Acaba de enterarse el país que Chile nos ganó la denominación pisco para una bebida que, sin poseer la exquisitez de la que aquí se fabrica, se expende como si fuera la original en los mercados externos. Ellos hacen lo que tienen que hacer. Nuestra Cancillería y gobierno ¿sabían de este asunto poco feliz? En cambio, La Tercera, en víspera que el ministro de Relaciones Exteriores sureño, Alejandro Foxley, llegue a Lima, sí lo hizo público con mordacidad oportuna.

El parlamentario aprista Luis Gonzáles Posada, presidente de la Comisión de Defensa que el otro día rescató con honor la posición peruana sobre la pendiente delimitación marítima con Chile, dijo ayer, o lo mal interpretaron o insinuó imperfectamente, que por ahora ese asunto pasa a tercera o cuarta prioridad. Sería imperativo que el legislador aclare el asunto o ¿es que ha vuelto por sus antiguas querencias tan amigas de la adhesión del Perú a la Convemar, hecho que el presidente García repudia en todos los idiomas?

¿Será, como dicen todos los mercaderes y traficantes, el comercio con Chile más importante que una postura digna, clara y de irrenunciable apego a la historia, a la memoria de los mártires y a los derechos geopolíticos que corresponden al Perú, como para seguir claudicando en cuanto al requisito de pactar con nuestro hermano vecino del sur los reales y genuinos límites en el mar? Los vendepatria quisieron inducir mañosamente al Perú a adherirse a la Convención del Mar; gastaron cientos de miles de dólares y engañaron al país de un modo traidor y servil, sin embargo, una de las banderas del presidente García fue ¡precisamente! la defensa del Mar de Grau y sus 200 millas.

¿Por causa de qué el jefe de Estado, Alan García Pérez, tiene en su equipo ministerial a gonfaloneros y regalones del Mar de Grau como Allan Wagner Tizón, José Antonio García Belaunde, Fabián Novak Talavera y a otros personajes fabricados por los medios de comunicación, en no pocos casos, intelectuales de ONG y estrategas de quiosco al gusto de quien paga o sufraga la propaganda?

¿Qué pueden entender de historia, honor, Ande y nación, los mercaderes y traficantes cuya única preocupación es cómo sacar más dinero de las cansadas ubres del Estado que los ampara para que trabajen contra él y su pueblo? ¿Qué identificación pueden mostrar peruanos bamba por cuyos organismos la sangre peruana es una casualidad de la cual abjuran y desprecian por todos los poros? ¿Son los vendepatria, los serviles orgánicos, que se disfrazan de intelectuales, politólogos, analistas, capaces, siquiera, de ver más allá que el puro y abultado sobre de pago en dólares contantes y sonantes? El dicho reza que no se puede pedir, peras al olmo. Y tampoco dignidad y temple a quienes nacieron para ser proditores pura sangre al servicio de una globalización que los compra al peso, les regala viajes y casas y los eleva al podio ficticio de lumbreras de verdades vulgares y comunes.

No hay comercio, tráfico, negocios, trapisondas, por encima del honor de un país que por haber sido más papista que el Papa, más entreguista por la mediocridad servil de sus castas políticas, sufrió las embestidas de quienes sí sabían que querían en 1836, en 1879 y en los días presentes. ¡Fusilemos moralmente a los fenicios para los que el patrón dólar constituye su única ambición fundamental! Y para eso siempre hacen tallercitos, fórums, conferencias y demás adefesios cosméticos. Sólo que los únicos que gozan son parte exclusiva de una minúscula minoría racista, discriminadora, mentirosa, profunda y cervalmente oligárquica.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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