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Corre la historia- y la versión llegó de Venezuela- que cuando el administrador de una sala de juego de Bingo situada en una zona afluente de Caracas animaba a los asiduos concurrentes del elegante garito a seguir probando la suerte bajo el aliento de entusiastas palabras: «¡Hagan juego señores que el Banco pierde y se ríe, el punto gana y se va!», en eso, en eso llegó la policía.

No venía con una orden judicial para cerrar el concurrido «Bingo», sino para arrestar a un prófugo de la justicia, el dirigente sindical Carlos Ortega que estaba en el país clandestino- dicen- organizando un movimiento conspirativo para intentar nuevamente derrocar al Presidente Chávez.

Lo detuvieron allí, en un elegante salón de «Bingo» situado en la urbanización «Colinas del Bello Monte», acompañado de una amiga, probando su suerte a las cartas, con la esperanza de no ser reconocido gracias a un cuidadoso trabajo de cirugía plástica en el rostro, su frondosa cabellera teñida de negro y un tupido bigote muy a lo Pancho Villa. «Es que jugando al “Bingo” también se hace patria», podrían decir aquí los anti-chavistas de Miami, a manera de justificación.

Carlos Ortega, uno de los organizadores de las manifestaciones callejeras montadas por la oposición contra la Revolución Bolivariana, que culminaron en el frustrado intento de Golpe de Estado, se había refugiado, después del fracaso de la intentona, en la Embajada de Costa Rica, país al que viajó como asilado político para regresar a Venezuela poco más tarde de forma clandestina con el propósito- según dijo él entonces- de organizar un movimiento insurreccional para intentar derrocar por las armas al Presidente Chávez.

Ahora, por supuesto, el ex jefe de la la organización sindical CTV, dirá que él no es un conspirador violento, sino un «inofensivo opositor cívico que busca pacíficamente el retorno a la democracia venezolana».

¿Qué mejor prueba de ello que la de haber sido capturado por los agentes del orden en una sala de juegos probando su suerte inocentemente frente a una mesa de Bingo?

Lo de la culpabilidad o la inocencia del señor Ortega, al final la decidirán los Tribunales de su país, pero por lo pronto el hecho de que su arresto se haya producido en una sala de juego en Caracas, nos puede servir de indicación de con que clase de «lideres» cuenta la oposición venezolana para enfrentarse al gobierno Bolivariano del Presidente Chávez.

«Hagan juego señores, que el Banco pierde y se ríe y el punto gana y se va». Vergüenza debiera darle a los enemigos del Presidente Chávez, que con líderes así no lo derrotan, a menos que lo asesinen. Porque una revolución es una cosa muy seria y no se derroca jugando al Bingo disfrazado de Pancho Villa en Caracas, o esperando como los cubanos de la derecha de Miami, a que intervengan los americanos.