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La lucha de López Obrador y el pueblo mexicano contra las trampas

Andrés Manuel: Presidente del pueblo

La lucha de López Obrador y el pueblo que lo sigue por el respeto al voto ante las trampas, que van desde la intervención presidencial en las campañas a favor de Calderón, hasta el albazo con que el IFE pretendió convertir a Felipe Calderón en presidente electo.

| Ciudad de México (México)
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Andrés Manuel López Obrador el sábado 8 de julio 2006 en el Zócalo, México DF, en una manifestación contra el fraude presidencial.
Foto: Sitio oficial de AMLO.

La lucha de López Obrador y el pueblo que lo sigue por el respeto al voto ante las trampas de la derecha, que van desde la intervención presidencial en las campañas a favor de Calderón, hasta el albazo con que el IFE pretendió convertir a Felipe Calderón, Fecal, en presidente electo, descansa en una pugna más profunda entre dos proyectos de nación.

Uno de ellos, representado por el PAN corresponde al conservadurismo, que se opone al estado laico, y corresponde asimismo a la derecha neoliberal, que exalta la primacía de los intereses económicos sobre los valores éticos como la justicia y la honestidad. Se trata, en términos sociales, de una lucha entre la plutocracia y el pueblo cada vez más desposeído, y también plantea la alternativa entre la defensa de la soberanía y la total dependencia a la ultraderecha estadounidense.

Los grandes empresarios, los banqueros y gran parte de la privilegiada clase política, se enfrentan con ayuda de comunicadores oficialistas, sospechosamente derechizados, a quienes no tienen grandes recursos ni pretensiones de pertenecer a las élites económicas, pues la manipulación mediática que ejercen comentaristas de radio y televisión y de una parte de la prensa pretende convertir a mucha gente en defensora de los más ricos.

Ellos defienden sus privilegios con los medios poderosos de que disponen y con el apoyo del gobierno estadounidense, que ha sido el aval de Fox para el fraude electoral, luego de que el IFE perdió su credibilidad ante amplios sectores de la sociedad en un conflicto que evidenció su parcialidad y que gracias a las redes electrónicas es vista en muchas partes del mundo, con amplia información directa de los hechos, a diferencia de lo que ocurrió en 88.

López Obrador es, sin duda, el presidente de un pueblo que sale a la calle pacífica y masivamente a manifestarse contra el fraude y contra la permanencia de la derecha en el poder, que no puede comprar espacios en radio y televisión, ni poner a su servicio a experimentados locutores, pero que sí puede reunir evidencias y expresar sus argumentos en pancartas, mantas, periódicos murales, blogs y páginas Web, en rudimentarios pero sinceros volantes y calcomanías que se distribuyen en las marchas multitudinarias.

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Andrés Manuel López Obrador
Foto: Sitio oficial de AMLO.

Algunos medios periodísticos del llamado primer mundo se rasgan las vestiduras por esa defensa popular del voto y del proyecto de nación que representa Andrés Manuel, quien en estas elecciones ha encarnado no sólo la alternancia por sí misma, sino la esperanza de encabezar un gobierno que promueva la justicia social y los valores republicanos.

Pero más criticable es el hecho de que, con secuelas trágicas para el mundo entero, que incluyen genocidios y expolios en otros países, el pueblo estadounidense, profundamente dividido, como se evidenció en las elecciones del 2000, no haya sido capaz de cerrarle el paso a la extrema derecha encarnada por Bush. En ese sentido, Estados Unidos no tiene nada que enseñarle al mundo, mientras que aquí en México se está desarrollando una ejemplar lucha cívica y popular contra la extrema derecha en el poder.

Esa lucha es popular también porque se basa en las percepciones de los ciudadanos que a diferencia de tantos políticos profesionales, todavía valora la honestidad personal y la congruencia con los ideales.

