Los temas de defensa nacional siempre se han asociado al aprovisionamiento de armamento. Muchos piensan que estos acápites sólo pueden ser medidos y comparados por la cantidad de tanques, barcos o aviones. El que tiene más, es el que saldrá victorioso en una guerra. La Defensa Nacional es todo un sistema donde el último componente en jerarquía, paradójicamente, es el tema de equipamiento. Aquí podríamos emplear una máxima que involucra lo mencionado. “Si piensas primero y adquieres después, adquieres sabiamente. Si compras primero y piensas luego, adquieres estúpidamente.” Esto encuentra su justificación en que se debe planificar todo el espectro de cosas que involucra a la defensa. Tan es así, que el proceso de planificación de las políticas nacionales implica a la defensa y al desarrollo. La planificación de la defensa debe estar en conformidad con los medios y estar de acuerdo a la realidad nacional, manteniendo una “lógica” con el contexto internacional.

Las políticas de defensa, que son la puesta en práctica de los planes de defensa, están diseñadas sobre la base de las “posibles” amenazas sean internas o externas al Estado. Esta política de defensa incluye a los medios necesarios para su aplicación, es decir los requerimientos tangibles y no tangibles,todos ellos involucrando al trinomio hombre, equipo y conocimiento.

Es necesario mencionar un aspecto vital para la defensa en relación al párrafo anterior. ¿Qué pasa cuando las “personas” que tienen la responsabilidad de dirigir las políticas de defensa creen en la “no existencia” de amenazas? Simplemente todo sale mal. Un funcionario que no considera la probabilidad de guerra futura, sub-conscientemente se reafirma que la falta de medios no es importante para defensa, por lo que en sí no son necesarios. Después de todo, si su hipótesis es “la no existencia” de conflictos futuros, ¿cuál es el apuro y la necesidad de adquirir dichos medios?

Nunca se deberá permitir este tipo de concepciones (probabilidad de conflicto=cero o Amenazas de otros Estados=cero) en los altos mandos militares y civiles que dirigen la política de defensa del país, de lo contrario se repetirían las trágicas experiencias pasadas. Las amenazas siempre se manifestarán cuando un Estado es débil, muy al margen del crecimiento de su PBI. Es decir si un país quiere ser viable a futuro debe preocuparse en la defensa nacional tan igual como en su desarrollo.

La Constitución Política del Perú, en su artículo 163º menciona que: “El Estado garantiza la seguridad de la Nación mediante el Sistema de Seguridad Nacional. La Defensa Nacional es integral y permanente. Se desarrolla en los ámbitos interno y externo. Toda persona, natural o jurídica, está obligada a participar en la Defensa Nacional.”

Por otro lado el artículo 3 de la ley N°27860, menciona la finalidad del Ministerio de Defensa: “… es el órgano especializado del Poder Ejecutivo encargado de formular, ejecutar y supervisar la política de Defensa Nacional en el campo militar, así como de diseñar, planificar y coordinar la política de Defensa Nacional en los campos no militares. Asimismo, está encargado de formular y difundir la doctrina de Seguridad y Defensa Nacional y asesorar, planificar y coordinar las acciones que en esta materia realicen los órganos que integran el Consejo de Defensa Nacional.”

El Estado está obligado a generar una situación de seguridad a su población, delegando esta función de manera constitucional a las FFAA enmarcadas en el Ministerio de Defensa.

La situación de la operatividad de la defensa nacional no sólo se mejora con la adquisición de determinados medios físicos, sino también con el entrenamiento y práctica en el manejo de los mismos. La operatividad está en función de la sumatoria de los recursos físicos, humanos y cognitivos.

Operatividad,f(∑[Recursos]):

 Recursos físicos = Armas + Suministros + Repuestos + Equipos asociados  Recursos humanos (capacitado, entrenado y motivado) = Operadores + Abastecedores + Mantenedores y Reparadores  Recursos cognitivos = Doctrina (conocimiento adquirido de la investigación y experiencia)

Como se puede apreciar la operatividad no sólo depende del estado o situación de las armas sino de todos los componentes en su conjunto. Así mismo, todos los recursos están condicionados en esencia a factores: económicos, políticos, estratégicos y de coyuntura internacional.

