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El ex presidente Carlos Salinas de Gortari

Varios dirigentes políticos, incluyendo el presidente del derechista Partido Acción Nacional, han deplorado las recientes declaraciones del ex presidente Carlos Salinas de Gortari contra Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda.

Desde la perspectiva del PAN, la intervención de Salinas es contraproducente dado el enorme desprestigio del ex mandatario, por su trayectoria criminal, pero cabe recordar que durante su sexenio, de 1988 a 1994, Salinas fue, y tras bambalinas sigue siendo, uno de los principales aliados de ese partido así como de las fuerzas conservadoras.

Hoy, al igual que el ex presidente español José Aznar, Salinas deplora el avance de las tendencias izquierdistas en América Latina, y hace propaganda para impedir la llegada al poder de AMLO (Andrés Manuel López Obrador). A lo largo de su sexenio, de 1988 a 94, Carlos Salinas golpeó sistemáticamente al Partido de la Revolución Democrática y a sectores de la izquierda, incluso de su propio Partido, a la vez que favoreció decididamente al derechista Partido Acción Nacional, a la jerarquía católica, a empresarios y grupos conservadores.

En 1988, Salinas llegó a la presidencia de la República como resultado de una elección que en su momento fue calificada de fraudulenta, siendo el verdadero ganador Cuauhtémoc Cárdenas, candidato de la izquierda. Desde su toma de posesión, Salinas manifestó su voluntad de hacer una alianza con el PAN y la jerarquía católica y anunció cambios constitucionales favorables al clero. Ese mismo día Salinas se reunió con dirigentes panistas, entre ellos Diego Fernández de Cevallos, que adquirirían un gran relieve en su periodo.

No es casual que a la llegada del PAN al poder, en el 2000, Salinas se apresurara a renovar su protagonismo, al venir a México a promover su libro «México: Un paso difícil a la modernidad» (Plaza y Janés, Barcelona, 2000), donde afirma por ejemplo que: “... siempre reconocí que, a pesar de que el PAN era el adversario histórico del PRI, Acción Nacional aceptó dialogar y participar en reformas constitucionales trascendentales durante mi gobierno...”.

Pese a que Salinas es calificado por sus apologistas como paradigma de inteligencia, la retórica a la que recurre en este caso es pueril, pues las reformas a las que se refiere Salinas eran precisamente, y como proclamaban en ese tiempo panistas de diferentes rangos, precisamente las demandas históricas de ese partido, de la jerarquía católica y de sectores plutocráticos.

Esas reformas incluyeron, entre otras, la admisión de la educación religiosa en las escuelas privadas, el reconocimiento jurídico de las iglesias, y de sus bienes, la privatización de la banca, así como el desmantelamiento de los ejidos campesinos.

Salinas otorgó un trato de privilegio al PAN y en particular a varios dirigentes de los sectores más reaccionarios de ese partido. El ya mencionado Fernández de Cevallos, aunque sólo era diputado federal, ejercía un a gran y ostensible influencia en el gobierno, al grado de que admitía complacido el mote de “La ardilla”, por la frecuencia con que era recibido en la mansión presidencial de Los Pinos. En un estilo prepotente y majadero, Cevallos hacía alarde de sus convicciones reaccionarias y de su influencia sobre el gobierno.

Otros favoritos de Salinas fueron Ernesto Ruffo, empresario que se convirtió en el primer gobernador panista en 1989, al ganar las elecciones en el estado de Baja California, colindante con Estados Unidos, así como Francisco Barrio, un personaje autoritario y fanático, proveniente de grupos del sector empresarial y de grupos de la renovación carismática, y quien en 1992 llegó al gobierno de Chihuahua. En ambos casos, Salinas apoyó a los candidatos panistas en contra de los prospectos de su propio partido.

En su libro mencionado, Salinas alega que el triunfo de Barrio en Chihuahua fortaleció su imagen ante el entonces presidente estadounidense, Bush padre, con quien en julio de 92 Salinas se reunía por décima ocasión.

Otro beneficiario de Salinas fue Carlos Medina Plascencia, también de extracción empresarial, famoso por sus alardes de fundamentalismo religioso y por su tendencia al autoelogio, y a quien injustificadamente en 1991 otorgó la gubernatura de Guanajuato, quitándosela a Ramón Aguirre, el candidato del PRI, que había ganado los comicios. Cabe recordar que en esa ocasión el candidato del PAN no era Medina Plascencia, quien ni siquiera participó en la contienda, pero era bien visto por Salinas, sino Vicente Fox.

Sin embargo, se considera a Carlos Castillo Peraza, presidente del PAN de 1991 a 95, como el principal artífice de la alianza con Salinas y del consecuente crecimiento de su partido, que al principio de su gestión contaba con una gubernatura, 38 alcaldes, 220 regidores, 101 diputados federales, 87 locales y ningún senador, mientras que al término de la misma tenía 4 gobernadores, 156 alcaldes, 2600 regidores, 118 diputados federales, 126 plurinominales, 25 senadores y 14 asambleístas del DF. En aquel tiempo, el secretario general de ese partido, el partido salinista, propiamente, era nada menos que Felipe Calderón Hinojosa, hoy candidato a la presidencia de México por el PAN.

Dado que compartían con Salinas intereses y proyectos, los panistas de ese tiempo se deshacían en elogios para él. Por ejemplo, Diego Fernández de Cevallos decía que Salinas “ha recogido muchas demandas de la sociedad y muchos reclamos concretos del PAN” y lo definía como “un hombre de cambios”, que acabó con “una legislación de guerra contra la iglesia católica” y ha dado “una nueva estructura jurídico política en el país, que va permitiendo sin lugar a dudas una convivencia pacífica y ordenada”.

Incluso, en octubre de 1993, es decir, a un año de terminar su periodo presidencial, Cevallos afirmaba que “sin duda”, Salinas era el mejor presidente de México en los últimos años.

Por su parte, luego de asistir al primer informe de Salinas, el primero de noviembre de 1989, Ernesto Ruffo había elogiado al entonces presidente ante la prensa diciendo que “no le dio la vuelta a la realidad y aceptó que el Estado no debe evaluar su fuerza por lo grande que sea sino por la presencia ciudadana”.

Luego del primer informe de gobierno de Salinas, los legisladores panistas justificaban su política económica, al grado de señalar que “por fin el gobierno reconoce conceptos económicos que el PAN ha venido difundiendo desde 1939”, fecha de la fundación de ese partido.

En la sesión legislativa del 7 de noviembre de 1989, la bancada panista volvió a defender las tesis de Salinas y expuso que “fueron necesarios 60 años para acabar dando la razón a quienes en México en la avanzada, proclamamos como área vital, urgentísima, la reforma del Estado”.