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Animan, por decir lo menos, estos sucesos. Entusiasma la iniciativa desatada por la AD. Puede ser una esperanza que en medio de la orfandad en que vive la izquierda colombiana brinde luces sobre el qué y cómo hacer para tener de nuevo un referente colectivo distinto a los partidos tradicionales. Igual ocurre con lo discutido por el PDI y su llamamiento a la configuración de una alianza multicolor para enfrentar el gobierno de Uribe Vélez. Surge una duda respecto de las dos iniciativas: ¿tienen como estimulo principal la necesidad de obtener una relación con el movimiento social en particular y el país en general, o responden, tan sólo, a la circunstancia electoral que ya toca puertas?

Si la respuesta fuera la necesidad de sintonía entre lo político, lo social y el país nacional, no cabría más que un aplauso y todo el apoyo que pudiéramos brindarles. Si la respuesta es la otra, es decir, unidad -tan solo- para las próximas elecciones presidenciales, tendríamos que interponer un gran interrogante que cuestione la falta de visión, el eterno coyunturalismo, y llame la atención sobre la urgencia de construir proyectos con proyección estratégica, iniciativas políticas con vocación de gobierno, sí, pero también de poder.

Llama la atención, sobre todo en la reunión de Alternativa Democrática, que siendo quienes la componen integrantes de la GCD, no propicien a su interior el debate sobre la opción política y social por construir y la metodología para hacerlo. ¿Será que en su valoración sólo es plausible de invitar a quienes cuentan con representación parlamentaria?

Es llamativo esto por que desde octubre pasado, una vez derrotado el referendo oficial, aparecía la GCD como la experiencia por potenciar y consolidar. La unidad lograda tras un propósito específico, la intensidad de la alianza política y social construida, la dinámica desatada durante varios meses, la disposición a la acción colectiva demostrada por todos los participantes, la capacidad de aprendizaje mostrada por todos, en fin, no dejaban dudas de que ese era el espacio para debatir y darle cuerpo a una alternativa colectiva, política y social de nuevo tipo para todos los colombianos. El Encuentro Nacional de Organizaciones Políticas y Sociales de abril pasado y su decisión de construir capítulos regionales de la GCD, no hizo más que reafirmar tal posibilidad.

Una opción de perfil frentista y no partidista. Sí. Al fin de cuentas es una alianza pluralista que tiene por origen -pero también como razón de ser histórica- el carácter del actual gobierno nacional. Lo cual no riñe con quienes persiguen la configuración de un nuevo partido de la izquierda. Una y otra cosa son distintas, pero complementarias. Pero insistimos, el afán principal en el actual período de la historia nacional debe situarse del lado de la alianza nacional contra el actual gobierno.

La GCD tiene la bondad, por demás, que como nunca había sucedido en Colombia, ha reunido en un mismo espacio -manteniéndolo en el tiempo- representaciones políticas y sociales de todo tipo, entendiendo entre ellas las sindicales. Si eso se potencia, brindándole claramente un carácter de proyecto político en marcha, se podría desatar una participación cualificada que diera cuerpo a una especie de frente anti autoritario y por la democracia plena. Un proceso que facilitaría la politización del movimiento social y, en el caso de lo sindical, una transformación de su práctica y de sus formas organizativas, flexibilizándolas, ligándolas abierta y decididamente con el conjunto de la sociedad, como una comprensión de la situación real del mundo del trabajo entre nosotros.

En este accionar, no hay duda, la GCD cuenta con un buen trecho a su favor, no sólo por el prestigio que le brindó el triunfo de octubre pasado, sino por que ha mantenido continuidad, expresión -sin duda- de que sus integrantes comprenden la necesidad imperiosa de una alianza plural para poder confrontar al gobierno existente. Ganada esta claridad, con las marchas programadas y realizadas, con las jornadas de debate llevadas a cabo y con la ubicación de nuevos campos de batalla (contra el ALCA y el TLC, contra el Estatuto anti terrosita) se puede deducir que nadie duda, en la GCD, que la confrontación al actual gobierno y al tipo de régimen que se está consolidando, es con objetivos medibles y campañas concretas. Al respecto no hay duda y eso mismo es lo que le ha brindado prestigio. Entonces, ¿por qué no potenciar lo que ya ha mostrado eficiencia?

En este tipo de accionar hay que ser prácticos y efectivos. Paralelo, con conciencia y claridad en cuanto a las afinidades y diferencias que caracterizan los múltiples proyectos políticos existentes, se puede poner en marcha un espacio para el debate abierto, donde se expongan y aclaren los programas, las tácticas y estrategias y el sentido histórico que cada uno cree tener (¿por qué es vigente?), ejercicio del cual debe salir, en el tema de la opción política por construir, en su relación con lo social y otros factores de la construcción partidista, una matriz sobre el qué hacer y cómo hacerlo.

Así, relacionando lo social y lo político, lo inmediato y lo mediato, lo filosófico y lo concreto, podríamos dar cuerpo a un proyecto histórico que responda a las demandas presentes y futuras de toda la sociedad. Un proyecto de nuevo tipo que supere las coyunturas y el afán de sobrevivencia de cada proyecto político en particular, que sepa relacionar lo social, lo parlamentario y la lucha por el poder. Esa ha sido y continúa siéndolo la pretensión de la iniciativa conocida como Encuentro Nacional Popular. Un reencuentro múltiple y dinámico con el país, al final del cual debe quedar: una lectura actual del país que tenemos y del que debemos construir; una relación dinámica y fortalecida con las expresiones más vitales de la sociedad; un conocimiento cercano y realista de lo que es cada una de las opciones sociales y de izquierda existentes; el fortalecimiento o construcción de vocación de gobierno y poder en cada una estas; la puesta en marcha de disputas de poder reales, como la cimentación del parlamento de los pueblos y con él -para debatir y aprobar a su interior-, el diseño y desarrollo de los diferentes proyectos económicos y sociales por aprobar, con carácter de urgencia, en un gobierno de transición.

Estos y otros componentes, podrían ser aspectos a considerar en una agenda alternativa, colectiva e incluyente. Así lo hemos entendido en la agenda conocida como Encuentro Nacional Popular, la cual parte de referenciar -a pesar que allí no se ha entendido-, como su embrión principal a la GCD. ¿por qué en la AD y en el PDI no se considera tal propuesta?