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La coyuntura para la provocación que fraguan es el proceso de verificación de firmas que el CNE adelanta, y en el que la contradicción principal se establece entre la línea de la oposición que no quiere lupa y la línea del proceso bolivariano que exige lupa, que exige que la aplicación de un instrumento constitucional tan serio como el Referendo Revocatorio no puede invocarse fraudulentamente.

Los indicios de fraude en la recolección de firmas para el Referendo Revocatorio Presidencial son tan estridentes que sólo pueden ser banalizados con una dosis de cinismo tan oceánica como la expresada por el actual gobernador del Edo. Miranda, y calificado líder de la Coordinadora Democrática, ciudadano Enrique Mendoza, en la entrevista que Globovisión transmitió con la periodista Natalí Salas Guaitero, cuando aclaró que en su denuncia de irregularidades en las firmas, el Presidente Chávez se había quedado corto, que ellos contrataron a una empresa para que les auditara los muertos, los no inscritos en el REP, en una palabra las firmas fraudulentas.

Una vez más el movimiento popular venezolano se confronta con un escenario de maniobras de provocación destinadas a posibilitar estallidos de violencia que tiendan a erosionar la gobernabilidad y desestabilizar la economía.

El discurso goebelianamente repetido por la oposición es que no se le debe poner muchos «tecnicismos» a lo que ellos llaman la voluntad del ciudadano, aunque éste ciudadano por ellos invocado haya sido una empresa contratada para llenar planillas con nombres falsos, números de cédula de identidad de personas fallecidas y firmas chimbas.

El sector no-golpista de la oposición debería desmarcarse de la intención de que algo tan esencial a la solidez de la Constitución Nacional Bolivariana como el Referendo Revocatorio, no se revise. El sector no-golpista de la oposición no debería aparecer junto a quienes quieren que las firmas de los vivos, de los muertos, de los no inscritos, de los menores de edad, pasen en un solo bojote, como si no necesitáramos la verdad, como si no necesitáramos la cifra de las firmas no objetadas, la de las firmas objetadas, de los por qué, de la norma que los rige, de las posiciones y los argumentos que se expresan al interior del Consejo Nacional Electoral, como si no necesitáramos la experiencia completa, el aprendizaje entero de todo este proceso, como si desconocer la realidad no fuese a tener consecuencias posteriores, como si el pueblo venezolano no estuviese pendiente, como si no hubiese vivido del once al catorce de abril de 2002 y del dos de diciembre de 2002 al dos de febrero de 2003, el enfrentamiento victorioso a sendos Golpes de Estado conducidos por las mismas personas que hoy pretenden que el Gobierno Bolivariano no revise, que no aplique «tecnicismos» para demorar la convocatoria a Referendo, como pretendiendo que les reconozcan las firmas por kilos, y no contadas y revisadas una a una. Como si lo que se estuviese denunciando por parte de las fuerzas que apoyan al gobierno del Presidente Chávez fuera un problema técnico y no un gigantesco fraude de la voluntad popular.

Estamos en presencia del proceso comicial más vigilado internacionalmente en toda la historia. La Organización de Estados Americanos (OEA), el Centro Carter y otras organizaciones no-gubernamentales internacionales han tenido acceso a todas y cada una de las fases del iné-dito proceso para la convocatoria del Referendo Revocatorio.

El Consejo Nacional Electoral se ganó a pulso la credibilidad nacional cuando organizó un proceso equitativo y transparente, pegajosamente marcado, para decirlo en argot futbolístico, por todos los medios de comunicación social, incluida «Radio Bemba», en el que donde se colocó un toldo para que firmara el proceso bolivariano, se colocó un toldo para que firmara la oposición. Hito histórico de la vida nacional. El CNE se ganó la credibilidad nacional actuando por unanimidad en todos los instructivos y resoluciones que posibilitaron el inicio del proceso. El CNE tiene la paz en sus manos y la estrategia del Estado Mayor Golpista es la guerra. Por eso ha iniciado su destrucción. La desaparición del árbitro es la guerra y sólo en una guerra pueden venir a pacificarnos desde afuera que es lo que necesitan quienes jamás han pensado en elecciones, sino en una Junta Militar de Gobierno que dure el tiempo que sea necesario para «deschavizar» a Venezuela a sangre y fuego.

