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II. En esa época: 1976-2016, es el tiempo que la nación ha padecido lo que nos hace recordar las 110 páginas del volumen 2, al que me refiero en esta nota bibliográfica. A la espera de los volúmenes 3 y 4 con los que cerrará el ciclo de ese lapso histórico mexicano. Con ellos celebra Proceso sus 40 años al recrear “una selección de los reportajes, crónicas, entrevistas y fotografías que, por sus repercusiones periodísticas y sociales, dejaron su impronta en el periodismo nacional e internacional y que hoy, si bien son historia, no sólo reafirman las convicciones ético-periodísticas del semanario que nos da sentido, sino que se constituyen en el espejo, inspirador y autocrítico, en el que nos hemos dejado de mirarnos”. Fotografías y prosa que suscribieron: Enrique Maza, Guillermo Correa, Julio César López, Ignacio Ramírez, Vicente Leñero, Julio Scherer García, Raúl Monge, Antonio Jáquez, Álvaro Delgado, Carlos Costa, Elías Chávez, Francisco Castellanos y, Rodrigo Vera. Son reportajes, crónicas, análisis e información. Está en esas páginas todo el salinismo y el foxismo; lo que fueron sus perversidades, sus abusos, sus complicidades… sus raterías, el descaro el matriarcado de la Sahagún y la Gordillo.

III. Una lectura periodística sobre los hechos de una época trágica. Y dramática con el levantamiento zapatista-chiapaneco. Es, pues, la historia periodística de nuestro país, desde cuando se inició la actual turbulencia en todos los frentes que nos está llevando al estallido social. Por eso es necesario repasar los sucesos; para explicarnos el presente, precisamente a través de estos documentos periodísticos. En ambos volúmenes, la información que nos da a conocer y reconocer Proceso, es oportuna para obtener –por así decirlo– una radiografía de lo sucedido. Identificando a los protagonistas que, finalmente, desgraciaron al país. Son 15 capítulos por lo que reporteros y demás periodistas analistas y fotógrafos con sus caricaturistas, nos muestran cómo y por qué semejante dirigencia política, en la impunidad y la corrup­ción, hundieron a un pueblo y saquearon su riqueza. Y en el trayecto de sus fechorías, sabotearon las esperanzas y traicionaron a la democracia representativa, para solamente dejar la última palabra en la democracia directa en las calles; la que no se rendirá.