El referendo francés sobre la Constitución tiene una apariencia de apertura política. Cada vez más se tiene la impresión de una negación de democracia e incluso de un plebiscito oculto, maquinado por Jacques Chirac, un presidente que desde su reelección en 2002 y pese a sus éxitos en política exterior ya no puede convencer a sus electores.
Con independencia del resultado, las consecuencias serán graves. Tony Blair ha sido el primero en reconocerlo, y ha decidido ignorar el referéndum en Inglaterra si el NO triunfa en Francia. El mal está hecho. Ese referéndum es absurdo y suicida para un tema tan complejo y hace dudar no sólo de la inteligencia política del jefe de Estado sino también de los que lo rodean y de sus asesores en comunicación. ¿Cómo se podría decidir con conocimiento de causa sobre ese castigo de 500 páginas, complicado incluso para los especialistas en Derecho Constitucional y que es el tema tratado en más de 10 libros en la lista de las mejores ventas actuales? ¿Se trata de un juego de sociedad que tiene por objetivo ocultar la inquietud de una clase política desconcertada frente a la globalización? La estigmatización de los recientes sondeos que dan al NO como ganador es otro ejemplo de ese alejamiento de los procedimientos democráticos.
Los medios de comunicación en su conjunto provocan temor. Semejante unanimidad en la desaprobación da fe de esa negativa de la democracia. ¿Cuál es la legitimidad de la práctica del referéndum que consiste para todos los medios de comunicación y los partidos políticos en vilipendiar una de las alternativas de voto. La práctica del voto público con ayuda de programas de pilotaje automático para aviones, ¿acaso se va a establecer muy pronto? Si hay que considerar a alguien como responsable de ese acto fallido, es al Presidente por su falta de olfato. Ya él ha salido de la situación afirmando que no dimitiría.
Todo esto demuestra el tránsito de la democracia de la opinión a la democracia del acuerdo. Ya no se espera del electorado la libre opción y la decisión razonada de un pueblo soberano. Esa democracia exige simplemente un «débil consenso», una buena solución para una población que tras los excesos de sondeos de opinión está expuesta a todos los lavados de cerebro y que sólo reacciona por reflejo al tema actual. Con el progreso obtenido por la democracia electrónica en tiempo real, bajo la influencia de la técnica publicitaria ilimitada, es la hora de la era de la democracia virtual que continúa, exactamente como lo vivimos durante la elección de Schwarzenegger en California.

Fuente
Die Zeit (Alemania)

Die Zeit (Alemania)
Referencia: «Das betäubte Volk», por Paul Virilio, Die Zeit, 25 de mayo de 2005.