Como responsable de la publicación de las informaciones clasificadas, me siento en el deber de responder a las acusaciones que se han hecho contra mí y mi periódico. He sido acusado por conductores conservadores de radio y televisión de actuar de forma peligrosa y no patriótica. También he recibido el aliento de nuestros lectores. Los fundadores de este país consideraron que una prensa agresiva e independiente era un buen medio para evitar los abusos de poder. Rechazaron la necesaria creencia en la palabra del Presidente. A veces es necesario tomar la difícil decisión de revelar informaciones confidenciales. El gobierno quiere siempre que los periodistas sigan la línea oficial. La administración Bush desearía que sólo la alabáramos y que no tratáramos, por ejemplo, las violencias sectarias en Irak para no desmoralizar a la población. Pero tenemos confianza en nuestros ciudadanos y nuestro trabajo consiste en dar informaciones pertinentes y justas. Es una cuestión complicada y a veces ocurre que no publicamos informaciones que podrían servir a personas hostiles a los Estados Unidos. Desde el 11 de septiembre, el gobierno ha lanzado programas antiterroristas secretos sin advertir en todos los casos al Congreso. Muchos americanos apoyan estas medidas de excepción, pero algunos responsables se preocupan por su legalidad. Era nuestro deber publicar estas informaciones sobre lo que discutimos ampliamente con la administración Bush. Esta nos afirmó que el programa era bueno, legal y que hablar del mismo pondría en peligro a los Estados Unidos. No somos jueces y no podemos juzgar su legalidad. Sin embargo, nada indica que revelar su naturaleza lo neutralizaría. Asimismo, los terroristas no deberían cambiar de táctica puesto que se saben vigilados.

Fuente
Christian Science Monitor (Estados Unidos)

«On revealing classified information: New York Times Executive Editor Bill Keller», por Bill Keller, Christian Science Monitor, 28 de junio de 2006.