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Ya se veía venir. En cuanto el sistema pri-panista ( es decir de los partidos mexicanos del PRI y del PAN) decidió entregar las llaves del estado de Veracruz al funcionario Fidel Herrera Beltrán, esa entidad federativa quedó entregada a la delincuencia organizada.

El asesinato del periodista Raúl Gibb Guerrero ha dejado al descubierto la red de intereses de la delincuencia de cuello no muy blanco implantada desde el gobierno de Rafael Hernández Ochoa.

Así han salido de nuevo las actividades delincuenciales cuyo centro fue el gobernador de entonces Rafael Hernandez Ochoa, que lo estableció con la entrega de los ejidos del sur veracruzano a la mafia de Rafael Aguilar Talamantes y con el fortalecimiento de los grupos delictivos del centro del estado. Por cierto que la UNESCO ha exigido el esclarecimiento del asesinato del periodista asesinado.

«La Opinión», diario de Poza Rica acaba de denunciar que en el norte veracruzano los operativos contra los distribuidores de droga se han cancelado. Tal hecho se pone en evidencia por la «labor» del comandante de la Agencia Federal de Investigaciones Roberto Santiago Paz, quien lo único sobresaliente que ha hecho ha sido cambiar la modesta unidad automovilística a bordo de la cual llegó por una camioneta Nissan Titan último modelo.

Este es el pago por no haber detenido a un solo minorista de la droga. Ya en la región establece sus reales la empresa «Tres hermanos», vinculada siempre, en varias ciudades mexicanas, a la red de hoteles baratos denominada «Provincia Express», que según la Unidad de investigación de la delincuencia organizada, de la Universidad Nacional de México, tiene que ver con operaciones de lavado de dinero.

La policía estatal sigue sirviendo a la delincuencia y la cabecera municipal de Papantla se convierte en un gran burdel a ciencia y paciencia del gobernador. En este lugar, a punto de conurbarse con Poza Rica el mercado callejero de drogas está a la orden del día.

Mientras tanto, Alba Leonila Méndez, presidenta municipal de Atzalan, sufre amenazas por parte de sus sìndicos y regidores pertenecientes al PRI, quienes no soportan que una destacada integrante del PAN, la única digna de confianza en todo Veracruz, lleve al municipio que preside a un derrotero mejor que el que ella recibió.

Alba Leoncia merece ser dirigente estatal del PAN e incluso obtener la senaduría panista en las elecciones federales entrantes, para lo cual ya tiene garantizado el apoyo de los panistas de a pie.

La mafia pripanista es la que ha llenado de criminalidad y corrupción al estado de Veracruz. Sólo vease al respecto el mutuo solapamiento de delitos en el puerto de Veracruz y en otras ciudades principales del estado. El equilibrio ecológico es una utopía desaparecida de cara a la cual la presencia de Alba es por el momento la única esperanza.

El nuevo gobernador Fidel Herrera Beltrán ha restablecido los vínculos con la delincuencia que comenzó a trazar su predecesor en los años setenta Rafael Hernández Ochoa.

La prueba, según la revista «Bajo Palabra» es que el actual secretario de Finanzas de Herrera es el mismo funcionario que ocupó ese cargo en el gobierno de Hernández: Rafael Murillo Pérez. Hernández Ochoa y Murillo Pérez eran asiduos huéspedes de ls familia Izquierdo, capos delincuenciales de Nautla, centro de Veracruz en aquellos años.