por Fabio Parra Beltrán; [email protected]

Tras ser condenado en juicio publico, a Jesús le hurtaron sus escasas pertenencias en prisión y lo terminaron de desnudar en la cruz. Seguro que los autores del horrendo delito fueron colombianos. A las cárceles colombianas entran prostitutas, armas, computadores, antenas de televisión satelital, celulares, dinero, droga, todo lo que usted piense ingresa a las cárceles, si pensó en helicópteros también ingresan, todo a espaldas de los guardias de seguridad. Ellos de nada se percatan, ni de lo que entra, ni de lo que sale, ni de lo que ocurre adentro, ni de cuantos en realidad son los reclusos. De vez en cuando sienten un olor a fétido y los cuentan, todos los días los cuentan, pero el censo real se realiza el día en que es necesario determinar quien murió, porque allí a ninguno se le asesina, ¡como se le ocurre si allí se va a rehabilitarse!, todos los que salen por la morgue para no volver, se murieron en su ley. Algunos salen y vuelven con permiso de la guardia, aunque si les preguntas, no saben como salió el detenido. En la cárcel el que tiene los recursos económicos necesarios vive mejor que en casa; y en las casas de los que permiten mejorar en nivel de vida de los reclusos, como por arte de magia, también mejoran las condiciones de vida. A Jesús lo condenaron a la pena máxima por no acogerse a la ley de justicia y paz que entonces le ofreció Poncio Pilatos. De haber aceptado otro gallo cantaría esta mañana. Los judíos carecen de la astucia (malicia indígena) que nos sobra a los latinoamericanos, son seres incompletos. Jesús no visitó este lado del mundo, porque no quiso, o Dios no lo permitió, porque él hacia lo que Dios quisiera. Díos no le concedió la oportunidad que requería para encontrar la formula salvadora de la cruz, la que fácilmente se detecta cuando se comparte 10 segundos con un politiquero colombiano; realmente son varias las formulas, entre ellas: la mentira fundamentada, como lo hace Samper o el Comisionado de Paz, es muy fácil, o la retractación, como lo hizo Pastrana y también Serpa; se aprenden fácilmente, no son complicadas de aplicar y los resultados se aprecian a la vista. Dicen que Jesús era un santo, pero yo creo que cometió un grave pecado, pecado mortal, fue juzgado y condenado por pecar por inocente, por guevon como dice mi papá. Pero hay que entenderlo, él estaba muy joven aun, a los 33 años es imposible saber de buena tinta a profundidad las pericias fraudulentas de la justicia y su manejo político. Le faltó contar con la asesoria especializada de Alberto Santofinio Botero o Santiago Medina.

Jesús y sus muchachos constituían el contrapoder de ese entonces; como Salvatore Mancuso y sus doce senadores que lo acompañan y se desempeñan en los cargos públicos que él y sus pares paramilitares dominan. Es necesario aclarar que Jesús no fue criminal como los paramilitares. Si hoy muriera Mancuso, sus doce puesteros, que se encuentran en la penitenciaría o a punto de ser conducidos a ella, de inmediato recuperarían el honor de hombres de bien, de políticos honestos; sólo que Mancuso no piensa morirse, no todavía, antes de hacerlo esta dispuesto a pagarle una deuda al país. Eso es lo que dice, lo que se supone hará. De manera que se me acabo el argumento para seguirles contando las similitudes del momento actual con la historia de la Iglesia de Roma que por estos días celebra un año más de la muerte de Jesús, el hijo de Dios ¿Dios, hijo de quien? De quien quieran; no es momento para entrar a contradecir las creencias de la mayoría de occidentales, quienes esperan del cielo una bendición para conseguir un trabajo, para la salud, para los hijos, para la familia y hasta para los muertos; porque ni a los muertos los dejan en paz los creyentes en Jesús y en Dios, en el hijo y en el espíritu santo. ¿El espíritu santo? El mismo que canta y baila como diría mi abuelo. Se complico el chico diría mi tío el billarista. Mejor dejemos ahí, para evitar problemas como los hijos de los hijos, de los hijos, de los hijos, de los hijos, de los hijos, de los hijos de Adán y Eva, ósea los occidentales, ya que al parecer los orientales no descienden del mismo tronco, no son vástagos de los mismos padres. Que realidad tan vernácula; me desilusiona en mi intento de convertirme en un jeque de los que tiene propiedades en el Reino de Barehim, o por lo menos un empresario nipón. Olvídenlo, lo de descender del mismo vástago que los orientales. Hay momentos en que salgo de mí ser y evado mi estado de colombiano, que no me permite más que salir al vecindario sin la necesidad de una visa. Aunque analizándolo bien, y retrocediendo con Jesús, él no se desplazó largas distancias para convertirse en el hombre histórico que es. Contó con un buen jefe de prensa o pregoneros o juglares a su servicio. Sin salir de su región natal de Nazareth, logró atemorizar a Roma, tanto que fue juzgado por guerrillero, por insurrecto. Eso me recuerda a un paisano mió, de Medellín él, con igual o menor nivel de educación que Jesús, que consiguió colarse en las portadas de las revistas en las que posan los hombres más poderosos del mundo. No estoy hablando del Presidente Uribe, tampoco es Camilo Villegas, menos Juanés, Fernando Botero no es. Se trata de Pablo Escobar Gaviria, el más importante Colombiano de la segunda mitad del siglo pasado, quien fue encontrado, muerto y sepultado por el gobierno del imperio norteamericano, por producir y comercializar el producto blanco que tanto les gusta a ellos y que se niegan a pagar a menor precio si se legaliza. Prefieren la guerra contra los productores, en lugar de hacerla contra los consumidores que son el principal eslabón de la cadena. Que vidas tan similares las que encuentra uno sin mucho esfuerzo con la del hombre más popular de la historia de la humanidad, que en paz descanse, amen.