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Después de su obligada salida de Petróleos Mexicanos, ocurrida en noviembre de 2004, Raúl Muñoz Leos, el primer director general de la paraestatal en el sexenio de Vicente Fox reapareció en la vida pública con un libro con el que busca limpiar la imagen que le dejaran sus escandalosos abusos durante los cuatro años en que estuvo al frente de la paraestatal.

Dos años después de que Contralínea publicara la complicidad de Raúl Muñoz Leos, entonces director de Pemex, con los hijos y un hermano de Marta Sahagún, y que esto fuera la causa de la salida de Muñoz Leos de la paraestatal, en su libro Pemex en la encrucijada el también ex director de la trasnacional DuPont en México confirma la ruptura entre él y la familia que habitaba Los Pinos, aunque lo atribuye a la ignorancia de Fox en materia energética y no al distanciamiento entre ellos por su incapacidad para manejar la corrupción que les permitió llenarse los bolsillos de recursos públicos, es decir, que a partir de esa situación Muñoz Leos no pudo ya gestionar los negocios en Pemex de los entenados y el cuñado de Vicente Fox.

Proyectos frustrados

Su camino de amistad y negocios estuvo lleno de proyectos frustrados. El primero, según Muñoz Leos, fue cuando Fox, entonces gobernador de Guanajuato, planeaban llevar a DuPont a esa zona del Bajío. Nunca se concretó.

La otra frustración, cita, fue “por no convencer a Vicente Fox de que la empresa debía ser una de sus prioridades de gobierno”.

En una reunión privada en la suite de un hotel capitalino, desde donde despachaba el entonces presidente electo, el propio Fox invitó a Muñoz Leos a integrarse a su gabinete. Fue su experiencia en DuPont, registra el ingeniero, lo que motivó a Fox a darle el puesto.

El paso de Muñoz Leos por la paraestatal se caracterizó por su falta de capacidad para administrar los ingresos petroleros mexicanos en el periodo en que, factores externos mundiales registraron a Pemex los ingresos más altos en su historia. En su libro, Muñoz Leos culpa a Vicente Fox de la mala administración de la paraestatal.

Sostiene que apenas a unas semanas de administrar la paraestatal que ingresa a México más del 30 por ciento del presupuesto nacional, en una reunión con otros funcionarios de Pemex, planteó a Fox la forma de obtener “resultados financieros espectaculares a mediano plazo:

“Necesitamos recursos, pero también el esfuerzo coordinado de diversas instancias del gobierno federal para que los planes de negocios puedan llevarse a cabo. Señor presidente, haga de Pemex la prioridad de su gestión, facilitando esta suma de voluntades, y le aseguro que los frutos no se harán esperar”.

—“Todo esto que me dices es muy interesante, Raúl. Pero mi gobierno ya tiene definidas muchas otras prioridades”.

Los especialistas dicen que para Fox fue sólo buena suerte que los precios del petróleo alcanzaran niveles tan altos y que gracias a ello la economía en el sexenio pudo sostenerse pese a la mediocre administración del panista.

Los críticos a la política energética de Fox, como el ex senador Manuel Barttlet, sostienen que aunque Fox tuvo la fortuna de que el petróleo alcanzara los niveles más altos de los últimos años, Vicente Fox los desperdició. Aunado a las ventas récord reportadas todavía a principios de este año, cuando México se convirtió en el principal proveedor de petróleo a Estados Unidos.

Según Muñoz Leos, otro de los errores, impuesto por Fox, fue la designación de los empresarios Carlos Slim, Alfonso Romo, Lorenzo Zambrano y Rogelio Rebolledo, como representantes del Estado en el Consejo de Administración de Pemex, lo que provocó un nuevo roce entre ellos.

“No fui consultado, y una vez que fue hecho público, manifesté al presidente mis reservas sobre su efectividad:

“¿De qué me sirve el Consejo a la hora de lidiar con el sindicato?... Como se dieron las cosas, pareció una ocurrencia con graves consecuencias para el proyecto en el que empezamos a trabajar en diciembre de 2000 al revivir el debate en torno a la privatización de Pemex”.

Muñoz Leos hace un recuento de los escándalos que caracterizaron la administración panista en el sexenio, culpando a Fox de todos los malos manejos, y directamente de la negociación del Pemexgate, revelado por el periodista Miguel Badillo el 10 de septiembre de 2001, cuyo “carpetazo”, dice Muñoz Leos, se acordó entre Fox —asesorado por Diego Fernández de Cevallos y Santiago Creel— y Romero Deschamps, so pretexto de un conflicto ficticio entre la empresa y el Sindicato.

El ingeniero hace un recuento de los proyectos malogrados: el frustrado Fénix, el saqueo y la ausencia de inversión a Cantarell, la mala planeación en los Contratos de Servicios Múltiples, pero omite hablar de las complicidades compartidas entre él y Vicente Fox, las que causaron su despido.

Las complicidades

Contrario a los roces del presidente y el entonces director general de Pemex, entre Marta Sahagún e Hilda Ledezma, esposa de Muñoz Leos, crecía una amistad que las hacía sostener conversaciones telefónicas todos los días, asistir a fiestas familiares e incluso ir juntas de “shoping”.

Marta e Hilda mantenían más que una relación de amistad. A través de Hilda Ledezma la esposa de Vicente Fox mantenía a Muñoz Leos informado sobre los negocios que sus hijos Manuel y Jorge Bribiesca operaban en la paraestatal y en cuáles debía intervenir Muñoz Leos.

Al interior de Pemex, Marta tenía otro interlocutor: Eduardo Rosas Monroy, recomendado por ella misma a Muñoz Leos para que lo colocara como su secretario particular en la paraestatal.

