Crónica de un amor loco y apasionado.

Eran casi las tres de la mañana, una semana antes del mundial día del trabajo del año 2009 cuando con un desgarrador llanto me aferré a la madera fría que cubría el cuarto de mi casa.

Me sentía frustrada porque con tristeza reconocí que tenía todo pero en realidad no tenía nada, y aunque ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, nací en cuna de oro pero hubiera preferido nacer en un pesebre.

Pensarán que estoy loca que por supuesto lo estoy, pero fue muy difícil para mí tener todo y sólo amar mi soledad y sentir los profundos abismos del vacío.

Nunca pude saber quién me amo y quién no, quien se acercó a mí por interés genuino de querer mi amistad o con intenciones ocultas para sacar algún provecho asolapado.

Creo que sin duda amé a quien no debí, me equivoqué en temas de amor y no es una catarsis, es un reconocimento con madurez.

¡De que me arrepiento!, por supuesto, por eso aquella noche no soporté más y desconsoladamente me quejé ante Dios y le presenté un pliego de reclamos donde no me cansaba de preguntarle, ¿y por qué?, pero ¡con qué desfachatez ligera me atrevía yo a increpar a Dios!

Aquellos días fueron difíciles en extremo, no conciliaba que la idea de mis preguntas y demandas fueran emplazadas a mi corazón por el mismísimo Dios.

Unos días más y observé el espíritu de ese gran luchador en la vida y mi espíritu quedó prendado, no soy mujer que se fija en el físico, y ese día ni siquiera vi su físico, todo estaba demasiado oscuro como para ver la claridad de aquel incógnito angel de luz.

Desde aquel día al instante lo amé, amé, como nunca antes lo hice, comprendí que los amores del pasado y, con el debido respeto que aquellos caballeros merecen, sólo fueron estiércol salpicado, vanas ilusiones con destinos a precipicios hondos.

Jamas pensé dar y entregarme de la manera que lo hice, conocí a quien le costó largas noches, infinitos días, eternos meses y sosegados años, conquistarme; era como aquella mujer que un conocido cantante describe en sus canciones: "un potro sin domar". La novia fugitiva que huía del amor y de relaciones serias, eso era puro cuento, pura apariencia, me moría por amar, amar hasta la desesperación y ridiculez así tal cual como en las películas de antaño, siendo una cursi en extremo, aparentaba la más indiferente frialdad, cuando moría y soñaba con el caballero que me buscaba en un caballo blanco, volaba conmigo hacia el país del mundo ideal, nunca fue fácil nada conmigo, pero aquel misterioso hombre a quien vi solo su espíritu, lo logró.

No sabía ni su nombre, ni como era su rostro ni mucho menos el sonido de su voz y mi corazón terco que había tropezado una y mil veces en la misma piedra, lo amó, con toda el alma, debo confesar que me enamoré, que supe lo que era por primera vez: "el amor de mi vida".

Desde entonces no olvido nada, ni las miles de historias de amor con aquel paciente hombre, ni cada una de las lágrimas que secó de mis ojos, finalmente me conquistó y yo que solo fui una leona salvaje: "ese potro sin domar", me convertí en tierno gatito, en perro domado, en león adiestrado, y no me da vergüenza decirlo, el amor todo lo puede y vaya que lo he vivido en carne propia.

Tatuado está ese hombre en mi alma como los tatuajes que llevo conmigo, estoy enamorada, y para una desanimada e incrédula en el amor, es difícil reconocerlo ¡Qué bueno que te conocí el día del trabajo, porque amor aprendí y comprendí que el amor es un trabajo arduo que requiere esfuerzo de absolutamente todos los días, te felicito domador, porque a una fiera radical la amoldaste a tu voluntad! Salud por eso.

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Ante Dios un pliego de reclamos
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