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Serguei Riabkov en rueda informativa sobre la abrogación del Tratado INF

| Moscú (Rusia)
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El 2 pasado de agosto, pasados 6 meses desde el momento en que Washington había iniciado el procedimiento de retirada del Tratado suscrito en 1987 entre la URSS y Estados Unidos sobre la eliminación de misiles de alcance medio y corto (Tratado INF), el documento perdió la vigencia para todas sus partes: Estados Unidos, Rusia, Bielorrusia, Kazajstán y Ucrania.

Ha dejado de existir un Tratado que en buena medida era clave para estructurar la arquitectura de seguridad regional y global. Durante el cumplimiento del Tratado INF sus partes eliminaron dos categorías de armas nucleares: misiles balísticos y misiles crucero con base en tierra de alcance medio y corto. Además, fueron eliminadas sus lanzaderas, los armamentos y equipos auxiliares vinculados con dichos misiles.

Al destruir el Tratado INF, Washington asestó un duro golpe al sistema de control de armamentos que se venía creando durante decenios. Las consecuencias negativas de largo alcance para toda la arquitectura de la seguridad internacional y la estabilidad estratégica son inevitables.

La culpa de ello recae plenamente sobre la parte estadounidense. Precisamente Estados Unidos “enterró” el Tratado INF al iniciar y concluir el procedimiento de su unilateral retirada del mismo. Mientras, Rusia se pronunció consecuentemente hasta el último momento a favor de mantener la vigencia del Tratado. De ahí que sea absolutamente improcedente afirmar, como hacen algunas personalidades oficiales y medios extranjeros, que nuestro país también ha abandonado el Tratado y que comparte la responsabilidad con los estadounidenses.

Rusia se ha esforzado al máximo por salvar el Tratado INF. Estos últimos años, tan pronto como en la política de Estados Unidos se perfiló la tendencia a retirarse del Tratado, en reiteradas ocasiones hemos propuesto a los estadounidenses entablar conversaciones constructivas. Para responder a las reclamaciones estadounidenses, hemos adelantado varias iniciativas cuya puesta en práctica habría permitido mantener vigente el Tratado. Cabe señalar que la parte rusa dio muestras de transparencia que rebasaban los requisitos del Tratado.

Pero todos nuestros esfuerzos han sido desatendidos o rechazados por Washington. Lamentablemente, el verdadero propósito de Estados Unidos no era mantener la vigencia del Tratado INF, sino deshacerse de las prohibiciones y limitaciones que ese documento imponía al incremento del arsenal de misiles estadounidense. Los estadounidenses realizaron una labor coherente con el fin de quedar con las manos libres y obtener la posibilidad de emplear una limitada gama de herramientas militares para ejercer presiones sobre sus adversarios y contrarios en el mundo entero.

Para encubrir sus acciones, a priori encaminadas a abandonar el Tratado INF, Estados Unidos premeditadamente generó en torno al mismo una crisis de hecho insoluble. En vez de iniciar una discusión profesional y sustanciosa de los problemas, en lo que insistíamos nosotros, los estadounidenses optaron por agravar drásticamente la situación. Como cortina de humo se orquestó contra nosotros una campaña propagandística absolutamente infundada e irresponsable. Washington se ha empeñado en tergiversarlo todo y en hacer creer que Estados Unidos abandona el Tratado debido a la actuación de Rusia.

La víspera de la pérdida de la vigencia del Tratado INF, Estados Unidos emprendió otro torpe intento de justificarse al insertar, el pasado 30 de julio, en la página web del Departamento de Estado la denominada “nota factológica” con datos absolutamente tergiversados. Esta “nota” pasó a ser una nueva filtración de manifiesta falacia, en flagrante divorcio con la realidad.

La realidad, en cambio, evidencia que durante todos los años de debates en torno al Tratado INF, los estadounidenses no pudieron presentar prueba alguna de violación de sus cláusulas por parte deRusia. No obstante, Estados Unidos manifestó tajantemente que volvería a cumplir el Tratado y a ser parte del mismo siempre y cuando Rusia destruyera de manera verificable todos sus misiles del tipo 9М729, supuestamente sujetos a las prohibiciones, así como sus lanzaderas y equipos auxiliares, y aceptara inspecciones subsiguientes. Evidentemente, tal forma de plantear el problema ha resultado inaceptable para nosotros.

Quiero volver a manifestar que el misil crucero terrestre 9М729, que nunca hemos pretendido ocultar, no supera el alcance estipulado en el Tratado INF. Desde que el Tratado en cuestión entrara en vigor, Rusia lo cumplió al pie de la letra. Rechazamos resueltamente las acusaciones, absolutamente descabelladas y no apoyadas en hecho alguno, que esgrime Estados Unidos.

En realidad, ha sido precisamente Estados Unidos el que no ha emprendido los pasos indispensables para enmendar las violaciones del Tratado que cometió. En primer término, se trata del despliegue en tierra firme de las rampas Мк-41 capaces de lanzar misiles crucero de ataque, lo que se prohíbe en el Tratado. Tampoco se han registrado avances en relación con los denominados misiles-blanco que los estadounidenses lanzan desde tierra para ensayar su defensa antimisiles, [misiles-blanco] que por sus características semejan los misiles balísticos de alcance medio y corto. Lo mismo es válido respecto a los drones de ataque empleados por el Pentágono. Estos aparatos son absolutamente susceptibles de responder a la definición de “misil crucero con base en tierra” que aparece en el Tratado.

Washington desde hace tiempo optó por desarticular el Tratado INF y a! fin de cuentas lo consiguió. Estados Unidos busca destruir todos los acuerdos internacionales que por una u otra razones no le convienen. La pérdida de la vigencia del Tratado INF, que por la envergadura de las consecuencias destructivas es comparable con la retirada de Estados Unidos del Tratado sobre la Defensa Antibalística en 2002, significa que Washington continúa y hasta acelera el desmantelamiento del actual sistema de control de los misiles nucleares.

Esta peligrosa tendencia va acompañada de declaraciones de cargos oficiales estadounidenses sobre la disposición a ir incrementando los armamentos nucleares. En este mismo cuadro se inscribe la indefinición generada por la administración de Estados Unidos sobre la futura suerte del Tratado START, el último mecanismo ruso-estadounidense de limitación y verificación en materia de misiles nucleares, que expira en febrero de 2021.

En medio de las nuevas amenazas generadas por Estados Unidos nosotros, desde luego, iremos adoptando medidas exhaustivas con vistas a garantizar nuestra seguridad. Como planteara el pasado 2 de febrero el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, nuestro país no emplazaría misiles de alcance medio y corto en Europa u otras zonas, mientras Estados Unidos no despliegue allí armamentos de esta categoría.

Exhortamos a Washington a dar muestras de responsabilidad y, siguiendo el ejemplo de Rusia, a renunciar al despliegue de los sistemas de alcance medio y corto que desarrolla Estados Unidos y de lo que ha empezado a hablar enérgicamente el Pentágono. Igual que antes, estamos dispuestos a entablar un diálogo equitativo y constructivo con Estados Unidos sobre la problemática de los misiles de alcance medio y corto, sobre otras cuestiones de la estabilidad estratégica, mostrando el respeto recíproco y tomando en cuenta los intereses de cada cual. El proceso ruso-estadounidense de consultas interdepartamentales reanudado el pasado 17 de julio en Ginebra sobre la problemática del control de armamentos, poniendo énfasis en los misiles nucleares, ha de tener continuación.

Gracias por la atención.

Estoy dispuesto a responder a las preguntas que surjan.

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