Alentados por la retirada israelí, miles de palestinos la emprendieron contra las ex colonias israelíes, devastándolas y quemándolas en un frenesí de odio y destrucción. Entre los que dirigían la carga, se encontraba el propio Mahmud Abbas quien presentó las sinagogas como «estructuras vacías» y, por lo tanto, que serían destruidas. Los policías palestinos dejaron que actuaran los amotinados y la Autoridad Palestina incluso ayudó a la destrucción enviando un buldózer.
No es la primera vez que el ejército israelí deja actuar a una muchedumbre palestina que destruye un lugar sagrado para los judíos. ¿Recuerdan lo que hizo la multitud el 7 de octubre de 2000 en la Tumba de José después de que Israel evacuara el territorio donde se encontraba. Aquel día, los palestinos descubrieron que la violencia era provechosa y que podían destruir sitios históricos judíos sin temer la venganza de Israel. El Monte del Templo [1] en Jerusalén sufrió de forma regular actos de desacralización por los palestinos. Nuestros dirigentes se equivocaron al dejarlos actuar y los palestinos consideran que pueden permanecer impunes cuando cometen actos vandálicos en los lugares santos judíos.
Al actuar así, los dirigentes de la Autoridad Palestina mostraron que no se podía confiar en ellos. Esa es la razón por la cual hay que retomar el control de la Tumba de José, del Monte del Templo y de la Cueva de los Patriarcas en Hebrón. Estos tres lugares simbolizan nuestros vínculos con esta tierra y no podemos dejar que se destruyan.

Fuente
Jerusalem Post (Israel)

«Take back the holy sites», por Michael Freund, Jerusalem Post, 14 de septiembre de 2005.

[1] nombre que los israelíes dan a la Explanada de las Mezquitas