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Seccionado, Leo Vinci

En el informe titulado El desempleo en América Latina desde 1990 esta organización indica que, a pesar de la cierta estabilización económica que logró la región latinoamericana desde los años noventa, el desempleo se ha elevado en la última década casi 10% en promedio, no obstante en algunas naciones sudamericanas este indicador "se disparó" más.

El documento señala que actualmente en países como México y Guatemala el desempleo fluctúa entre 2 y 3%, en otros como Chile y Perú, se elevó entre nueve y diez puntos porcentuales, mientras que en Uruguay y Argentina este indicador se proyectó hasta 17 o 19%. Esta disparidad presenta un patrón geográfico definido ya que mientras los países sudamericanos registraron incrementos importantes en el desempleo, en las naciones centroamericanas el comportamiento de esta problemática fue más mesurada. El desempleo urbano en la región era de 8,8% en promedio y se elevó a 10,4 entre 1990 y 2002, siendo las naciones más afectadas por esta tendencia Ecuador, Costa Rica, Brasil, Bolivia, Chile, Perú, Nicaragua, Paraguay, Venezuela, Colombia, Uruguay y Argentina, según indica el informe.

La investigación detalla que en toda América Latina se ha producido una notable disminución del empleo formal, debido básicamente al descenso del capital y una desaceleración industrial. Explica que esta reducción de los niveles productivos se debe a factores como la liberalización comercial, la reorientación del patrón comercial hacia actividades intensivas en recursos naturales y los flujos masivos de capital, ya que los dueños del dinero han preferido apostar a la especulación antes que a la inversión productiva.

Así, además de los tradicionales problemas de informalidad y subempleo, el desempleo abierto se ha convertido por primera vez en la historia de la región en uno de los dos factores de riesgo más importantes de la zona, puntualiza el informe de la instancia dependiente de la Organización de las Naciones Unidas.

Concluye que el desempleo masivo en varios países sudamericanos y la persistencia de alto desempleo en otras naciones del hemisferio serían el resultado del lento proceso de acumulación del capital en la región, de una tendencia a privilegiar la situación del tipo de cambio y de un patrón comercial de América Latina orientado hacia los productos intensivos en recursos naturales y no en mano de obra, es decir, a la exportación de materias primas antes que de productos procesados.

Publicado en La Jornada.


Doce millones de esclavos

Roberto López Belloso

Esta semana un informe sobre la esclavitud en el mundo reveló que ocho de cada diez esclavos son asiáticos. En África, Uganda desplazó a Sudán como el escenario de la peor crisis humanitaria del momento. En el Golfo Pérsico, junto a un Irak en el que recrudecen los atentados, los iraníes empiezan a buscarle sucesor a Khatami. En Europa culminó el proceso de regularizaciones de trabajadores inmigrantes con la participación de 12 mil uruguayos.

La primera década del siglo xxi es el tiempo histórico en el que florece un macabro "mercado" de 12 millones de esclavos que genera casi cuarenta millones de dólares de ganancias al año para los que explotan esa mano de obra.

La constatación, que fue hecha pública este miércoles por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), agrega que 10 millones de esas personas son explotadas por la empresa privada, y que dos millones y medio son víctimas del tráfico de seres humanos. Aparentemente no sería una paradoja del mundo moderno sino que, de acuerdo con las declaraciones del director de la OIT, Juan Somavia, "el trabajo forzoso representa otra cara de la globalización, una que le niega a las personas sus derechos fundamentales y su dignidad".

El reporte de esa agencia internacional compara regiones y concluye que el número más alto de esclavos se registra en Asia, donde hay nueve millones y medio. Además el informe dice que hay 1,3 millones en América Latina y el Caribe, 660 mil en África al Sur del Sahara, 260 mil en Oriente Medio y África del Norte, 360 mil en los países industrializados, y 210 mil en los llamados países en transición.

Una de las caras más siniestras de este nuevo esclavismo es el tráfico, es decir las personas que han sido llevadas de un lugar a otro con la deliberada intención de convertirlas en esclavas. En este punto el peso de la responsabilidad por regiones varía. En Asia, América Latina y África al Sur del Sahara la proporción de trabajadores forzosos que además han sido traficados es de menos de 20%, dice el informe.

Y agrega: en los países industrializados y en transición, así como en Oriente Medio y África del Norte, más de 75% del total son también víctimas de tráfico. Esta ecuación parece sugerir que la inmigración ilegal favorece, en muchos casos, al tráfico de esclavos.