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El mundo que queremos transformar -el de la barbarie civilizada- fue creado hace unos cuantos milenios sobre la base de un principio fundamental sostenido por los Señores de la Guerra: la superioridad (la primera y más antigua: la del varón sobre la hembra; luego, la de los amos sobre los esclavos; más luego, la de los señores sobre los siervos; después, la de los burgueses sobre los obreros y campesinos; y más tarde, la de los blancos sobre los negros y demás razas, y así sucesivamente...).

El concepto de superioridad preside el origen de la sociedad civilizada estratificada y jerarquizada. Ser superior es ubicarse en una categoría elitesca, que puede ser guerrera, religiosa, política, intelectual, científica, tecnológica, deportiva, etc., que garantiza privilegios, otorga poder y concede estatus social. La superioridad es parte del discurso de la sociedad exclusivista, discriminadora y excluyente.

Sé que no es suficiente cambiar las palabras para sustituir este mundo salvaje y para transformar la sentimentalidad y espiritualidad de la progenie humana, pero si queremos iniciar el tránsito hacia un mundo nuevo tenemos que librar una dura batalla contra los conceptos contaminados de la ideología discriminatoria del discurso de los opresores. Y esta es la razón del presente artículo, dedicado a la equívoca expresión "Educación Superior", tan manoseada en estos días por personeros de la oposición y por líderes del proceso bolivariano.

Que los viejos políticos, intelectuales y religiosos de la oposición venezolana utilicen el concepto "Educación Superior" no tiene nada de extraño, más bien es lógico y normal, al fin y al cabo ellos representan y defienden la ideología de la sociedad discriminadora y excluyente (no en balde llevan años descalificando al pueblo venezolano refiriéndose a él como chusma, hordas, patas en el suelo, lambiscones, desdentados, negros hediondos, indios flojos, lumpen, marginales, mugrosos, etc.).

Ellos han concebido y entendido a la universidad como un enclave del imperio y de la oligarquía criolla para formar los cuadros políticos, académicos, científicos y técnicos que se encargarán de reproducir las relaciones capitalistas de explotación y dominación y multiplicar el discurso de la opresión y la competencia. Por eso las cúpulas dirigentes de la mayoría de las universidades venezolanas ante el proceso de cambios que vive la nación se han colocado de espaldas a los intereses del pueblo venezolano y han convertido dichas universidades en trincheras de combate a favor de sus amos, y por eso defienden "su autonomía" .

Pero que los líderes del proceso bolivariano utilicen y defiendan el mismo concepto de "Educación Superior" resulta incomprensible e inaceptable. Hablar de la construcción de un sistema de educación popular, participativa, igualitaria, para luego endilgarle a la educación universitaria el epíteto de "superior" y proponer un proyecto de Ley de Educación Superior, y tener un Ministerio de Educación Superior y crear nuevos Centros de Educación Superior es una inconsecuencia reprochable. Admitamos que se ha cometido inconscientemente un error, que sin querer se ha estado repitiendo el viejo discurso contaminado de ideología discriminatoria, reconozcamos eso, aceptemos las excusas y procedamos a la inmediata rectificación.

El presidente Chávez es líder de la revolución socialista bolivariana no por casualidad, sino por sus innegables condiciones intelectuales, morales y espirituales. Es autocrítico, reconoce públicamente sus errores y las de sus colaboradores en el gobierno y pide oportunidad para la rectificación.

Es exigente en relación con el uso del lenguaje, por ejemplo lo hemos oído criticar el uso de viejos conceptos, como el de las "soluciones habitacionales" y ha exigido que no se emplee porque el mismo contiene una carga de significados propios del discurso cuartorepublicano (construir casuchas para el pueblo venezolano en lugar de viviendas y hábitats dignos para un pueblo digno). Y sin embargo, cuántos funcionarios del gobierno bolivariano continúan repitiendo dicho concepto como si nada. Esa es la batalla de todos los días, la que hay que librar en el campo de las ideas y en el de la praxis y allí vamos con el presidente Chávez.

¿Por qué hablar de "Educación Superior" si ello presupone la existencia de una Educación Inferior? ¿Es que acaso hay una educación para gente de talento superior y otra para enanos mentales?

He revisado detenidamente la Constitución Bolivariana y no he hallado por ningún lado dicho concepto. Y no podía ser de otra manera, pues nuestra Carta Magna establece claramente en su Preámbulo que al refundar la República, el pueblo venezolano se plantea la construcción de "una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para ésta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, el trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia, a la igualdad sin discriminación ni subordinación..."

"Educación Superior" es, de hecho, un concepto discriminatorio, excluyente, y por tanto inconstitucional, ya que genera ideología de superioridad intelectual, académica, social y cultural. Por experiencia sabemos que hay gente que se cree superior por el simple hecho de poseer un título universitario. Recuerdo cuando estudiaba tercer año de bachillerato en el "Alberto Carnevali" y nos llegó un profesor de historia recién graduado de la UCV, ¡el pobre era tan pedante!, nos decía: "No crean que yo soy un profesor cualquiera (al parecer los otros si lo eran), yo soy graduado en la Escuela de Historia y Antropología de la U-ni-ver-si-dad Cen-tral de Ve-ne-zue-la" y se esponjaba todo. La mayoría de los alumnos cuando llegan al último semestre de la carrera universitaria cambian totalmente su actitud, pareciera que sienten que van a dejar de ser bachilleres (categoría inferior) y el cerebro se les llena de aire, y se inflan tanto que no caben en sí mismos. Es algo ridículo pero es lo más común. Si no lo creen, pregunten a los obreros universitarios: son los que más rápidamente perciben el cambio de los bachilleres.

Así pues, presidente Chávez, señores diputados, señores ministros, construyamos la nueva educación popular universitaria, que es la que conviene a nuestro pueblo y mandemos al carajo a la Educación Superior con su carga de ideología discriminadora y su concepto de autonomía de "aquí nosotros hacemos lo que nos da la gana y nadie se meta".

Rebelión