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Alfonso López Michelsen

En declaraciones para El Tiempo (03.04.05), periódico que coopera con los objetivos políticos del presidente Uribe Vélez, el ex presidente liberal Alfonso López Michelsen convoca al liberalismo, al partido conservador y “a todos los que piensan que la Constitución debe respetarse” para derrotar el programa reeleccionista del presidente Alvaro Uribe Vélez. Cree el ex presidente en la formación de “un movimiento sin nombres propios que una a todo el antiuribismo para obligar a una segunda vuelta en las elecciones presidenciales”.

Estas declaraciones han levantado el entusiasmo y la decisión de los colombianos para derrotar la reelección de Uribe Vélez, quien llegó a la presidencia de la República con el apoyo de un sector liberal minoritario y de gran parte de los sectores más derechistas y regresivos del país, incluidos jefes del paramilitarismo, que han intervenido abiertamente en la política colombiana, logrando la elección de un importante grupo de senadores y representantes al Congreso.

Las declaraciones del ex presidente López dieron en el clavo, y tanto en Bogotá como en el resto del país comenzó la dinámica en el liberalismo y otros grupos políticos hacia la unidad y formación de un frente que derrote la reelección de Uribe Vélez.

La gran prensa oculta la realidad nacional. A lo largo del país hay comunidades populares y campesinas, grupos y organizaciones de indígenas, profesores, trabajadores, estudiantes universitarios y ciudadanos del común, víctimas de una ola de crímenes implacables.

En San Onofre (Sucre) han sido descubiertas tumbas colectivas de personas asesinadas en los sectores rurales bajo dominio y control del paramilitarismo. En Barranquilla y ciudades de la Costa Caribe, en Antioquia, Arauca, Valle, Cauca, Nariño, Guajira, Santanderes y en el resto del país son asesinadas centenares de personas por “sicarios en moto”.

En Apartadó (Antioquia) fueron muertos a garrote, como se hacía hace muchos siglos, miembros de la Comunidad de Paz de esa región. El país constata que existe una acción criminal que causa la muerte permanente de centenares de colombianos sin que la Fiscalía General y la Procuraduría adelanten investigaciones serias para descubrir a los responsables, que la gente señala en todas partes.

En esta columna he recogido muchas de esas informaciones publicadas por periódicos regionales, pese a las amenazas de que son objeto. Se puede afirmar, sin vacilaciones, que ya son miles los asesinatos de “sicarios en moto”. Nadie, desde los organismos del Estado, ha respondido la pregunta de quién financia y compra las motocicletas y las armas utilizadas en esos crímenes, particularmente en la Costa Caribe.

Las Fuerzas Militares y de Policía no capturan a los asesinos. Los crímenes en la Comunidad de Paz de Apartadó, de los que fueron acusadas las Fuerzas Militares, ni siquiera los ha condenado el presidente Uribe Vélez, pese a la protesta de los campesinos y de los organismos internacionales de derechos humanos. Envió más Fuerza Pública.

Ante todo este dramático panorama colombiano, el llamado del ex presidente López Michelsen a la unidad contra la reelección de Uribe Vélez se convierte en un objetivo para el logro de la paz y de la vigencia de la Constitución Nacional.

Expreso a los católicos mi solidaridad ante la muerte del Papa Juan Pablo II, quien se atrevió a luchar por la paz entre los hombres y condenó, por ejemplo, la invasión de Bush a Irak y los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas norteamericanas.