Debe quedar bien claro que quienes quieran que se cuente a vivos y difuntos, a los mayores de edad inscritos en el REP, con los menores, los no inscritos, los extranjeros, los inexistentes creados en madrugadas de apuro, con miles de rúbricas y decenas de firmantes, en fin, quienes quieran validar un indeterminado porcentaje de trampa, de fraude, quienes no quieran saber la verdad porque ya la saben hace tiempo, y esta es que los pobres son más que los ricos, y que los pobres están con Chávez, estos no están buscando Referendo Revocatorio sino bronca, disturbio, trifulca, tumulto, enrarecimiento del ambiente de normal desenvolvimiento de la vida cotidiana.

Detengámonos una vez más en el medio de comunicación que ha sido objeto de mi seguimiento particular, el diario de circulación nacional El Universal.

Su edición del miércoles 18 de febrero de 2004 tiene titular a ocho columnas por lo que ya sabemos que no hay noticia sino línea política: «Mitad de firmas agoniza». Lo primero es la carcajada por lo dramático que puede llegar a ponerse el Sr. Andrés Mata Osorio.

Seguimos con la revisión general de la primera plana: «Gobierno arrecia persecución política». «Chávez acusa a Bush de masacre del 11-A». «Megacanje de bonos eleva deuda externa». «Alejandro Sanz partió corazones". "Fuerzas rebeldes toman el centro de Haití». «La economía se contrajo 9,2% en 2003». «Policía afirma que en Bejuma vivía ’una colonia de narcos’» «Vargas a la espera de turistas». «Páez probará ante Australia».

De la OEA, del Centro Carter, revísenlo por favor, no me lo crean, constátenlo, ni una palabra. Ni las siglas. Nada.

Pero en la siguiente página (1-2) estaba todo lo que en esta vida se puede aprender sobre periodismo político. Vamos de arriba a bajo: «Ocho semanas para entrega de máquinas». «Zamora y Mejías objetan cambio en sistema de votación». Períodos de reparos comienza el 28 de febrero y, finalmente, barrida bajo la alfombra, en el último recuadro de la segunda página, a pesar de estar en una sección de candente actualidad, «Tema del día», aparece una noticia con un titular que tras la indignación inicial, provoca hilaridad cuando se analiza: «OEA y Centro Carter apoyan a directiva».

¿A cuál directiva apoyan La Organización de Estados Americanos y el Centro Carter, los dos grupos de observadores internacionales presentes en el proceso de Referendo Revocario más alejados de la más remota sospecha de chavismo?

Si lo quiere saber tendrá que buscarlo en la letra pequeña. No será el diario El Universal quien se lo facilite. Sólo allí usted encontrará los testimonios de Fernando Jaramillo (OEA) y Francisco Diez (Centro Carter) quienes coinciden en la total transparencia del proceso llevado a cabo hasta ahora, en el apoyo incondicional brindado por el CNE a su labor de observadores internacionales, en el llamado a la confianza de la población venezolana en su organismo electoral, y en el llamado a los medios de comunicación social para que cese la presión indiscriminada sobre los rectores del CNE y sobre éste en sí como cuerpo colegiado, y en el llamado a tener mucho cuidado en el manejo de la información.

¿Sabrá el pueblo venezolano las razones por las cuales El Universal no sólo no colocó en primera plana una noticia tan central a la vida presente y futura de la nación como el visto bueno que los organismos observadores internacionales le estaban dando al proceso de Referendo Revocatorio conducido por el Consejo Nacional Electoral, sino que trató expresamente de esconderla bajo la palabra "directiva"?

Sí las sabe.

El Universal no espera nada de elección alguna, y hace tiempo está esperando a algo o alguien que venga desde afuera, a ponerle otra vez a Venezuela como era antes.

Lo que pasa es que no caemos en provocaciones.

¡CNE! ¡CNE! ¡CNE!