La primera vez que tildé de mentiroso a Tony Blair, el periodista de la BBC no salía de su asombro. Fue en la primavera de 2002. Hoy, todo el mundo está de acuerdo conmigo. Cualquiera que sea el resultado de las elecciones, los días de Tony Blair están contados. Está acorralado y se dispone a ser sustituido por Gordon Brown a la cabeza de los laboristas.
Blair mintió y más de 100 000 personas han perdido la vida. Este es el grotesco y sangriento precio de la «relación especial» de Blair con George W. Bush. Desde entonces, ninguna de las acciones emprendidas en Irak ha conducido a otra cosa que no sea un callejón sin salida, ni ha hecho retroceder la resistencia a la ocupación. La avalancha de filtraciones en la prensa británica muestra que en el propio seno del establishment británico hay muchos que consideran que Blair debe pagar por lo que ha hecho. Mintió al Parlamento, pero también al ejército, es un traidor.
Si todos los perros falderos del partido laborista son reelectos, ¿por qué esperar que aprenderían nuevos trucos? ¿Cuál será el peso de la democracia? ¿A qué nueva guerra nos arrastrará la «relación especial»? Se nos dice hoy que la guerra es tal vez ilegal pero que ha permitido expulsar a un tirano. Se olvidan demasiado rápido de los muertos, de las crisis étnicas y religiosas y del auge fundamentalista provocados por la guerra. En nuestra historia reciente la guerra de Irak es la peor calamidad de nuestra política exterior. Blair permanecerá históricamente unido a Irak y a su traición.

Fuente
The Guardian (Reino Unido)

« These are Blair’s last days », por George Galloway, The Guardian, 3 de mayo de 2005.