Los Recursos físicos y las políticas de adquisiciones

Muchos fabricantes ofertan productos con características muy peculiares que incrementan los precios, pero que en la práctica estos no representan ninguna ventaja sustancial. Ejemplo de ello lo encontramos con los equipos que operan en condiciones NBQ (nuclear, químico o biológico). El poseer esta ventaja en un equipo no es determinante en el contexto de una guerra futura. Ningún Estado en Sudamérica posee armas nucleares, químicas o biológicas, por lo que asumir un costo adicional en protecciones innecesarias es tirar el dinero.

Los tanques T-55 venían con pinturas especiales de protección nuclear que podían mantener seguros a los tripulantes de las mortales radiaciones en ambientes contaminados, y esto en efecto era una de las cosas que más “orgullo” producían. Pero ¿en que contexto el Perú podía operar en ambientes con contaminación nuclear? ¡Cuanto adicionaba este factor al precio final del vehículo!

Así mismo, otros materiales del arsenal “poseían” virtudes de poder admitir cargas NBQ, lo cual no es un desmedro en las capacidades del equipo pero tampoco es una “ventaja” de importancia, por lo que estar “orgulloso” de esa ventaja y no de las reales ventajas comparativas en un escenario regional, es caer en “absurdos subjetivos”.

En cierta ocasión alguien comentó, en referencia a alguna antigua conversación, entre un fabricante de armamento europeo y algún miembro de una comitiva nacional: “...Ustedes nunca saben lo que quieren, son uno de los pocos países que piden ver todo el “muestrario” y nada tienen en mente, mientras otros vienen a decirnos directamente lo que quieren y para que así podemos asesorarlos y estos sacan un gran provecho a su compra…”.

No es secreto el historial de compras militares manchadas por la corrupción. Muchas de ellas llegaron hasta los tribunales, por diferentes vías y con desalentadores resultados. Cuando la corrupción merma el criterio técnico en una adquisición, la defensa del país se ve en grave situación. Por ejemplo comprar un avión y por separado comprar los aditamentos “básicos” como cascos, trajes, cañones, etc. implica muchos procesos de compra, muchos sobreprecios y muchas comisiones. Si bien es cierto este tipo de delitos no es exclusividad de nuestro país, la reiterada percepción y posterior denuncia de estas acciones, han llevado, probablemente, a una situación “política” de: si se compra mal, mejor no comprar y si antes compraban los militares, ahora que lo hagan los civiles.

Pensamiento equivocado que demostraría la incapacidad de resolver un problema demasiado arraigado en todo el aparato estatal, como lo evidencian las fallidas compras en otros sectores del Estado. Los directores de la política de defensa deben delegar a sus verdaderos “usuarios” la capacidad de compra, la cual de manera transparente debe estar debidamente sustentada, puesto que no se comprarán camionetas a algún distribuidor local, sino armas en algunos de los casos a proveedores exclusivos y monopólicos. Este requerimiento inclusive puede llevar a un nombre, marca y proveedor específico, por lo que todo el proceso de adquisición nunca será igual a los de bienes civiles.

Cuando se planifica una adquisición en defensa se deben observar muchos aspectos que “nunca” deben ser obviados, mencionaremos algunos:

 Costo/Beneficio comparativo  Canales de abastecimientos continuos y “no” interrumpibles en caso de conflicto  Facilidades de operación y mantenimiento, etc.  Posibilidad de intercambio tecnológico y producción local de repuestos.

Por otro lado, el criterio máximo que prima para el empleo de las FF.AA. es la doctrina. Si consideramos que la doctrina de defensa implica un esquema “disuasivo–defensivo”, las adquisiciones que rompan este esquema tirarán al tacho de la basura cualquier planificación que conduzca al éxito en un conflicto.

