En las siguientes líneas, encontrará el lector agudos juicios sobre el armamento en que ha invertido sumas multimillonarias el Estado chileno. Las interpretaciones sobre el propósito de estas dinámicas son, en palabras del analista Gustavo Ywanaga, múltiples, ninguna de las cuales pasa por avenidas amistosas o de generosa “cooperación”. Por el contrario, la ridícula inconsistencia de este término aplicado a la seguridad, desnuda su estupidez y revela cómo es que en Perú se juega con la defensa cuando se pone a débiles mentales a elucubrar onanismos y fantasías. De ese modo ¡no se construyen los Estados! Pero sí se fabrican naciones víctimas y se abre la puerta de par en par. Leamos cuanto dice el escritor y no dejemos de subrayar su admonición sobre agua y energía que requiere, para la continuación lógica de su actual esquema de desarrollo, el vecino del sur. Y el dicho dice: guerra avisada, no mata gente. (Herbert Mujica Rojas)

Adquisiciones chilenas en el ámbito de la defensa por M.Sc. Gustavo Ywanaga Reh Revista Pro-intellectum [email protected] 17-1-2008

En la última década, Chile ha adquirido equipos militares por varios miles de millones de dólares. Pero no solo se trata de compras sino también de la adquisición de diversas licencias para manufacturar diversos suministros militares entre ellos componentes de granadas de mortero, blindados, armas ligeras, etc. Por otro lado, el evidente incremento en calidad y número de los equipos adquiridos es sorprendente, para un país en desarrollo y sin “amenazas significativas” a su soberanía: submarinos, fragatas, tanques, cargueros, vehículos ligeros, cazabombarderos, satélites, etc. Este salto tecnológico, de características cualitativas y cuantitativas, hecha por tierra cualquier esfuerzo de equilibrio entre sus tres vecinos, puesto que no solo se trata de medios físicos sino de todo el entrenamiento y estudio que implica la “modernización”.

La máxima expresión de un conflicto potencial en el siglo XX entre Chile con cualquiera de sus vecinos se produjo en la turbulenta década de los ´70. Momento, en los que tanto Perú como Argentina, tenían todos los medios necesarios para un ataque, coordinado o no, contra su vecino, en el que de haberse producido, la situación no hubiese sido favorable al país austral. Han trascurrido tres décadas de aquellos tensos tiempos y hoy en día ni Perú ni Argentina tienen sus fuerzas armadas en condiciones de soportar una agresión de este Estado.

Para cualquiera de las partes las razones para un conflicto armado van desde las demandas territoriales hasta el romanticismo revanchista o reivindicativo, pero por sobre todo las necesidades geoestratégicas de recursos, desde yacimientos mineros, gasíferos o petroleros hasta los “mercados” económicos.

La supervivencia de los Estados nunca fue ni será cooperativa, siempre es un Estado el que sale “ganancioso” a costas del otro. Los intereses nacionales difícilmente se dan si uno no saca ventaja de otro, a tal efecto es que no existe un solo Estado grande que proteja a uno chico sin nada a cambio. Más que principios de cooperativismo lo que se dan son relaciones comerciales que tienen un espectro que va desde la depredación y parasitismo hasta los negocios de mutuo beneficio. Esto último se podría confundir con cooperativismo pero no olvidemos que hablamos de relaciones comerciales entre Estados y no de amistades milagrosas. Sin embargo solo se puede llegar a una situación de “ganar-ganar” cuando los poderes nacionales de ambos Estados son equivalentes, en situaciones de asimetría la cosa se da entre depredación, parasitismo y comensalismo, biológicamente hablando.

Volviendo al tema chileno, este Estado ha ido creciendo “ininterrumpidamente” por aquellas cosas del destino, que evitaron un desgraciado aunque quizás necesario conflicto con el país del norte. El apoyo dado por los EE.UU a Pinochet permitió establecer un gobierno represivo, que eliminó toda forma de oposición o descontento en la población. El PBI de Chile creció sin embargo las desigualdades también y la represión e injusticias para las clases excluidas se ve como una consecuencia de aquello.

Han desarrollado una economía basada en la prestación de servicios y la exportación de materias primas más que en una de transformación industrial. Sin embargo, esto se justifica pues para llegar a transformar recursos y darles un valor agregado se necesita dos insumos importantes: agua y energía. Hoy en día a pesar de que las condiciones de la economía siguen iguales a lo expuesto, una cosa ha cambiado y es la de haber copado la economía de su vecino norteño. Desde las supermercados hasta la minas, puertos, agroindustria, transportes y sobre todo agua y energía.

Es impensable que esta condición se hubiese dado hace 30 años atrás, puesto que por ese entonces el poder nacional era muy bajo, no solo en armas sino en la capacidad de comprar las autoridades del gobierno vecino a diferentes niveles. La globalización al parecer nos “acorraló” a esta situación, donde hemos intercambiado migrantes que van como empleadas domésticas, vendedores ambulantes o lustrabotas y en contraparte hemos recibido asesores de gobierno para la defensa y el desarrollo nacional. Hemos invertido en cevicherías y ellos en el sistema financiero, energético, agroindustrial y de distribución. ¡Qué tiempos aquellos de los ´70, donde el Perú era un país con soberanía, subdesarrollado como muchos pero integro como pocos! ¿Qué cambió?, solamente la pérdida de integridad pues seguimos subdesarrollados, la situación de pobreza no parece haber disminuido a grandes rasgos. Solo la maravillosa tarjeta de crédito, que maquilla la verdadera faceta de la pobreza. Sueldos estancados y precios en aumento, pero con una gran bonanza económica que no sirve para invertirla en lo que el Perú realmente necesita.

Chile comprendió que para mantener su situación económica en azul, solo podría mantener inversiones fuera de sus fronteras, por eso primero compró al país y luego se armó, emitiendo un franco mensaje subliminal: “si mantienes las cosas como están perfecto, si afectas a mis empresas, ya sabes lo que te espera”. (Nunca sería al revés pues no son tan tontos).

Cada anuncio de compra de un nuevo material bélico chileno, es como un balde de agua fría para los defensores del país, que en silencio o no, visualizan lo que tarde o temprano podrá ocurrir, y ello es la prueba de que con cada anuncio de adquisición, se refuerza la disuasión chilena para la reacción peruana a diferencia de la disuasión para la defensa, que en este caso es lo que hace cualquier país pacífico. Los gobernantes han logrado mantener una política del “sí señor” y difícilmente encontrarían cuestionamientos en el personal especializado en estos menesteres.

En conclusión, el significado de sus adquisiciones no puede ser más claro: mantener el “status quo” chileno en territorio peruano, de lo contrario los Leopards, los F16, las fragatas y submarinos se encargarán de solucionarlos.