milicias janjawid (acusadas de intentar provocar un genocidio en Darfur) como los grupos rebeldes darfuri sla y jem están aumentando sus operaciones en Chad, donde cuentan con apoyos locales y armamento. La población zaghawa es la mayoritaria en el este de Chad, y también un importante objetivo de las milicias janjawid. Los janjawid, por otro lado, se componen de los denominados ‘árabes’ en la región, que también viven a ambos lados de la frontera”.