Elegir medios solo por la imitación de “si él lo tiene, yo también lo quiero” es en parte romper lo antes mencionado. Existen equipos cuya funcionalidad no es pensable en un esquema disuasivo defensivo. Ser disuasivo defensivo implica alejar de la mente las operaciones tipo blitzkrieg o guerra relámpago así como los “muy de moda” ataques preventivos. Esta concepción doctrinaria nacional implica ir más hacia la doctrina china o la finlandesa, las cuales se acondicionan a la espera del enemigo, es decir “dejar entrar al territorio pero nunca dejar salir”.

Las doctrinas disuasivas defensivas o simplemente defensivas, se enmarcan en las concepciones de asimetría de fuerzas, donde por la limitación de recursos no es posible asumir ciertos “lujos”, por lo que cualquier elemento que se incorpore debe servir para “anular” al del oponente. Siempre será más barato un misil que un tanque, buque o avión. No se debe entender esto como que se deberían excluir de la panoplia de la defensa, sino más bien asumir escenarios probables realistas en que el enemigo eventualmente cuente con una sostenida superioridad de medios, que ocasionen una probable pérdida de la ventaja aérea, marina o terrestre.

Un ejemplo lo encontramos en un hipotético escenario, donde se tuviesen que enfrentar tanques T-55 contra tanques Leopard II, la diferencia no solo es obvia, sino que los primeros simplemente no podrían ni siquiera acercárseles, si lo hiciesen y en una coyuntura más milagrosa que probabilística, sus disparos no perforarían el blindaje compuesto, por lo que solo restaría esperar estoicamente la aniquilación.

Se podría pensar en mejorar las prestaciones del T-55, pero siempre se asumirían sus limitantes estructurales. Adicionar un misil no tiene sentido. Los tanques son blindados que pesan más de 40 toneladas, al dotarlo de un misil, que en la mejor de las situaciones tecnológicas pueda dispararse, rompe la función estratégica del vehículo, es decir éste es un medio lento y pesado que se emplea en formación como cabeza y fuerza de choque de otras armas (blindados e infantería), soldarle misiles lo hace vulnerable en extremo, puesto que solamente la metralla podría destruir el misil, con la consiguiente explosión que podría afectar seriamente al tanque.

La efectividad del misil en caso de empleo, es prácticamente limitada en funciones, a diferencia de dotárselo a vehículos ligeros y por consiguiente rápidos. El blindaje del T-55 en su coraza frontal llega a los 100 mm de acero, débil incluso para resistir el impacto de un cohete antitanque de infantería. Adicionarle blindaje sea de tipo metálico angulado, compuesto o del tipo reactivo (ERA: explosive reactive armour), lo que incrementa el peso final significativamente del vehículo en detrimento de la movilidad, ello podría llegar a traducirse en un vehículo con una velocidad máxima inferior a 40 km/h versus los 60 a 70 km/h de un Leopard II. Estos blindajes no garantizarían necesariamente la supervivencia de la tripulación al “primer” disparo recibido.

Asimismo el T-55 posee un cañón de ánima lisa de 100 mm, completamente incapaz de atravesar la coraza del Leopard II, como se evidenció en las guerras del Golfo Pérsico. Esta arma tiene limitaciones de disparo con el vehículo en marcha, por lo que debe estar detenido para los disparos. No posee sistema computarizado de tiro ni estabilizadores, ni colimadores. Como única tecnología cuenta con un extractor de humos y medios optrónicos no digitales. Si comparamos el cañón de su adversario de 120 mm estabilizado para tiro en movimiento así como completamente computarizado, con colimadores y con capacidad de tiro nocturno, las desventajas son obvias.

Existe en el mercado un paquete de mejoras al T-55 creado por los rusos, el cual involucra al misil Bastión. Este es un misil disparado desde el cañón, guiado por un sistema de puntería laser. Sin embargo la perforación de blindaje es de 850 mm, demasiado escasa para atravesar el blindaje compuesto del Leopard II. (Aunque vale mencionar que no existen evidencias de empleo de este tipo de misil contra algún tanque de última generación en combate, que posea el blindaje estratificado de tipo Chobham)

Si se busca adquirir un modelo más moderno como el T-72, los resultados son prácticamente los mismos. Este tanque aunque posee un cañón de 125 mm, mejor blindaje y equipos más sofisticados, no garantiza la supervivencia en combate, asumiendo las experiencias en combate entre carros de la generación del Leopard II (M-1 Abrahams norteamericano o el Challenger británico) enfrentados con los T-72 iraquíes, los últimos corrieron igual suerte que los T-55.

