El 2009 aparece como el-año-de-todos-los-peligros, es muy difícil pronosticar el ritmo de la crisis en curso, sobre todo porque no tiene precedentes en la historia del capitalismo; su carácter sistémico, su pluralidad (económica, energética, militar, institucional, tecnológica, ambiental, ideológica) y las interrelaciones entre sus diversas componentes, le confieren un comportamiento errático, casi (pero no totalmente) impredecible.

De todos modos un conjunto de indicadores nos están señalando que el acople recesivo global que se fue desarrollando durante 2008, está ahora ingresando en una nueva etapa caracterizada por grandes caídas productivas y aumentos de la desocupación en los países centrales y en la mayor parte de la periferia. Se trata de la instalación de un acople depresivo global avanzando ante la impotencia de los gobiernos de los países ricos, que constatan como las lluvias de millones de millones de dólares, euros, etc., arrojados sobre sus mercados, no consiguen frenar la avalancha.

Al igual que en el comienzo de la etapa anterior, el motor de la crisis se encuentra en los Estados Unidos donde durante el último trimestre de 2008 y en el comienzo de 2009, aparecieron datos alarmantes anunciando la inminente llegada de la depresión.

En el cuarto trimestre de 2008, el Producto Bruto Interno promedio cayó a una tasa anual de 3,8% (si descontamos la acumulación de inventarios la caída supera el 5%), la producción industrial bajó 11 %, el consumo de bienes durables 22 %, el de bienes no durables 7 % y las exportaciones 22 %, las informaciones disponibles del primer mes de 2009 (consumo, desocupación, cotizaciones bursátiles, algunos sectores industriales decisivos como el del automóvil, etc.) indican que la tendencia recesiva se profundiza.

A las caídas en la producción y el consumo se agrega el rápido aumento del ahorro personal, impulsado por el temor a la desocupación y a la pérdida de ingresos, que reducirá aún más el consumo, lo que a su vez empujará hacia abajo a la producción industrial.

A lo largo de 2008 se puso en marcha el clásico círculo vicioso recesivo donde el consumo, la producción y la inversión interactúan negativamente: la recesión provoca más y más recesión. Se ha producido un rápido empobrecimiento del grueso de la población, en algunos casos se trata de pérdidas de riquezas ilusorias, como lo fue el aumento burbujeante de acciones y valores inmobiliarios que impulsaban el consumo de sus beneficiarios y en otros de pérdidas reales de empleos, salarios y viviendas.

Dos informaciones pueden ser útiles para evaluar la magnitud del desastre, la primera referida a la contracción de la riqueza provocada por el colapso financiero. La llamada riqueza neta de la población norteamericana (valor de las propiedades, acciones, etc., menos deudas) había descendido a comienzos de 2009 en unos 14 billones (millones de millones) de dólares corrientes respecto del valor promedio de 2007, cifra equivalente al Producto Bruto Interno de los Estados Unidos. La segunda información nos ilustra sobre el impacto social de la crisis, la desocupación “oficial”, es decir, la registrada de ese modo por el gobierno creció gradualmente a lo largo de 2007 y se aceleró desde mediados de 2008, en octubre incluía a más de 10 millones de personas, en diciembre superaba 11 millones (7,2% de la población económicamente activa). Sin embargo esa cifra subestima el problema, porque a los 11,1 millones de desocupados oficiales de diciembre de 2008 (3,6 millones más que en diciembre de 2007) es necesario agregar 2,6 millones de desocupados de “larga duración” (con 27 semanas o más sin empleo); ese sector aumento en 1,3 millones de personas durante 2008, por otra parte, los trabajadores precarios llegaban a unos 8 millones (eran 4 millones 600 mil un año antes). Sumando desocupados oficiales, crónicos y trabajadores precarios se llega, en diciembre de 2008, a casi 22 millones de personas, (eran 13 millones 500 mil un año antes); se trata del salto al vacío de más de 8 millones de personas.

Insolvencia y aceleración de la crisis

Los principales indicadores económicos y sociales nos señalan que la crisis se acelera y que el aumento de ritmo apunta hacia una gran salto cualitativo, un hundimiento catastrófico de la economía norteamericana, que seguramente arrastrará al conjunto del sistema global.

El Producto Bruto Interno real creció a una tasa anual del 3,3 % en el segundo trimestre de 2008, tuvo una leve cifra negativa en el tercero (-0,5%) y cayó con fuerza en el cuarto (-3,8%).

La producción industrial aceleró su descenso a lo largo del año pasado, el índice promedio del segundo trimestre cayo 0.9 % respecto del primero, el del tercero bajó 2,3 % respecto del segundo y el de cuarto trimestre descendió 3 %.

El consumo personal que se había mantenido estancado en términos reales durante los primeros meses de 2008 inició un persistente descenso en el segundo semestre que tiende a acentuarse a comienzos de 2009.

A lo largo de 2007 y hasta abril de 2008, la masa de desocupados oficiales presentaba una curva ascendente suave, pero en mayo pegó un salto del orden del 11 %; a partir de allí, el crecimiento de la desocupación se aceleró: en los cinco trimestres que van entre enero de 2007 y marzo de 2008, la tasa trimestral promedio de incremento del volumen de desocupados nunca superó el 1,5 %, pero en el tercer trimestre de 2008 subió al 3,5 % y el cuatro al 5 %. En diciembre de 2008 se produjeron 630 mil nuevos desocupados netos, en enero de 2008 se repitió aproximadamente dicha cifra.

El índice de precios de las viviendas desciende a velocidad creciente desde mediados de 2008, 10 % de caída a lo largo de todo 2008.

En los 12 meses que van entre octubre de 2007 y mediados de septiembre de 2008, la capitalización bursátil norteamericana descendió unos cuatro billones (millones de millones) de dólares, pero solo en los cuatro meses siguientes descendió en un cifra similar, la baja mensual promedio pasó entonces de 333 mil millones de dólares para el primer período a un billón de dólares para el segundo (casi 7 % del PBI por mes). En fin, la tasa de ahorro respecto del ingreso personal disponible que se había mantenido próxima de cero; en los últimos años pasó del 1,2 % en el tercer trimestre de 2008 a 2,9 % en el cuarto trimestre y existe consenso entre los pronósticos conocidos para situarla en torno del 5 % antes de fin de año acentuando así la retracción del consumo.

Si la tendencia a la aceleración de la caída económica no puede ser frenada, todo parece indicar que en el 2009 se producirá la Gran Depresión, mucho más grande que la de los años 1930.

Desde que se produjo el colapso financiero de mediados de septiembre del año pasado, el gobierno (Bush y luego Obama) ha tratado de suavizar la caída a través de millonarios subsidios a los bancos, primero, y después a industrias clave como la automotriz y finalmente a los consumidores. Sin embargo, estas inyecciones de fondos que aumentan peligrosamente la deuda y el déficit público no han conseguido el objetivo buscado, ha sido así porque detrás de la crisis de liquidez, de la falta de crédito, se encuentra el fenómeno de sobre endeudamiento publico y sobre todo privado, que ha colocado a numerosas empresas y a una enorme masa de consumidores en la insolvencia o al borde de la misma. Eso no se arregla inyectando dinero en el mercado, con esas intervenciones se producen algunos alivios pasajeros que evitan uno que otro derrumbe, postergan un poco la depresión sin poder impedir su llegada. A su vez, la insolvencia y el sobre endeudamiento son el resultado de una prolongada decadencia productiva asociada al ascenso del parasitismo financiero de aproximadamente cuatro décadas de duración, es el conjunto del sistema lo que ha entrado en crisis.