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Un caballo y una yegua tienen, por separado, la posibilidad de ser usados por el hombre como herramientas de producción, de transporte, de tiro. Pero, juntos, el caballo y la yegua no sólo duplican sus fuerzas de trabajo sino que, además de ser doblemente productivos, son también reproductivos: hacen potrillitos.

Si se quiere mejorar la capacidad de carga de los caballos, nada mejor que cruzarlos con los burros. De esa cruza genética nacen mulas, más resistentes al trabajo duro, al hambre y la sed, más pequeñas y por tanto menos consumidoras de pasto. Pero hay otra cosa interesante en este tipo de cruzas. Nacen seres "híbridos", o sea, animales que viven y trabajan como los otros pero que no se reproducen ni entre sí ni con otras cruzas. Son seres productivos a los que se les eliminó su capacidad reproductiva.

Esta "ventaja" era muy apreciada por los "fabricantes" y comerciantes de mulas del siglo 19: vendían sus animales a los ejércitos, a los mineros, a los transportistas, y tenían la seguridad de que luego, una vez usados, no podían reproducirlos los mismos compradores, sino que tenían que volver a comprar la mercadería a los "fabricantes".

Los grandes laboratorios agro-biofarmacéuticos se dieron cuenta que, aplicando procesos de hibridación, podían también impedir la reproducción de las semillas. Mediante la biotecnología se despoja a la semilla de su capacidad de autorregenerarse, pero no de su otra capacidad: la de ser un producto para la alimentación.

El agricultor, hasta ahora, podía usar sus semillas para la producción y la reproducción, sin tener que comprarlas año tras año. Pero los fenicios modernos aprendieron a burlar las limitaciones naturales que impedían la mercantilización de las semillas. Las variedades híbridas degeneran rápidamente al reproducirse y no pueden ser usadas en las siguientes siembras, por lo que los agricultores tendrán en el futuro que recurrir todos los años a los proveedores de semillas "mejoradas" o híbridas.

Todo lo otro son cuentos. Las "mejoras" que publicitan los laboratorios agro-biofarmacéuticos son simplemente tretas ingeniosas para eliminar el obstáculo biológico al control de las semillas por parte de los agricultores, y las biotecnologías son el instrumento más reciente (antes metían las mulas) para transformar lo que siempre fue a la vez un producto y un medio de producción (la semilla) en simple materia prima que hay que renovar y comprar a sus fabricantes.

El proceso de hibridación quebró la unidad de la semilla, que era tanto una fuente de alimento como un medio de producción y reproducción. La semilla pasó a ser una mercancía. Primero, porque no se reproduce, transformándose de recurso renovable en recurso no-renovable. Y, segundo, porque no es capaz de producir por sí sola: necesita la ayuda de insumos comprados... herbicidas y agroquímicos que son vendidos por los mismos que venden las semillas.

Este cambio de unos procesos ecológicos de producción, a través de la regeneración natural, a unos procesos tecnológicos de producción no regenerativa es la causa del empobrecimiento y desposeimiento de los pequeños agricultores, y de la reducción drástica de la diversidad biológica en la agricultura.

¿Dónde entran en este negocio los "transgénicos"? Para conseguir que las semillas que venden sean dependientes de sus herbicidas, algunos laboratorios han tenido que injertar en sus semillas "mejoradas" genes de otras especies.

Es decir, han inventado variedades "trans-génicas" de maíz, soja, tomates, etc. Para poder lograr que el agricultor las prefiera, han publicitado... perdón, han mentido acerca de que no son peligrosas para la salud humana, que no se podrán propagar por otros cultivos y que no cometerán atrocidades contra el medio ambiente. Nada de esto está científicamente comprobado. Y quizás nunca lo estará.

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