por Plinio Esquinarila; [email protected] 16-10-2008

Debemos llegar a la conclusión que el ex ministro Hernán Garrido Lecca es un genio y un adelantado que supera de lejos a Javier Valle Riestra. Eso de que es el “cajero” de Alan García, que es un lobysta con postgrados insospechados, o que es el mercader del régimen porque habría querido subastar hasta el Pentagonito, entre otros cargos de resentidos, envidiosos y caimanes del más diverso pozo, se quedan definitivamente en la mera anécdota ante aquel planteamiento suyo de que los veterinarios con formación en gestión deberían asumir la dirección de los hospitales.

Quién iba a pensar que la fórmula genial de Garrido Lecca empezaría a tomar cuerpo en toda la “sociedad civil” y en Palacio de Gobierno. En este último recinto –se afirma con insistencia- para rebanar con fina navaja, con una cimitarra ciega de Hatori Hanzo, el grueso cogote del pobre Jorge Del Castillo, el último en darse cuenta que la consigna “todo el poder a los veterinarios” no apuntaba a manejar hospitales sino el Consejo de Ministros y la PCM.

Claro, Jorge Del Castillo, el padrino del caviaraje que lo traicionó con los petroaudios que lo involucraban con Fortunato Canaán, cuyo nombre precisamente viene de fortuna, donde la voz del padrino “Don Bieto” (Alberto Químper) tiene un aire de familia con la voz gutural y cansina de don Vito Corleone, en esa conversación que quedará grabada para la historia del hampa con uno de los últimos aristócratas, Eduardo Arias Schreiber, “El Gordo”, donde planean una cirugía sin anestesia, superando algunas malas prácticas veterinarias, para cobrar “honorarios de éxito” a Discover Petroleum.

Volviendo a Garrido Lecca, su genial idea era tomada con fruición por la “sociedad civil” oenegera -ese único lugar seguro de quienes hacen política zampándose por la ventana- y por el gremio médico, en alianza con los veterinarios, para poner uno de los suyos, en este caso un veterinario, en el manejo no sólo de los hospitales, que son establecimientos muy reducidos y deprimentes, sino de un país entero llamado Perú.

De esa forma esa alianza contranatura entre la “sociedad civil”, la sociedad de “Don Bieto” y la “sociedad política” palaciega, con el apoyo de la dictadura mediática, hacen realidad la genial idea del buen Garrido Lecca: un veterinario, que responde al nombre de Yehude Simon Munaro, manejará el Consejo de Ministros no sabemos por cuánto tiempo.

Y es que cuando Garrido Lecca propuso, con su racionalidad de economista y administrador, mismo Peter Druker, que los veterinarios se hagan cargo de los hospitales, aquella dictadura mediática puso el grito en el cielo. ¡Horror! ¿Cómo es eso de que pretenden tratarnos como si fuéramos animales?, se preguntaban indignados los opinólogos de todo pelaje, los mismos que ahora aplauden que un veterinario –que para otros podría ser un ex matarife del MRTA- maneje el Perú.

Preguntas a tomar en cuenta: ¿No nos habían dicho que la política era un magisterio ético, una conciencia impoluta, una hoja de vida sin mácula, una actividad que conjunciona la teoría y la práctica, y, desde otras perspectivas, era la inteligencia, la conciencia y el honor de la época? ¿O es que ahora la política es el refugio del arrepentimiento y de la fe del converso hecha poder? ¿Qué sentimientos encontrados recorrerá a la Fuerza Armada para que, por ejemplo, los servicios secretos sean ahora dirigidos por un ex dirigente del MRTA, habida cuenta que la DINI depende de la PCM? ¿Qué está pasando en el Perú? País de locos.

¿Si la utopía es un relato del mejor de los mundos imaginables, debemos suponer que nos vamos acercando a la distopía, que es el peor de los mundos, donde no sólo todo está al revés, sino que debemos aceptar las estupideces que cada político y opinólogo ensaya para justificar estos nuevos rumbos?