Personajes como Elba Esther Gordillo, Patricia Mercado, Armando Campa, Roberto Madrazo, entre otros que han apoyado la permanencia de la derecha en el poder, consideran natural pregonar ideales a los que contradicen en los hechos, así como desechar en aras de sus propios intereses la más mínima preocupación por el destino de México en caso de que la derecha continúe gobernando el país. Llegan la grado de vender apoyos electorales y de establecer acuerdos contradictorios con los principios.

La guerra sucia que llevaron a cabo Fecal y Fox para perpetuar al PAN en el poder se esforzó en presentar a Andrés Manuel y a sus partidarios un «peligro para México», empeño en el que resucitaron prejuicios racistas, clasistas, generacionales: desprecio a los «nacos», a los pobres, a los ancianos, a los estudiantes de las escuelas públicas, y dentro de la mitología fecal, es decir, de ese candidato, los seguidores de AMLO son, somos, «ignorantes» y «violentos».

Son meras fantasías, pues la riqueza no equivale a cultura ni a educación; por el contrario, muchas veces los negocios y la afición por la lectura no van de la mano. Mientras que intelectuales como Poniatowska, Fernando del Paso y Monsiváis están del lado de AMLO, hay que ver cómo se expresan muchos partidarios de Calderón, quienes demuestran pocas lecturas y mucha disposición para la agresión contra quienes no piensan como ellos.

De manera alarmante, se han conocido lo mismo en Jalisco, que en Durango, San Luis Potosí y en otros lugares, incluso en zonas acomodadas, conatos de agresiones de partidarios de Fecal contra pejistas, a quienes acusan de cometer una «falta de respeto» simplemente por el hecho de apoyar a AMLO o de simpatizar con él.

Esta situación se daba ya en los actos de campaña de Fecal en los que se promovieron agresiones contra quienes expresaban posiciones críticas contra el derechista.

Si Calderón logra finalmente asumir la investidura presidencial será como «mandatario» odiado por el pueblo, porque no es su presidente, sino el elegido de poderosos intereses económicos, que usando los grandes medios de comunicación en forma intensiva lograron aumentar un poco los votantes de Fecal en comparación con el inicio de las campañas, pero ni todo el poder del gobierno, incluyendo el IFE, ni las sucias componendas con los demás partidos, ni todos los recursos que han exhibido, incluyendo todo tipo de trampas electorales han logrado que el derechista pueda justificar un pretendido triunfo sobre AMLO.

Está en el ánimo de Calderón, y en las raíces cristeras de su ideología, el odio y la represión contra la izquierda y en especial contra ciertas regiones del país, como la ciudad de México, valladar de las pretensiones electorales del PAN, así como Tabasco, odiado siempre por los fanáticos católicos por ser tradicionalmente la tierra menos religiosa del país.

Pese a la hipócrita actitud conciliatoria que ahora exhibe, meramente por la fragilidad de su posición, en tanto usurpador de la voluntad popular, es seguro que recurrirá a la represión sangrienta para acallar la disidencia.

Es todavía tiempo de evitar que ponga en marcha sus planes y que además convierta a México, aún más, en ariete de Bush contra otros países de América Latina, bajo su fascistoide idea de convertir al país en un «líder» que dicte los destinos del subcontinente, del mismo modo que quiere decirles a los mexicanos cómo deben ser: «triunfadores», inescrupulosos, pragmáticos, capitalistas, derechistas.

Este es el fascismo fecal al que se opone la lucha cívica encabezada por López Obrador, quien ha sabido ganarse el respeto y el aprecio de gran parte del pueblo de México.

Edgar González Ruiz

Edgar González Ruiz Maestro en Filosofía. Investigador y periodista, especializado en la derecha política en México y América Latina. Ha publicado varios libros, como: La Última Cruzada (2001); Los Abascal (2002); Cruces y Sombras (2006); El clero en armas (2007). En 2005 obtuvo el Premio José Martí; en 2006, el Premio Nacional de Periodismo, de México. Colabora en Contralínea.

 

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