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¿Después del Papa Juan Pablo II quién y qué viene en la iglesia?

| Caracas (Venezuela)
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Abordar la gestión ideológica, política y social del reinado y gobierno del Papa Juan Pablo II en sus 26 años de papado, es para un trabajo más extenso, aquí sólo intentaremos dar algunas pinceladas de lo que es uno de los hechos más significativos de su evolución política y su sucesión.

¿Es posible separar la elección del Papa Juan Pablo II en 1978 del contexto político de la guerra fría, del enfrentamiento mortal entre el campo socialista (la URSS, Polonia, Bulgaria, Checoslovaquia, Rumania, la RDA -en Europa del Este-, la República Popular China, Vietnam, la República Popular de Corea, Mongolia -en el Asia-, Cuba -en América Latina y el Caribe-), y el Norte industrializado e imperialista encabezado por el gobierno de los Estados Unidos, empeñados férreamente en su destrucción por todos los medios).

No hay dudas del papel estelar jugado por el Papa Juan Pablo II, hombre conservador y políticamente de derecha en ese período, en la caída de la URSS y del campo socialista europeo, incluida su Polonia natal, donde el movimiento obrero y revolucionario toma el poder en 1945, apoyándose en la derrota militar del fascismo.

En Polonia el movimiento y el pensamiento católico fue utilizado para enfrentar el Estado socialista, burocratizado, alejado de las grandes propuestas revolucionarias y torpemente anti católico. Aquello pareció ser, a nivel mediático y de la manipulación, un enfrentamiento ideológico entre el catolicismo y el ateísmo, en el fondo se estaba utilizando como mascaron de proa para buscar el derrocamiento del sistema y la imposición del modelo capitalista como en efecto ocurrió. Karol Wojtyla jugó un papel fundamental en todo aquel proceso, 11 años después de su elección como Papa.

La gigantesca y pérfida maniobra estaba montada por el imperialismo mundial y a la caída de Polonia en 1989 siguió la de los demás países socialistas hasta tocarle el turno a la URSS en 1991, tras los gigantescos errores de Gorbachov y de la dirección soviética, más la conspiración norteamericana y el proceso subversivo interno en Rusia que posibilitaron el desmembramiento de la URSS.

Para el teólogo brasileño Leonardo Boff, quien confrontó al Papa defendiendo la teología de la liberación, el Papa recién fallecido rescató la religión para la publicidad del mundo, con una fuerza que galvaniza a las masas y como poder político, decisivo en el derrocamiento del régimen soviético.

Quizás arrepentido de haber contribuido a la desintegración del campo socialista europeo y de que en esas naciones se había implantado el capitalismo salvaje, hablando con el periodista polaco Jas Gawronski, en 1993, le dijo: “El comunismo ha tenido cierto éxito en este siglo como una reacción contra una clase de capitalismo desenfrenado, salvaje, que todos conocemos muy bien (...).

Los partidarios de un capitalismo a ultranza tienden a ignorar también las cosas buenas logradas por el comunismo: sus esfuerzos por superar el desempleo, su preocupación por los pobres. (...) Durante la época del comunismo hubo una preocupación por la comunidad, a diferencia del capitalismo, que es bastante individualista.

No está ajeno el vaticano a la controversia política, a las contradicciones y a las grandes luchas de este tiempo. Desde el punto de vista teológico e ideológico el reinado del Papa Juan Pablo II significó un retroceso con relación a los avances y aperturas que habían iniciado tanto Juan XXIII (Concilio Vaticano II) como su sucesor Paulo VI, extendida a la América Latina en la II Conferencia Episcopal de Medellín, el año 1978, precisamente cuando Juan Pablo II llega a ser nombrado Papa.

El enfrentamiento a la hermosa propuesta de la Teología de la liberación, visión doctrinaria nacida en nuestro continente que plantea una profunda revisión de la conducta de la Iglesia Católica en el plano social y convertirla en lo que se llamó entonces “iglesia de los pobres”.

Igualmente quedan como máculas de aquella gestión, su humillación pública al padre Ernesto Cardenal, durante el proceso de la revolución sandinista en Nicaragua, por profesar éste los principios de la teología de la liberación; de igual forma guardó un cómplice silencio con el vil asesinato del Monseñor Arnulfo Romero y un importante número de monjas igualmente asesinadas por la derecha fascista que gobernaba en El Salvador.