Como lo reveló Contralínea en octubre de 2004, en un momento algunos funcionarios de Pemex, como el entonces director de Pemex Exploración y Producción (PEP) Luis Ramírez Corzo, se negaron a otorgar contratos por adjudicación directa o mediante licitaciones amañadas a la naviera Oceanografía, esto provocó las presiones de Muñoz Leos a Ramírez Corzo, y como estas presiones no fructificaran, el presidente Vicente Fox pidió a Muñoz Leos su renuncia de Pemex. El ex director de DuPont había dejado de ser útil a los intereses de la familia presidencial en la paraestatal.

La familia presidencial se quiso deslindar de este escándalo porque ya se había acordado que con la salida de Muñoz Leos, Luis Ramírez Corzo ocuparía la vacante y que a Oceanografía se le dejarían los mismos márgenes de negociación. Incluso en su gestión, Ramírez Corzo autorizó que a la naviera se entregaran más contratos con montos mayores a los que logró Muñoz Leos (Contralínea 47).

Luego se hizo público el convenio entre Muñoz Leos y Carlos Romero Deschamps, mediante el cual el titular de Pemex se comprometía a otorgar al Sindicato 8 mil millones de pesos, sin que el convenio fuera avalado por el Consejo de Administración de Pemex. Y después, las facturas que Muñoz Leos pagó a cuenta de Pemex para que su esposa Hilda se hiciera una liposucción y cirugía plástica. Las facturas salieron de las mismas oficinas de Pemex que Muñoz Leos ocupara durante cuatro años.

A dos años de sus escándalos, Muñoz Leos regresa a la vida pública para intentar limpiar su imagen y curar la amargura que le dejó la traición de Vicente y Martha. En su libro Pemex en la encrucijada dice que fue él quien decidió presentar su renuncia el 1 de noviembre a Vicente Fox y el entonces secretario de Energía, Fernando Elizondo.

Calderón, negligencia

Contrario a la promoción que el propio Felipe Calderón Hinojosa ha hecho de su paso por la Secretaría de Energía en el sexenio de Fox, Raúl Muñoz Leos sostiene que en su fugaz paso por la Sener no estuvo atento a su trabajo, sino a su futuro político por su “desconocimiento técnico del sector”.

Durante la presentación del libro, el pasado miércoles 8 de noviembre en el Salón Tamayo del exclusivo Club de Industriales, Raúl Muñoz Leos no perdió ocasión para criticar la poca visión de Fox para con Pemex y la falta de dedicación de Calderón Hinojosa a la conducción de la Sener.

"Tenía mucho interés por lo que estaba haciendo, pero también tenía mucho interés por su futuro político. Y yo lo considero un gran político, y en el tema de energía y en el tema de Pemex tenía mucho que aprender", dijo de Calderón.

Las críticas llegaron a tal nivel, que incluso el fundador de ICA, Gilberto Borja, criticó las humillaciones que recibió Muñoz Leos por parte del presidente, cuando presentó su renuncia a la dirección de Pemex. No esperaba menos, dijo, de quien “sólo sabe vender Coca Cola”.

Como en el contenido de su libro, durante la presentación, a la que asistieron un centenar de personas, la mayoría familiares, ex funcionarios de Pemex, como Jorge Díaz Serrano, y algunos colaboradores de Muñoz Leos de la trasnacional DuPont (que Muñoz Leos dirigió en México durante tres décadas), el ingeniero químico pareció no recordar sus escándalos en la paraestatal. Discreto, apenas si sonreía cuando el periodista Eduardo Ruíz Healy, invitado por la editorial Santillana para la presentación del libro, contaba anécdotas de la infancia del ex amigo de Los Pinos.

"¡Si ustedes esperaban un libro de escándalos, debo decir que no!”, decía Ruiz Healy enalteciendo que Muñoz Leos citara en el libro el “daño moral” que le provocó el que en los medios se revelara que a cuenta de Pemex pagó la liposucción y cirugía plástica a su esposa.

“Pemex no vale tanto como tu familia Raúl”, decía el periodista.

Luego vinieron las felicitaciones, los halagos, el ingeniero recibía gozoso los halagos.

El recordatorio de sus malos manejos llegó cuando la reportera preguntó sobre las presiones que durante meses hizo al hoy director de Pemex, Luis Ramírez Corzo, para que éste, entonces titular de Exploración y Producción entregara los millonarios contratos a la naviera Oceanografía, para que Manuel y Jorge Bribiesca cubrieran su cuota como “gestores” de la empresa, según revelaciones de funcionarios de Pemex.

—¿Qué dice usted de las acusaciones en su contra?— preguntó la reportera.

Muñoz Leos palideció, rígido echó la espalda hacia atrás, quiso disimular la sorpresa y balbuceante dijo: “si usted dice que su revista lo publicó pues ya lo publicó pero… pero ¡para nada!...

Para romper la tensión que durante unos segundos privó en el salón, al unísono Ruiz Healy e Hilda Ledezma Mayoral se pusieron de pie y rompieron en aplausos mientras alguien ordenaba que se sirviera el coktail preparado para la ocasión.

Cuando la reportera abandonó la sala, un grupo de empresarios hacía notar su voz:

“¡Nosotros estamos de acuerdo con usted, es cierto todos esos malos manejos. Nosotros somos empresarios y no se vale quebrar una empresa del Estado y luego escribir libritos, esas son chingaderas!”

Un numeroso grupo de invitados abandonó el salón Tamayo, pasando junto al altero de libros que esa noche Santillana no vendió. Cuando los meseros comenzaron a descorchar las botellas, Muñoz Leos seguía postrado en su silla sin reponerse del susto.

Publicado: Diciembre 1a quincena de 2006