El adquirir un gran parque de T-55 hace tres décadas fue una ventaja muy grande para esa época y prácticamente era incontestable, sin embargo hoy en día se cambiaron los papeles. En su momento este fue un gran tanque pero ante el cambio doctrinal de uso de ataque a defensa, se debe replantear su uso en la doctrina. Se pueden obtener mejores resultados con medios más económicos, basados en misiles termobáricos para infantería, blindados ligeros o vehículos de reconocimiento así como en plataformas aéreas (aviones como el Su-25 o helicópteros), los que siempre garantizarían mejores resultados que con los tanques.

Otro ejemplo con respecto a las mejoras en los sistemas de armas lo tenemos en el avión MIG-29. Los rusos vienen ofertando un paquete de mejoras dentro de las cuales está la capacidad de aprovisionamiento en vuelo. De llegar a pensar en implementarse esta mejora al avión, valdría la pena hacer esta pregunta: ¿tenemos aviones cisterna? La respuesta es negativa, solo en caso de presupuestarse la adquisición de un avión cisterna “operativo” sí sería una mejora. Si no hay planes (ni recursos económicos para la compra de un avión cisterna) entonces ¿para qué necesitaríamos invertir en este tipo mejora? Como se ve, un aspecto puede hacer de una compra algo muy útil o simplemente tirar el dinero destinado a la defensa, salvo que se piense en la “seguridad cooperativa”, entonces sí serían útiles pero para el aliado hegemónico. Recordemos que las pequeñas cosas “innecesarias” que se adquieren van sumando “millones”, y justamente millones son los que se necesitan para operativizar muchos medios.

La situación más favorable en el equipamiento de recursos físicos para la defensa es la capacidad de autoabastecerse. El Estado debe procurar el flujo continuo de armas, suministros, repuestos y equipos asociados en caso de conflicto.

Cuando la situación externa del Estado se torna algo “tensa” los precios suben y los suministros se cortan, siendo muy difícil aprovisionarse de medios y solo tiene ventaja el Estado que produce sus propios recursos físicos. Los lineamientos de la política de defensa deben incluir en el tópico correspondiente a los medios de defensa, el desarrollo de una industria nacional.

Pero esto no es nuevo, el período del 70 al 80 esto se hacía, no a un 100% pero algunos pasos se dieron, fabricación de sub-fusiles y fragatas clase Lupo, minas, granadas y munición de diversos calibres, inclusive para armamento de origen soviético. ¿Qué pasó? Pareciera que algunos gobiernos cayeron ante algunos asesores que pidieron eliminar estas capacidades. Las industrias fueron “arrasadas” y solo quedaron en el orgullo del recuerdo. Hace algunos meses el jefe de Estado, pidió al parecer en un acto más formal que sincero (esperemos que no), recuperar las capacidades del SIMA y FAME. Existe una verdadera comprensión de lo que significa “independencia” en defensa. El vecino del sur se ha enfrascado en los últimos 30 años en una carrera de producción que hoy en día solo es superada por México y Brasil en Latinoamérica.

Las capacidades de producción, desde el punto de vista de tecnología son muy altas, existen mejores condiciones para desarrollar industrialmente la defensa que hace 20 años sin embargo las políticas de los gobernantes cada vez son más desfavorables.