Pero hay otros aspectos y posturas altamente positivas en su larga gestión que lo dimensionan política y socialmente. La condena de lo que llamó capitalismo salvaje y el neoliberalismo. Con dolor vio el giro que habían dado las naciones entonces socialistas de Europa, al asumir un capitalismo voraz y cruel que desmontó en pocos años las enormes conquistas sociales alcanzadas por esos pueblos en sus luchas y en la construcción del socialismo. Fustigó duramente al neoliberalismo, sobre todo al impuesto a las naciones latinoamericanas por el imperialismo yanqui, así en su cuarto viaje a México en 1989, dijo:

“Cada vez más, en muchos países americanos impera un sistema conocido como neoliberalismo; sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos. Dicho sistema se ha convertido, a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles. De hecho, los pobres son cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de estructuras fuertemente injustas”.

¿Sostendrá la Iglesia que deja el Papa Juan Pablo II, los postulados contra el neoliberalismo, el capitalismo salvaje, la lucha por la paz y contra la guerra de Irak impulsada por su gestión?

Su nombramiento se enmarca, como se dijo, en la lucha contra el socialismo, de hecho, él fue un actor de principalísima participación ¿qué va a ocurrir, quién será su sucesor?

No queremos caer en el campo de las especulaciones sobre cuál de los nombres podrá ser el sustituto del Papa, daremos más bien a conocer una hipótesis poco considerada, pero para nosotros plausible.

La presencia del presidente Bush en Roma marca, a nuestro juicio, una maniobra del imperialismo para ejercer presión e influencia sobre el cuerpo cardenalicio. Bush no fue solo acompañado por su padre, la ministra Condoleza y el ex presidente Clinton, con seguridad había un enjambre de asesores políticos y funcionarios haciendo lobby tratando de mover sus fichas en Italia y en España (Opus Dei).

Pudiera el imperialismo estar planteándose la posibilidad de concluir el trabajo político que dejó inconcluso el Papa Juan Pablo II con relación al campo socialista, es decir, tratar de matar dos pájaros de un tiro y buscar de alinear al Vaticano en su estrategia contrarrevolucionaria de buscar contener el ascenso de los pueblos y los gobiernos progresistas en América Latina ¿cómo? nombrando Papa al cardenal cubano, con ello intentarían, con las fuerzas anti comunistas y anti progresistas, ultra conservadoras de la Iglesia, tratar de subvertir el sentimiento religioso del pueblo cubano, al que consideran oprimido, con el liderazgo de un Papa cubano y repetir lo de Polonia, buscar derrocar la revolución cubana con un alzamiento violento donde la Iglesia, ahora con un Papa latinoamericano, jugaría un papel estelar en el proceso subversivo, igual a como lo hicieron los primeros años de la revolución.

¿Luce descabellado cuanto decimos? Pensamos que no, está en juego por parte del imperialismo yanqui una maniobra de largo alcance, en primer lugar destruir a su archi enemigo, Cuba, la “fruta madura” que nunca ase pudieron anexar, para ello la Iglesia Católica, El Vaticano, un Papa cubano pudiera ser una ficha estelar, de allí las iglesias de cada uno de nuestros países, con una dirigencia o episcopado, los últimos 20 años, en su mayoría conservadora y reaccionaria, podrían -si los dejan las fuerzas de los cristianos de base, de la Iglesia de los pobres- jugar un papel de contención de las luchas y el ascenso de nuestros pueblo por la justicia social, hecho que ha adquirido dimensiones colosales en los últimos años.

¿Se quedarán las inmensas masas de creyentes como simples y pasivos espectadores de un drama que se está escenificando a sus espaldas?

Esta es una hipótesis que no consideramos descabellada, porque la Iglesia Católica, El Vaticano, se ha asumido como fuerza política y en su seno hay sectores que presionan por desmontar el discurso progresista, anti neoliberal, anti capitalista y de lucha por la paz, contra la guerra y la pobreza que en los últimos años de su vida impulso el Papa Juan Pablo II.

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