Red Voltaire
Los cubanos extremistas de Miami

Montaner, terrorista

A la hora del almuerzo, el sábado 24 de diciembre de 1960, a unas horas de la celebración de Navidad, la popular tienda por departamentos Flogar, calle Galiano esquina a San Rafael, en La Habana, se encuentra llena de clientes. Juan René Maragosa, de 13 años de edad, sale de la cafetería con su hermana, Marta, y su mamá, Alicia, cuando, de repente, una fuerte explosión les proyecta al suelo.

| La Habana (Cuba)
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Juan José Maragosa, víctima de Carlos Alberto Montaner

A la hora del almuerzo, el sábado 24 de diciembre de 1960, a unas horas de la celebración de Navidad, la popular tienda por departamentos Flogar, calle Galiano esquina a San Rafael, en La Habana, se encuentra llena de clientes. Juan René Maragosa, de 13 años de edad, sale de la cafetería con su hermana, Marta, y su mamá, Alicia, cuando, de repente, una fuerte explosión les proyecta al suelo.

Cuando encuentran la fuerza de mirar alrededor de ellos, ven a una docena de otras personas heridas, yaciendo también en el piso, entre ellas la pequeña Olga, una niña de 5 años, y Marta Borroto, una muchacha de 14 años. La cara cubierta de sangre, Juan René, herido por un fragmento del potente artefacto explosivo, es rápidamente socorrido y transportado al hospital donde la eficiencia del personal médico le salvará la vida. Los investigadores de los órganos de seguridad —entonces llamados G-2 y vinculados a las FAR— intervienen con celeridad para recoger indicios que vendrán confirmar sus sospechas. Una vez más, la bomba colocada ha sido fabricada con dinamita gelatinosa, un producto introducido en el país por los servicios norteamericanos de inteligencia.

Estamos a apenas dos años del triunfo de la Revolución, a menos de cuatro meses de la invasión de Playa Giron, y los grupos contrarrevolucionarios, dirigidos desde Miami, se encontraban muy activos, con un total apoyo de la Agencia Central de Inteligencia tanto en términos de dinero que de material.

Pero la joven contrainteligencia cubana no dejaba de marcar puntos. El lunes 26 de diciembre, en horas de la madrugada, un amplió operativo del G-2 da un golpe mortal a esa red que venía colocando bombas en centros comerciales desde ya un cierto tiempo.

En unas horas, 17 terroristas están localizados y detenidos, la mayoría en sus domicilios, mientras se descubre a tres fabricas de bombas y se ocupa a una importante cantidad de armas, explosivos y material de fabricación de bombas. El día siguiente, día 27, el periódico Revolución anunciaba en grandes letras en su primera pagina: «OCUPAN FABRICAS DE BOMBAS» y reportaba el arresto de esos cubanos cuyos vinculados con la CIA será rápidamente documentada, y el descubrimiento, en casas de los sospechosos de 17 bombas "confeccionadas con dinamita gelatinosa" de fabricación norteamericana —un alto explosivo obtenido a partir de la nitroglicerina.

Varios bloques de C-3 —un explosivo destinado a producir voladuras y caracterizado por iniciarse tanto por el calor, una llama o una simple chispa— son también ocupados. En el cartón de los paquetes rectangulares aparece la advertencia: «Un bloque es equivalente a media libra de TNT».

ENTRE LOS SOSPECHOSOS, UN JOVEN FANÁTICO

El diario identifica, entre los sospechosos, a un joven extremista, Carlos Alberto Montaner Suris, «vecino de 88ª, número 309, esquina a Tercera A», en el entonces exclusivo barrio de Miramar de la capital. En el domicilio de Montaner, precisa el periódico, «se ocupó un maletín de lona, cuatro detonadores, un rollo de mecha, un pomo con tres barras de fósforo vivo, dos rollos de tape, cuatro cartuchos de municiones, dos pantalones verde olivo y dos camisas de miliciano». Aunque tiene solo 17 años, Montaner ha ya desarrollado lazos con la CIA por su vinculación con el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR).

Entre otros hallazgos de los oficiales de contrainteligencia aparecieron en el domicilio de Alfredo Carrión y Manuel Néstor Pinango Pérez, dos de los cabecillas de la red, «una metralleta Star y dos revolvers de calibre 38».

Finalmente, otro elemento que vincula la red directamente al crimen de la tienda Flogar, «en calle 46, número 3505 en Marianao, se ocupó una cantidad de cigarros a granel cuyas cajas (los terroristas) utilizaban como recipientes para los petardos que confeccionaban con dinamita gelatinosa».

Mientras sus cómplices están juzgados por un tribunal y condenados ante la enorme cantidad de pruebas, las autoridades judiciales, teniendo en cuenta su edad, confían a Montaner a una institución para menores, de seguridad mínima. Pocos meses más tarde, se escapa... para refugiarse en una embajada latinoamericana complaciente donde se le esperaba con instrucciones de facilitarle un salvoconducto.

El joven terrorista salió de Cuba con destino a Estados Unidos el 8 de septiembre de 1961.

CON POSADA Y BOSCH EN FORT BENNING

En su nueva patria, Montaner integra las Fuerzas Armadas y, a principios de 1963, está ubicado con un grupo operativo de la CIA en la academia norteamericana del terror de Fort Benning, Georgia. Ahí, comparte con los Luis Posada Carriles, Jorge Mas Canosa, Orlando Bosch y cuantos otros futuros ‘lideres’ de la Miami mafiosa. Despues de tres años en Puerto Rico, el entonces oficial de la CIA Montaner está asignado a la España de Francisco Franco donde realiza varias tareas por cuenta de la compañía, siempre en colaboración con la policía secreta española, sometida a las orientaciones de los servicios especiales estadounidenses.

Entre otras actividades vinculadas al terror, en julio de 1973, siguiendo orientaciones de la CIA, Montaner ayudó al terrorista Juan Felipe de la Cruz a entrar a España y atravesar secretamente la frontera con Francia para repetir en París el atentado que había realizado en Montreal el año anterior, provocando la muerte del diplomático cubano Sergio Pérez Castillo. El 3 de agosto 1973, de la Cruz moría en la explosion de su bomba en un suburbio de París.

Se sabe que Montaner siempre mantuvo lazos muy fluidos con sus socios de Fort Benning: Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, los fundadores del CORU, el grupo terrorista más activo de la Miami terrorista, y Jorge Mas Canosa, creador de la Fundación Nacional Cubanoamericana que aseguró un apoyo financiero y logístico indefectible a Posada y sus mercenarios.

Sin embargo, muchas preguntas siguen abiertas acerca del personaje que ha tratado confeccionarse una confortable imagen de «intelectual» madrileño. ¿Que hacía Montaner mientras el CORU repartía bombas y asesinaba desde Montreal hasta Buenos Aires, apoyando la operación Condor de la DINA de Pinochet? ¿Dónde se encontraba este agente cubanoamericano de la CIA por excelencia cuando Michael Townley, el sicario prestado por la Compañía a la dictadura chilena, se encontraba en Madrid conspirando con el fascista italiano Stefano delle Chiaie para asesinar en Roma al líder democrata cristiano chileno Bernardo Leighton y su esposa? Que secretos quedan escondidos en los archivos de la CESID española, la siniestra policía franquista —cuyos mejores operativos fueron formados en Fort Bragg, EE.UU— acerca de Carlos Alberto Montaner y su apoyo al terror anti-cubano?

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