Como ejemplo en el rubro de munición mencionaremos que un soldado tiene como dotación 300 proyectiles de fusil, aproximadamente (de 10 a 15 cargadores, dependiendo del calibre), los cuales le permitirán un tiempo de fuego en combate de 20 a 30 minutos (cálculo aproximado si se hace una estricta disciplina de fuego), es decir en una hora de combate habrá quemado 600 proyectiles. Es decir mil soldados requieren 600 mil proyectiles para aguantar 1 hora de fuego, en un hipotético escenario, continuando 10 mil soldados necesitarían 6 millones para las mismas condiciones de tiempo de fuego. No se puede calcular el tiempo de horas de fuego de un conflicto, el cual podría ser de 10 ó mil horas. En cualquiera de los casos hablaríamos de 60 a 6000 millones de proyectiles, por cada mil hombres en combate. Si el Estado no produce su propia munición ¿cuánto tiempo tendría hasta agotar sus “reservas”? De igual modo podríamos establecer la analogía para la munición de artillería, bombas, cohetes de RPG, etc.

Otro componente importante ligado al “no desarrollo” industrial en defensa, viene asociado a la corrupción. Para muchos es preferible comprar, simplemente por la cantidad de comisiones “no rastreables” que se presentan. Si el Estado fabrica sus propias armas ¿qué comisión se podrá recibir? Aquí radica un punto neurálgico de todo este tema, por lo que debemos sopesar beneficios personales con los beneficios nacionales. Lógicamente a los comisionistas tanto de las FF.AA como civiles, este desarrollo siempre será un estorbo, por lo que las operaciones para anular cualquier intento de industrializar la precaria defensa no se han dejado ni se dejarán esperar.

Si el Estado se abastece de lo mínimo con industria propia, por lo menos la capacidad de seguir luchando podría sostenerse en el tiempo, de lo contrario los únicos que podrían abastecer al país son: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador o Chile, o prestarse a servir de tránsito para equipamiento. Saque sus conclusiones.

(Una explicación in extenso la puede encontrar en el artículo “Desarrollo de la industria militar en el Perú”, del autor. Publicada en: Pro-intellectum. Ed.Nº 2-Año 2, p.10–14).

Recursos humanos

De igual modo el recurso humano requiere la mayor de las atenciones, en la defensa participa personal civil y militar. Este último encargado directamente en las operaciones. Aquí mencionaremos al personal oficial, técnico y sub-oficial y a la tropa.

Los cuadros de oficiales de las tres armas (marina, aviación y ejército) se forman en las escuelas de oficiales y continúan sus procesos formativos en las escuelas superiores de guerra. Esta preparación va en los aspectos físicos y académicos. La importancia de la homologación del grado con el equivalente universitario ha debido darse hace mucho tiempo. Esto contribuirá a un mejor desempeño por motivación y seguridad en la vida personal del oficial. Sin embargo es importante resaltar que bajo ninguna circunstancia se deben desnaturalizar los tópicos de enseñanza. Es preferible que un “ingeniero vea temas administrativos antes que un administrativo se las vea con las máquinas”.

La base fundamental de la enseñanza académica debe residir en la capacidad de análisis e investigación desde los períodos formativos del oficial. La metodología de la investigación científica debe ser una forma de uso común en las tres armas. Esto va de la mano con la capacidad del autoabastecimiento de recursos y la búsqueda de soluciones rápidas y efectivas en campo. Si se desarrolla este espíritu de búsqueda de soluciones, se crearía una mística de innovación y mejora continua que afectaría sustancialmente la capacidad operativa de las fuerzas armadas.

Cuando se habla del recurso humano, se aprecian dos aspectos muy relevantes: la actitud y la aptitud. La preparación del personal siempre debe estar enfocada en mantener un equilibrio de ambos aspectos, puesto que uno no es valido sin el otro.

La moral del personal no está en su mejor momento, gracias en gran parte, a la persecución y humillación del personal en todos los niveles por el tema de corrupción y derechos humanos. Las autoridades políticas deben comprender que la supervivencia de las FF.AA. depende mucho de la cohesión (esto no debe tomarse como complicidad), los responsables con nombres y apellidos deben pagar sus culpas pero esto no debe afectar la unidad militar. Si ella se resquebraja, tendremos muchos casos de insubordinación e incumplimiento de órdenes, y lo peligroso de esto es que suceda en una situación de conflicto. Por otro lado los temas remunerativos y pensionales influyen en gran medida en esta moral, donde la desmotivación, en otras palabras la actitud de la persona hace mella en sus aptitudes.

