por Juan Yovera Bayona; [email protected]

Los pasajes bíblicos demandan que los recursos que nos ofrece la madre naturaleza deben administrarse en beneficio de la humanidad. En el caso del país, la Constitución política señala que dichos recursos pertenecen a la Nación, es decir, a todos los peruanos.

En consecuencia, administrar una de esas especies, en este caso la anchoveta, la explotación tiene que hacerse de manera eficiente; así, garantizamos la no depredación del recurso, mejor rentabilidad y ocupación de la mano de obra.

Esto significa romper con los modelos tradicionales de explotación, donde el esquema clásico nos limita a simple condición de productores de harina de pescado, cuando de lo que se trata ahora es levantar una propuesta que nos permita extraer para el consumo humano directo, combatiendo el hambre y la desnutrición.

Pero, además, es necesario hacerlo de manera racional, es decir, velar por la sostenibilidad del recurso para la presente y futuras generaciones, y así reducir drásticamente el uso de técnicas e insumos contaminantes, puesto que de ello depende la conservación de la fauna marina y la propia especie humana.

Hoy por hoy, la humanidad asiste a dos grandes divergencias: una, la de los que luchan por que no se arruine el planeta; y la otra, la de los que luchan por acumular fortunas importándoles un pepino la naturaleza y sus recursos. Problema que en la última campaña electoral fue tomado en los planes de gobierno de los partidos políticos en competencia.

En el caso del APRA, un buen número de estos militantes conocedores del sector pesquero desde un medio impreso de nombre “Pesca Perú”, planteaban cambios profundos en la política pesquera; priorizando el consumo humano directo. Y ante el problema de “excesiva flota pesquera”, crecida al amparo de la corrupción; que amenaza la existencia de la anchoveta; planteaba “reducir el esfuerzo pesquero”. Planteaban que esto se lograría no mediante las cuotas individuales trasferibles de pesca (CITP), puesto que su aplicación despojará a miles de trabajadores pescadores de sus puestos de trabajo, así como dejará a pequeños armadores fuera de la actividad. Esta postura absolutamente justa la llamaremos el primer acto.

La cosa no ha quedado ahí. El APRA hoy vive su segundo acto. El doctor Alan García Pérez ya instalado en el gobierno, sorprendiendo a los propios apristas entre los que existen muchos pescadores, nombró como ministro de la Producción al derechista Rafael Rey. Este por desconocimiento del sector o por oscuros intereses, patea las propuestas pesqueras apristas, dándole en la yema del gusto a la Sociedad Nacional de pesquería (SNP). De esa forma se ha consolidado a unos pocos grupos pesqueros, pero además, sin querer queriendo como diría “El Chavo”, personaje humorístico de la televisión mexicana, se estarían privatizando los recursos del mar, colisionado con la Constitución del Perú y con el propio mensaje del creador del universo.

Quien se oponga a tamaña aberración se expondrá a la cólera del ministro Rafael Rey, incondicional de la SNP, tanto así que hace rodar cabezas, es lo que acaba de ocurrir recientemente con Juan Rebaza Carpio, ex ministro de Pesquería y presidente de FONDEPES. Su “delito” ha sido opinar en un medio capitalino que él no está de acuerdo con las CITP. La reacción de Rey es una muestra de autoritarismo, intolerancia y defensa de los intereses de los varones de la pesca.

Nos preguntamos, ¿cuantas cabezas más rodaran?, porque así como hay funcionarios públicos sumamente dóciles al poder de turno; también los hay bien intencionados aunque pocos. Es la gente que ama su trabajo y quiere lo mejor para el país. Estos nobles valores estorban a los monigotes del poder. Estamos seguros que seguirán rodando cabezas.

El ministro Rafael Rey, apagó las aspiraciones con las que se identificaban miles de pescadores y sus familias. Veamos lo siguiente: En reciente visita a Chimbote, jueves 17 de diciembre, a una pregunta en relación a reducir el esfuerzo pesquero, contestó: “Aún no definimos qué propuesta vamos a tomar (…) Mi posición personal tampoco la tengo definida”.

¡El ministro no sabe dónde está parado! Cuando fue advertido de que un centenar de embarcaciones de pesca industrial -una vez más- habían penetrado a tender sus redes al interior de las cinco millas ribereñas, zonas reservadas legalmente para la pesca artesanal y para proteger los ecosistemas marinos, comentó: “Así somos los peruanos qué podemos hacer”. El ministro, lo que ha querido decir, es: “Así son los empresarios pesqueros hacen lo que les da la gana y yo estoy para servirles”. Así premia a quienes violentan normas, depredan áreas que ayer fueron paraísos de vida y hoy playas muertas y pestilentes. Encima, explotan a los trabajadores pescadores como en los tiempos de la esclavitud.

A propósito del ministro, en la última reunión del día 4 de diciembre en Lima, y con la presencia de los armadores pesqueros, le hice ver cómo son explotados los pescadores de la flota de madera de la ley 26920. Como quiera que existe una alcahuetona “lógica” que establece que las leyes deben darse por consenso, los armadores dirán: “no estamos de acuerdo en pagar beneficios compensatorios, pensionarios, seguros de accidentes y de vida”. Así, los pescadores seguirán abandonados a su suerte. Por eso le reiteramos al ministro, se trata de voluntad política, propósito firme de ejercer autoridad. Eso es lo que los pescadores buscamos y por eso tendremos que movilizarnos próximamente.

Este gobierno no representa ningún cambio, en el caso de la política pesquera es más de lo mismo; hasta los apristas se sienten estafados. Por ello el Sindicato de Pescadores de Chimbote y Anexos recibió al presidente Dr. Alan García y a su comitiva en su reciente visita por los cien años de creación de Chimbote, con dos grandes banderolas que decían “NO A LAS CITP. NO A LA PRIVATIZACION DE LOS RECURSOS DEL MAR. Y RESTITUCION DEL MINISTERIO DE PESQUERIA, SIN EL INPROVISADO RAFAEL REY NI EL TOLEDISTA ALFONSO MIRANDA”.

Sin embargo, no todo está perdido, nos quede la esperanza de que un gobierno de extracción popular será capaz de anteponer la conservación del recurso a cualquier depredación y los derechos de los pescadores a cualquier otro mezquino interés. Que quede claro, los armadores e industriales pesqueros tienen derecho a ganar pero no a explotar.

*Juan Yovera Bayona Sec.Grl. S.P.CH.A