Así lo ha hecho con “Mujeres en la Danza” y el Festival Internacional creados hace tres años para celebrar el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer. “El festival ha cerrado sus puertas para el público, nos dice Susana, han bajado los telones y todavía estamos haciendo la evaluación y asimilando lo que ha sido esta experiencia. En términos generales puedo señalar que el Festival nos deja satisfechos pues se han cumplido los objetivos trazados: hemos logrado un evento que nos permite la revalorización social de la danza y el derecho de la comunidad a retomar la expresión artística”. El Festival ya no es propiedad de Susana, de su compañero Moti Deren, de la Casa de la Danza o del Distrito Metropolitano que es su patrocinador, sino que es de todo el país y en el futuro es posible que se convierta en patrimonio nacional. “Esto es maravilloso, afirma Susana, hemos tenido cerca de 50 mil espectadores este año que, sumados a los de los dos años anteriores, son cientos de miles las personas que han tenido acceso a la danza y es sabido que invertir en el arte, invertir en la cultura es invertir en la dignidad de un pueblo”. “El festival nació luego de hacer un análisis de cómo se desarrollaba la danza en el país y de escuchar el llamado de la tierra, afirma Susana; entonces encontré que, desde una nueva conciencia femenina, podíamos hacer en el campo del arte un planteamiento diferente; aproveché una coyuntura valiosa: la celebración de los 25 años de “Quito Patrimonio Cultural de la Humanidad” y propuse al Concejo Metropolitano la necesidad de revalorizar el trabajo de la mujer, cumplido por más de medio siglo en la historia de la danza, poniendo en práctica un proyecto que dé vida al Centro Histórico, que fusione esta recuperación maravillosa de sus calles, de sus edificios, con el alma del Centro Histórico, que es su cultura; así fusionábamos nuestra tradición milenaria, sabia, de que la mujer es el fundamento de la vida, no en los términos separatistas, sino desde una cosmogonía propia que ubica a la mujer como un ser aglutinador, como un ser transformador. Así nació la idea de “La Mujer en la Danza”, para dimensionar el trabajo que yo venía desarrollando a favor de la mujer desde hace muchos años, la idea era involucrar a la comunidad danzística y armar este puente de relación entre los hacedores de la danza y su comunidad. El primer Evento fue maravilloso, asistieron once delegaciones de todo el país, nos tomamos el Centro Histórico, las plazas y calles, de una manera amorosa, planteando una nueva posibilidad; esto movilizó a la ciudadanía y al Alcalde, que puso su voluntad para que se abra el camino e inclusive se piense en la institucionalización del Festival, lo que aún no se ha dado”. Desde el segundo año se logra que el evento se internacionalice, con la presencia de diez países. “Este paso lo dimos, recuerda Susana, en el Segundo Encuentro, y fue muy rápido, como la vida actual que está exigiendo procesos rápidos. En este tercer año se reafirma el Festival como un gran encuentro de lo nacional con lo internacional; esto hace que el Ecuador se incorpore al contexto internacional, pues ya posee una danza que puede exhibirse a ese nivel. Ahora tenemos tres plataformas: lo nacional, lo internacional y lo que llamamos los jóvenes coreógrafos, un idea que nació en el Primer Festival y que se ha enriquecido este año mediante el contacto con jóvenes coreógrafos venezolanos, que ya tienen 20 años de historia; en el mes de junio venidero tendremos una caravana de jóvenes coreógrafos ecuatorianos que irá al Festival de Caracas, es decir se ha abierto una puerta más para la danza”. Hay alguna experiencia especial en este festival? “El año anterior se instauró el premio denominado “El Danzante de la Paz”, este año hemos instaurado el “Coreógrafo Comisionado”, que es la posibilidad de impulsar a nuestros propios creadores a fin de que anualmente, de los grupos que aspiran a participar en el próximo festival en cualquiera de sus plataformas, se pueda escoger dos grupos a los que se los apoye para que tengan la tranquilidad de crear una obra para ser estrenada en el Evento”. El “Danzante de la Paz” tuvo alguna significación especial este año? “El Danzante de la Paz” tiene dos tipos de homenaje: uno que se realiza al inicio del festival, el 8 de marzo, y el otro que se realiza en la clausura. En los inicios del Festival hemos hecho una tradición rendir homenaje a maestros, maestras y trabajadores de la danza que han aportado para su desarrollo. Este año tuvimos la presencia especial del Ballet Nacional de Cuba y se rindió homenaje a la Maestra Alicia Alonso, como Madre de la Danza Latinoamericana. También se homenajeó a dos gestores culturales: Clara Díaz, Directora Artística del Ballet del Teatro Centro de Arte , de Guayaquil y Germán Núñez, Director del Instituto Ecuatoriano de Danza. También se homenajeó a dos centros culturales que han dado un gran apoyo al arte y de manera específica al festival: el Teatro Bolívar y el Centro Cultural Metropolitano. El Danzante de la Paz es una estatuilla que se entrega en la clausura del Encuentro a una personalidad especial, ‘en reconocimiento al aporte por la recuperación de la cultura como fundamento de paz e identidad’. Para nosotros este año fue muy importante, ya que el Festival 2005 se lo dedicó a la Herencia Afro, una característica maravillosa, ya que se trata de revalorizar la diversidad de nuestra cultura, eso nos llevó a adentrarnos en la labor que viene realizando Ernesto Estupiñán Quintero con un trabajo profundo, con convicción y amor para recuperar su ser, su identidad negra; este homenaje fue muy sentido y justo , pues el Alcalde de Esmeraldas es una persona que ha puesto toda su voluntad y su entusiasmo para recuperar los valores ancestrales”. Hubo dos hechos sobresalientes: la presencia de los maestros africanos y su encuentro e intercambio con los grupos de Esmeraldas y el Chota, y el lanzamiento de las Pendoneras de la Paz, “que son las primeras mujeres promotoras de la autoestima, el crecimiento interior y la afirmación de la identidad a través de la Danza, nos explica Susana, quince mujeres salidas de diferentes barrios, de diferentes condiciones sociales, mujeres que hoy ya tienen centros de crecimiento, son como yo las llamo: terapeutas del alma a través de la danza, como un camino de recuperación, en un contacto directo con la comunidad”. Susana Reyes está feliz: “En este evento la danza ha recuperado su espíritu, se ha recuperado en un hecho unitario, inquebrantable, y se ha entregado a un público que, a través de la danza, recuperará su unidad, dejará sus quebrantamientos, como dicen nuestros ancestros: el ser humano es uno solo con la tierra, con el universo y no puede estar aislado, nada que no sea a favor de la comunidad tiene sentido".