Recordar que el canal de la aptitud es la actitud. Podemos entrenar con los mejores medios a los especialistas militares y sin embargo perseguirlos injustamente y/o reducir su economía familiar, luego por más capacitados que estén y por más mandato constitucional, ¿qué se podría esperar del cumplimiento eficiente de las órdenes si los militares son tan humanos como los civiles?

Por otro lado, se debe potenciar el relacionamiento entre civiles y militares, así como afianzar el nivel de confianza en la cadena de mando de las unidades. El personal subalterno debe confiar en sus mandos y, a su vez, los mandos deben responder positivamente a ello. El caudillaje debe ser desterrado por el liderazgo como una estrategia de mejora continua en la motivación del personal.

Vivimos en un tiempo de múltiples y silenciosas amenazas, muchas de ellas ya materializadas o en proceso de estarlas. Si la capacitación de los oficiales en las concepciones doctrinales se desvía políticamente, ejemplo el proceso clásico de “norteamericanización”, la defensa corre grave riesgo, puesto que las percepciones se van manejando de un modo en que “Estados amenaza” nos indiquen quienes son nuestras amenazas.

Recursos cognitivos

Los recursos cognitivos involucran todo el espectro del conocimiento, desde su producción hasta la constitución de un elemento doctrinario para la defensa. En este componente interviene el conocimiento no como un acopio de información sino como proceso continuo de asimilación del conocimiento, transformándose en base doctrinal.

El conocimiento es algo que muchas veces se espera que esté abiertamente disponible. Existen concepciones equivocadas que implican la frase “todo está dicho, para que hacer algo que otros ya lo hicieron”. Grave error. Nada está dicho y si lo está siempre será diferente adquirir conocimiento por medio de la investigación y análisis que por el simple acto reflejo de “bajar” información.

La experiencia del personal es quizás una de los activos más grande con que cuenta la defensa, sin embargo este conocimiento se pierde con cada baja o pase al retiro. La búsqueda de la continuidad del conocimiento en la defensa debe ser una constante, en la cual el servicio activo de las personas provea de información valiosa, proporcionando experiencias de vida que son difíciles de adquirir de otros modos.

Un especialista en mantenimiento, un oficial a cargo de un sistema de calidad o un soldado que combate, adquieren en el curso del servicio, experiencias que les llevaron a dos situaciones: éxito y fracaso. Ambas son valiosas, se aprende de los errores pero se aprende más de los éxitos. Cuando la persona se retira de la institución a la cual sirvió, se lleva consigo un cúmulo de información constituido por estas vivencias, que implicarán en el futuro cometer los mismos errores o alejar posibilidades de éxito.

¿Cuántas veces un soldado tiene la posibilidad de caminar bajo fuego sobre un campo minado?, ¿cuántas veces un piloto tiene la experiencia de ser atacado por misiles antiaéreos y sobrevivir? Estas son claras muestras de muchas de las vivencias que marcaron la diferencia de regresar vivo del frente o quedarse eternamente en el. O, por otro lado, ¿cuantas máquinas se han reparado con escasos recursos?, ¿cuántas soluciones creativas salieron de las mentes del personal de mantenimiento? Es responsabilidad de los mandos encargados en crear doctrina, el acopiar esta valiosa información y posteriormente procesarla y acondicionarla en información oficial útil para la formación continua de cuadros oficiales, suboficiales y técnicos así como personal de tropa.

Todos estos recursos están íntimamente relacionados y no se puede esperar a trabajar uno y desatender otro. La operatividad de la Defensa Nacional no es algo que se pueda determinar con un solo factor. Que el jefe de las FF.AA., un ministro o el mismo presidente de la República declare demagógicamente que estamos a la altura de las “circunstancias” contra nuestras amenazas, es algo para ilusos. Posiblemente se logre engañar a un sector de la población nacional pero no a los servicios de inteligencia ni del norte ni del sur, los que obviamente no son gente improvisada.

Documentos adjuntos


Tanque T55
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Pro-Intellectum, Ed. N° 5–octubre 2007